Alianzas para la construcción de Paz

Según el Índice de Paz Global (GPI) que realiza el Instituto para la Economía y la Paz (IEP), el 2015 dejó un mundo menos pacífico por los altos niveles de seguridad social, el alcance de los conflictos domésticos e internacionales, y el grado de militarización.

El estudio que además señala que mientras 81 países mejoraron sus niveles de paz -79 empeoraron con relación al año anterior, también evidencia que la cifra de personas muertas en conflictos en todo el planeta ascendió más de 3,5 veces, de 49.000 en 2010 a 180.000 en 2014.

Colombia ubicada en el puesto 147 del ranking en su versión 2016, se encuentra entre los países peor valorados por éste índice, bajando del puesto 146 en 2015, con todo, y un proceso de dejación de armas y reconciliación social en marcha.

Ante las cotidianas expresiones de violencia que suman a esta situación, genera una esperanza el compromiso de individuos que desde sus limitadas condiciones promueven una actitud de respeto por las diferencias y la cooperación desde las mismas. Sin embargo, cuando la tarea se abandera desde organizaciones y organismos de amplia cobertura, el sentimiento no puede ser más confortante porque su alcance admite mayores aliados, con más y mejores recursos para contribuir al cambio social.

El Instituto de Paz de los Estados Unidos (United States Institute of Peace)-USIP es una entidad no partidista establecida y financiada desde 1984 por congreso de los Estados Unidos, con sede principal en Washington, para promover la seguridad nacional y la estabilidad mundial mediante la reducción de los conflictos violentos en el extranjero. El asesoramiento a los gobiernos y conversaciones de paz a bloques militares y religiosos en localidades como Afghanistan, Sudan, e Iraq, se trabaja con la Academia Internacional para el Manejo de los Conflictos y la Construcción de Paz, desde donde fortalecen principalmente las habilidades de sus becarios y plataformas aliadas.

Generation Change Fellows Program es una de las principales estrategias del instituto para la promoción de la mediación y el fortalecimiento de iniciativas sociales de gran impacto. Desde este programa se cataliza a jóvenes comprometidos en asuntos cívicos para proveerles herramientas de intervención social a través de talleres experienciales y mentorías profesionales. Colombia con al menos 50 años de desestabilización social - política y económica, 220.000 muertes, y siete millones de desplazamiento (solo por conflicto armado), se convierte en el primer país de América Latina en ser priorizado en la agenda de la USIP con la conformación de la primera cohorte de becarios del programa en mención; que de un proceso evaluativo de 1200 aplicaciones, tuve la fortuna de ser considerado y elegido.

Durante cinco días, veintiún colombianos de las localidades más semejantes y dispares del territorio, fuimos congregados y capacitados en los temas más ineludibles a la construcción de paz, no sólo por las propias directivas del programa, sino por facilitadores de Nigeria y Marruecos.

La apropiación metodológica y simbólica de Generation Change, radicó en factores como un consiente reconocimiento identitario, así como un asiduo proceso de empoderamiento cultural. Donde todos, ahora ya en papel de ciudadanos globales, palpamos la posibilidad de trascender fronteras inspirando a otros través de nuestras historias de vida. Cinco jornadas intensivas, pero satisfactorias, considerando que a mayor educación, mayores posibilidades de retribución social.

Jornadas formativas

Gracias a la experiencia resalto que los conflictos son producto de las diferencias -que adquieras desde el nacimiento o pactadas socialmente- son naturales e inclusive inherentes a la condición humana. Por tanto, lo nocivo no es la existencia de los mismos conflictos, sino las actitudes poco asertivas para abordarlos. Fortalecer nuestra habilidad de mediar, nos compromete entonces a cultivar la escucha para generar acuerdos sostenibles de provecho; pues sólo allí, en el diario vivir y en la interacción con nuestros conciudadanos, estamos favoreciendo la construcción de una verdadera paz.

Compartir (dentro y fuera de las jornadas) las iniciativas sociales desde nuestros contextos personales, nos llevó a esbozar ideas para fortificar sus resultados y dimensionar los aportes realizados desde otras agendas. Asentimos que desde las motivaciones y capacidades del otro, se están gestando transformaciones que concatenadas a las propias, exponen un avance hacia el logro de sociedades más participativas, pensantes y pacíficas. Comprendimos que a miras de subsanar un tejido social, es tan necesario el programa de emprendimiento para jóvenes de Antioquia, como para reclusos en Cundinamarca; los espacios para la formación artística en adolescentes de Bolívar, como de Jóvenes del Chocó; las mesas para el empoderamiento de la mujer en El Meta, como de poblaciones campesinas en Casanare; los talleres en habilidades para la vida en los colegios de Santander, como rutas para la reintegración social de ex combatientes armados en Quindío, etc.

Foto: Cortesía

Con todo lo anterior, y siendo critico de las premisas inapelables, puedo estar seguro que la paz no puede ser medida exclusivamente por el número de minas antipersonas desactivadas, fusiles incautados e individuos penalizados; sino también por la existencia de espacios para reflexionar los conflictos, dialogar soluciones y concretar vías de movilización. En ese orden de ideas, el camino es largo, pero de la mano de una familia como el Instituto de Paz de los Estados Unidos uno muy alentador.

Becarios USIP Colombia

La deuda social de cada uno de los miembros de esa familia nos ha llevado a ser más perseverantes e ir a puertas que no han sido tocadas; pues quizá tras de ellas, estén personas esperando pacientemente nuestra voz, para también integrarse a una generación de cambio.

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