20 semanas de vida

Cynthia Arvide
Sep 9, 2018 · 3 min read

La realidad de gestar un bebé se siente cada vez más real y menos abstracta. De hecho, estoy convencida de que ayer lo sentí moverse en mi vientre por primera vez. Como el rumor de un pececillo saltando a lo lejos o, más bien, muy cerca pero en una capa muy profunda en el interior del cuerpo. No podía dejar de sonreír cuando sucedió.

La alegría que he sentido en los últimos meses ha superado la tristeza y lágrimas que derramé en los años que transcurrieron durante la búsqueda e intentos fallidos de embarazo. Aunque no lo borra ni queda olvidado. Ahora estoy esperando un bebé pero en mí siempre vivirá el aprendizaje que dejó ese proceso.

Porque sé que a veces un resultado — que te puede cambiar la vida — se reduce a algo tan intangible, es un volado. Lo apuestas todo. Tantas veces pierdes. Y un día, tal vez… una chispa, una coincidencia, algo que nadie controla, hace que todo, por una vez, funcione. No se puede explicar. Solo puedes agradecer. Y empezar a creer que es verdad, que está realmente sucediendo.

A diferencia de otros intentos, la última FIV la viví bastante desapegada. Con una actitud más neutral, pensaba: ‘bueno, vamos de nuevo, para no arrepentirme después. Si funciona, qué bueno. Si no, yo estoy bien ahora, así que nada cambia, seguiré bien’. En realidad, después de mucho tiempo, ya había encontrado paz en la noción de que quizá no me tocaría vivir la maternidad (al menos no biológica). Más allá de eso, me había empezado a gustar esa alternativa de vida, de ser una mujer completa y feliz sin quizá nunca procrear. Pero sí crear.

Los meses previos y durante el tratamiento viví un momento intensamente creativo y de mucha satisfacción profesional y personal. Me sentía capaz y poderosa. Las inyecciones de hormonas y los procedimientos pasaron a último plano. Y cuando llegó el primer resultado de la prueba, positiva, no tuve un momento de euforia y de película como en algún momento lo había imaginado. Más bien, me embargó un sutil alivio pero muy precavido, a la espera del siguiente resultado, de la siguiente etapa de confirmación. Quizá inconscientemente no quería creerlo ni ilusionarme por si llegaba (como había sucedido antes) una mala noticia que en segundos esfumara todo.

Fue hasta el primer ultrasonido, cuatro semanas después de la transferencia del embrión, que escuchamos por primera vez el latido de su corazón. 120 latidos por minuto, fuertes y claros. Anunciándonos definitivamente que este nuevo ser quería estar, y ya estaba, en nuestras vidas. Ese fue el momento en que me inundó una emoción muy fuerte, de magia, de maravilla, de alegría pura. Me sentí extremadamente afortunada.

Las siguientes semanas por fin me di permiso. De disfrutar, de ilusionarme, de echarme de clavados a esta etapa de embarazo, de estar descubriendo diario y aceptando los cambios por los que va pasando mi cuerpo y mente. Después de varios sube-y-baja emocionales, ahora más bien encontré una estabilidad, me ha cubierto una manta de paz y serenidad que pocas veces había experimentado. Yo, que tiendo a ser aprehensiva y suelo angustiarme por cosas insignificantes, he vivido unos meses de gran calma, de sentirme segura, sin prisas ni altibajos, sin ansiedad. Mi cuerpo está haciendo el trabajo, mi mente está serena. Esta nueva vida ha generado sangre fresca, y me da fuerza.

Ahora me hace ilusión descubrir esta nueva persona que puedo ser. Tomar los cambios de vida que vienen y aprovecharlos. Conciliar a la mujer que he sido, y la que aspiro ser — independiente, creativa y activa — con la mujer que va a experimentar la maternidad, que va a aprender muchísimo, al cuidar de un pequeño ser humano que dependerá de ella (y de la tribu que pueda tener alrededor).

Para mí, el embarazo no ocupa el lugar de final feliz en un cuento de infertilidad. La verdad es que, lo digo con honestidad y con bastante orgullo, logré escribirme mi propio final feliz antes de que eso sucediera. Logré inventarme una versión alternativa donde podía ser feliz. Y en realidad, tampoco era un final… porque mientras estemos vivos, todo continúa, todo cambia, todo se sigue moviendo. Ahora esto que vivo sería más bien el inicio de una nueva sub-trama. Veremos a dónde nos lleva.

A las mujeres que siguen pasando por capítulos difíciles, les digo: fuerza, ánimo, todo lo que vives, tómalo y agradécelo, es lo que te llevará a conocer otra parte de ti. Algo nuevo está por venir.

Cynthia Arvide

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Periodista freelance, enamorada de un serbio-francés más chilango que yo