El relato: por qué PSOE y Podemos no pueden pactar

“Nuestros votantes no entenderían que Pablo y yo no llegáramos a un acuerdo”, afirmaba Pedro Sánchez el pasado mes de enero. Los resultados de las elecciones del pasado 20 de diciembre dejaban un escenario complejo y abierto en relación a los pactos. Las posibilidades eran las siguientes:

  1. Un pacto de izquierdas entre PSOE (90), Podemos (69)e Izquierda Unida (2). Esta posibilidad sumaba 161 escaños, que podría superar a la suma del Partido Popular y de Ciudadanos (163 escaños) si hubiera contado con el apoyo a favor de diputados de formaciones como Coalición Canaria (1) o Partido Nacionalista Vasco (6). Un escenario sencillo teniendo en cuenta las elecciones autonómicas en Euskadi, en las que previsiblemente el PNV necesitará al PSE, y la alianza entre PSOE y CC en Canarias. La primera opción también podría haber sido posible con la abstención de Ciudadanos que, no obstante, vetó en enero cualquier posibilidad de facilitar un gobierno en el que estuviera incluido Podemos.
  2. Gobierno en minoría de Mariano Rajoy. La posibilidad del Partido Popular se esfumó con el rechazo de su líder de presentarse. Esta segunda opción hubiera sido viable con la abstención del PSOE. Sin embargo, la formación ya manifestó su “no” a Rajoy desde el 20-D, a pesar de las presiones internas de Susana Díaz. De cara a los electores, favorecer un gobierno de Rajoy hubiera roto el relato electoral de Sánchez, que se había presentado como “la única alternativa de cambio al PP”.
  3. Sánchez investido en minoría con el apoyo explícito y/o la abstención de Ciudadanos y Podemos. Contar con solo 90 diputados hubiera provocado una corta legislatura, una opción imposible por los vetos entre los partidos liderados por Pablo Iglesias y Albert Rivera. La posibilidad de investir a Sánchez como presidente fue planteada ya públicamente a principios de enero por Luis Arroyo en esta columna en Infolibre. El asesor de comunicación del PSOE lo señalaba así: “Dejarte apoyar por Pablo Iglesias para la investidura no significa necesariamente que le des la Vicepresidencia del Gobierno”. Curioso, ¿verdad?

Volvamos a la realidad. El pasado 22 de enero de 2016, Pablo Iglesias rompía la baraja. Podemos volvía a marcar los tiempos: exigía la vicepresidencia y entrar en el gobierno de Sánchez. Apostaban por la opción 1 -un gobierno de izquierdas- sabiendo que las luchas internas dentro del partido socialista harían inviable esa opción. Iglesias reclamaba ser el número dos y que la formación morada ocupara diversas carteras ministeriales. Alberto Garzón se manifestó a favor “del cambio”, aunque el líder de Izquierda Unida aclaró que “programa por delante, siempre”.

La jugada de Iglesias pilló desprevenido al PSOE. Pero Pedro Sánchez, que en el momento de la rueda de prensa se encontraba reunido con el rey, se mostró a favor de un gobierno progresista y reformista. Durante el último mes, los socialistas y Podemos se han intercambiado documentos cruzados con propuestas sin sentarse a negociar hasta el pasado 22 de febrero, cuando Garzón solicitó una reunión a cuatro bandas, con el PSOE, IU, Podemos y Compromís. La formación de Sánchez había seguido reuniéndose con otros partidos ante la negativa de Iglesias de negociar. Ayer mismo Ciudadanos y los socialistas anunciaron un principio de acuerdo, ratificado hoy por Sánchez y Rivera.

El documento, si bien contiene aspectos interesantes y positivos en temas como investigación, el plan de emergencia social, autónomos o cambio climático, resulta muy difícil de digerir para las formaciones de izquierdas. No derogar la reforma laboral, incluyendo el abaratamiento del despido improcedente, ni la ley mordaza, la congelación de la subida de impuestos (conviene aclarar que van a “estudiar”, no a establecer, un impuesto a las grandes fortunas y que no se subiría el IRPF) dificultan mucho que partidos como IU se unan al acuerdo. La prohibición expresa de un referéndum también elimina la posibilidad de que lo hagan Podemos o Compromís.

¿Ha jugado el PSOE a dos bandas? ¿Es el acuerdo con Ciudadanos “papel mojado”? ¿Ha evitado Pablo Iglesias sentarse a negociar con Sánchez? La respuesta a todas estas preguntas es “sí”. Y la razón es que PSOE y Podemos no pueden pactar. El motivo no es otro que las elecciones del próximo mes de junio. Los dos partidos juegan por el mismo espacio electoral. Los socialistas han vendido el documento como un consenso de “centro izquierda”. Sánchez llegó a retar esta mañana a que le dijeran dónde estaban las medidas que no eran de izquierdas. Esta misma tarde, Errejón ha señalado en rueda de prensa que “rompían las negociaciones”. O con nosotros o con nadie, parecía decir. Y es que sin la abstención o el voto favorable de Podemos, la investidura de Pedro Sánchez es imposible. Los números no dan. Garzón también señaló que el acuerdo era “muy regresivo” y “contrario a las clases populares”. Las posibilidades 1 y 3 de gobierno, por tanto, se desvanacen.

Con este pacto, sin embargo, PSOE y Ciudadanos se reafirman como dos partidos “negociadores”, que han “cedido” para alcanzar un documento de consenso. Aunque sea papel mojado. El teatro es sencillo: ante las elecciones de junio, los socialistas tratan de “arrinconar” a Podemos en el mismo lado que el Partido Popular. Hernando, portavoz del PSOE, ha llamado hoy en rueda de prensa “mentirosos” a la formación morada y ha dicho que preferían mantener a Rajoy. El relato socialista es el siguiente: “somos la alternativa de cambio del PP y quien va a impedir ese gobierno es Podemos”.

El relato de Podemos, a su vez, también se mantiene. En las últimas semanas, Iglesias y compañía han sacado a relucir el fantasma de la Gran Coalición™ (es decir, PP, Ciudadanos y PSOE). Esa es, a día de hoy, la única posibilidad de que Sánchez sea investido presidente. Si lo logra, Iglesias venderá que el PSOE “se ha aliado con el IBEX 35” y “con la casta” para alcanzar el poder. En caso de no conseguirlo, Podemos afirmará que el PSOE “prefiere” a Ciudadanos (centro-derecha) que un gobierno de izquierdas (posinilidad 1). Ambos partidos necesitan que su electorado (situado en el mismo espacio) crea su relato. Aunque puede haber detalles que, de cara a la convocatoria electoral, habría que tener en cuenta.

El primero es la negativa de Podemos de sentarse a negociar. Garzón fue muy hábil al proponer una reunión a cuatro bandas para “desbloquear” la situación. Así también puede plantear que “no se fían de Podemos ni del PSOE” y que, sin embargo, fueron capaces de trabajar y sentar a la misma mesa a los cuatro partidos para conseguir una alianza de izquierdas (opción 1). ¿Será posible que los votantes de Podemos se vayan a IU -o se queden en casa- después del bloqueo propiciado por Iglesias en las últimas semanas?

El segundo detalle afecta a Ciudadanos. Rivera ha jugado muy bien sus cartas. Con solo 40 escaños han conseguido mostrarse como un partido “dispuesto a negociar” y “ceder”. Un relato muy interesante teniendo en cuenta los múltiples casos de corrupción que afectan al PP. Y es que no lo olvidemos, hace unas semanas parecía que unas nuevas elecciones harían que el Partido Popular se beneficiara del “voto naranja”. Ahora parece más claro que podría respaldar a Ciudadanos e incluso al PSOE. “Lo hemos intentado pero no nos han dejado”, podríamos decir. En política, tan importantes son las alianzas como el mensaje que transmites a la ciudadanía. Y más si compites por el mismo electorado, como les sucede a PSOE y Podemos.

¿Qué ocurrirá ahora? Parece difícil que la gran coalición suceda, al menos mientras Rajoy siga siendo el líder del Partido Popular. La investidura comenzará el próximo 1 de marzo, fecha en la que comenzará a contar el reloj de los dos meses previstos en la Constitución. Según el artículo 99, si Sánchez no alcanzara la mayoría simple necesaria -imposible al no superar los votos de PP y Podemos, que suman 213 escaños-, se tramitarán “sucesivas propuestas”. Nuestra Carta Magna dice exactamente esto:

Si el Congreso de los Diputados, por el voto de la mayoría absoluta de sus miembros, otorgare su confianza a dicho candidato, el Rey le nombrará Presidente. De no alcanzarse dicha mayoría, se someterá la misma propuesta a nueva votación cuarenta y ocho horas después de la anterior, y la confianza se entenderá otorgada si obtuviere la mayoría simple. Si efectuadas las citadas votaciones no se otorgase la confianza para la investidura, se tramitarán sucesivas propuestas en la forma prevista en los apartados anteriores. Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso.

La incertidumbre marca el escenario político. Si Sánchez no es investido presidente, podrían darse otras alternativas como candidatos a la investidura. Rajoy ya ha manifestado que podría considerar el ofrecimiento. En el caso de que la situación de bloqueo continuara, y una vez transcurridos dos meses, el rey disolvería las Cortes y convocaría elecciones. La fecha: el próximo 26 de junio. Llegados a ese punto veremos cómo juega cada partido sus bazas y cómo vende sus mensajes. Esto es solo un punto aparte en el juego electoral. Hagan sus apuestas.