Refugio

Me dijiste «te amo», 
después de haber roto mi corazón 
en más de mil millones
de pedazos.

Y yo corrí, antes de que levantaras
el puente frágil que tendiste,
ese instante, 
entre tu voz y mi fe.

Corrí y me refugié un ratito ahí,
en el eco de cada sonido
que articulaste.

Pero no te creí.