¿”FATIGA DE LA EMPATÍA” O PURA INSENSIBILIDAD?

“Fatiga de la empatía”, un eufemismo “psico-patológico” más, por no llamarle por su verdadero nombre: Insensibilidad! Estamos en un mundo revuelto en que la sensibildad es un hándicap, es algo incómodo o un cruel síntoma de inadaptación a la realidad! Pero hay quienes, no solo nacen como todos sensibles, sino que, con el tiempo, profundizan su sensibilidad, convirtiéndola en un modo de vida! No es fácil, te has de hacer fuerte e impune a esa agresión permanente de personas, circunstancias de alrededor y noticias del mundo que, cada día más, nos dicen cómo debemos ser y sentir o bien procuran hacernos insensibles o sensibles, según convenga! Y hacerse fuerte es precisamente no perder esa sensibilidad que nos arraiga a la verdad, al mundo y a la vida!

Nos han hecho creer que la insensibilidad es fortaleza, adaptación y madurez, lo que ha provocado que nuestro corazón deje de palpitar por todo aquello que realmente importa en nuestra vida! Y te lo dice alguien que es fuerte como pocos, porque es sensible como el que más! He aprendido a llorar, a sufrir y/o a entristecerme, sin sentirme débil, mal o avergonzado! Ese es un gran logro para un hombre educado para lo contrario, por un mundo exclusivamente masculino y viril, aparte de machista! Lo único que ha cambiado es que me entristezo o lloro por lo que quiero y cuando quiero, no cuando me siento obligado o lo provocan los demás! Te parecerá una “sensiblería”, pero cuando tengo el corazón bien abierto, soy capaz de llorar ante la noticia de un incendio forestal, una imagen de niños inmigrantes en una patera o simplemente cuando siento el dolor ajeno en alguien que quiero! Y ahora también lloro por la felicidad, el amor y la plenitud, por qué negarlo!

Antes no lloraba, aprendí (o, mejor, re-amprendí) a hacerlo a mis 20 años, concretamente durante un desfile en mi servicio militar, pues me hizo sentir humillado y herido! Pero eso eran lágrimas de un ego herido, no salían del corazón! Con el tiempo, aprendí a llorar por las penalidades de mi vida! Eso no eran más que lágrimas de autocompasión, que solo sirven para diluir la autoestima y dificultar nuestro personal camino hacia la felicidad. Pero llegó el momento en que abrí mi corazón y aprendí a llorar por todo aquello que me dolía o me entusiasmaba, en mí o en los demás o en la Naturaleza, la gran maestra de la vida! Pero jamás volví a negar esa emoción que nacía en mi corazón, ni a sentirme avergonzado por ello! Ya sentí demasiadas veces en mi “anterior vida” la dolorosa impotencia de no saber y/o poder llorar! Una emoción tan humana como el amor como es la tristeza debe manifestarse, aunque sea en privado!

¿Hay algo más bello que poder compartir el amor y la tristeza con quien amas, sin tener miedo y sin avergonzarte por ello? Al fin y al cabo, es un rasgo más de mi creciente humanidad y de mi cada día mayor capacidad de vivir la vida plenamente, compartiéndola con y por amor, con toda su riqueza y matices… ;)

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https://www.lavanguardia.com/vida/20180811/451280895482/problema-social-insensibilidad-solidaridad-fatiga-de-la-empatia.html