Alguien decidió que yo sea yo

Soy una de esas personas nacidas en la década del 80 que tiene segundo nombre. No es un nombre compuesto, no rima, no es raro ni estaba de moda; pero sí tiene sentido. ¿Para mí?¡No, de ninguna manera! ¿Para mi papá? Por supuesto que sí. El día que me anotó en el Registro Civil de Zárate tomó una decisión “divertida” que selló por siempre en mi documento. Y en mi vida.
Crecí con la convicción que quería estudiar comunicación tanto como que no quería tener dos nombres. Por eso, a los 13 años comencé mi primera producción periodística: averiguar cómo borrar definitivamente mi segundo nombre luego de escuchar a mi papá contar la anécdota de la elección. Entonces, un día a la salida de la escuela, con documento en mano ingresé al Registro Civil. Por supuesto, salí de allí con el mismo nombre que entré.
Por lo tanto, decidí evitar que el mundo se entere de mi identidad completa. Oculté tanto mi segundo nombre que al rellenar el formulario de ingreso al CBC para estudiar Comunicación Social jamás lo mencioné. Mi documento no coincidía con los datos ingresados así que no pude empezar y me perdí unas cuantas semanas de clases hasta acomodar el papelerío.
Años más tarde, ahogada de tanta teoría comencé a estudiar Producción de Televisión. No me perdí ni un día de clases, ya había aprendido a llenar formularios (con nombre completo). Esta carrera marcó mi futuro laboral ya que al terminarla conseguí mi primer trabajo de productora.
Orgullosa por mis logros, tuve que enfrentarme una vez más con mi verdadero yo. ¡Ya tenía e-mail laboral! Con segundo nombre incluido. Por eso, adopté una técnica infalible: una docena de facturas y pedirle al departamento de sistemas que oculte de la red mi nombre no deseado. Esta operación se repitió en Promofilm, Tranquilo y Mandarina, productoras donde trabajé entre el 2005 y el 2009. Hice programas de cocina, de investigación periodística, de viajes, realities, documentales, videoclips y entretenimientos.
En el 2009 conseguí trabajo en Canal 13. Llegaron nuevos desafíos y grandes oportunidades. El 13 de diciembre del 2010 me efectivizaron, el mismo día de mi onomástico Santa Lucía. En el 2013, finalmente entregué y aprobé mi tesis de la licenciatura.
Hoy tengo 13 años de experiencia en televisión, como aquellos 13 años con los que entré al registro civil. El 13 es mi número, soy muy supersticiosa. Y más aún, cuando escribiendo este relato visualicé que la suma de las letras de mis dos nombres da 13, así que estoy convencida que soy quien tenía que ser. Por eso, ahora cada vez que mi papá, deleitándose, repita: “Vos te ibas a llamar Lucía, como tu bisabuela, pero pensé que como tu mamá es Gabriela Lucía si te ponía Lucía Gabriela ibas a ser lo opuesto a ella, no iban a ser iguales”, pienso contestarle “lamento decirte papá, que soy muy parecida a mamá y que ahora me río como vos cada vez que mis amigos me dicen Gaby”.