Antes del punto final

I

Nos reconocemos siendo distintos,

sorprendidos en otros perfiles de los que fuimos,

cambiando todo, para que nadie cambie.

Empezamos a entender lo indescifrable,

comprender aquello que el miedo encriptó,

lo que el susto enmudeció.

Presos estamos en un soplo de helada, o de hada,

ese frío conciliatorio en el que se perpetúa el amor,

escarcha paralela a la tibieza de intenciones desbordadas.

Mientras, se talla e inmola el orgullo,

confundiéndolo con algún sentimiento vano,

o sublime o maravilloso, qué importa cuál.

Algo de ambos, roído hasta descomponerlo en partes;

en el sincretismo idílico, en el fatalismo vulgar,

en el tiempo parvo, en los ciclos inevitables.

Mucho de nadie, descrito hasta matarlo,

Descrito verborrágicamente en tu cariño omniausente,

en mi cariño impertinente.

Punto y aparte.

No nos reconocemos en la ficción indiferente,

en la friccón de la suma de las partes,

en el brote aparente de incorruptibilidad impuesta,

en el preludio de lo eterno, del siempre que es para siempre.

Somos las partes, no la suma, somos la división, los restos miles.

Otro capítulo.

Entretejo palabras, las muerdo, las ubico,

cocino algo para recitarte un verso distinto, una excusa desconocida.

Ejecutar la disculpa no oída, indulto no profeso,

para acariciar lo indiferente hasta suavizarlo en quizás, quizás mañana.

De esta manera, al menos queda la paciencia, la espera.

II

Punto final.

Entre lo ilógico, lo predestinado,lo procrastinado,

lo masticado, lo aún no digerido, lo sorpresivo, lo divino,

lo humano, lo mundano… encriptamos el dolor.

Contenemos el aire sostenido en el tiempo,

retrocedemos un par de años para no recordar lo que no pasará.

Estancada en el papel, creí que aún había algo que leer…

porque aún quedaban páginas y nudos por deshacer.

Pero me deshago a mí misma y a la historia deshecha.

Entre las cartas, papeles, canciones regaladas,

devolví una parte de mí, lo que quiero recuperar.

Lo que ya está muerto. Más que muerto, podrido.

Si el hedor del olvido no fuera tan fuerte, podría olvidar,

pero queda en el aire la terrible sensación,

la asfixiante impresión, de que hay algo que no había,

aunque ese algo no sea más que nada o vacío.

Sin embargo, algo pica, algo grita, algo indica,

mientras apagamos los ojos y cerramos oídos,

que ese vacío siempre estuvo entre los dos.

(De algún tiempo, del 2014)

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