Los orgasmos son para todos

Tuve que darme un baño para evitar el fracaso. Si soy honesto, aún presiento que tarde o temprano moriré en el intento, pero hacerlo al tercer día era una cobardía. Muy de obesos recién inscritos al gimnasio. Si voy a fracasar, he de sudar. De sentir que algún músculo se ha trabajado. De pensar por un momento que soy ese escritor que en mi perfil de Twitter y hasta en el de Tinder digo que soy. Porque por ahora son sólo palabras. Escritas, como las que pretendo trazar a diario, pero sueltas y mentirosas, como las de ese embustero que seguiré siendo si vivo pensando que tengo potencial de gran escritor sin siquiera probarlo.

Sospecho que mi bloqueo creativo está vinculado al futbol. La idea me vino en la regadera. Decidí escribir una vez al día para matar la ansiedad. Pero resulta que después de jugar esa ansiedad no existe. Ya grité lo que tenía que gritar, ya pateé a los rivales que tenía que patear, ya celebré lo que tenía que celebrar, sobre todo hoy que marqué goles con disparos cruzados al segundo poste. De zurda, donde soy tan letal como Luis García, dicho sin excesivo egocentrismo; y de derecha, donde casi siempre abanico, dicho sin falsa humildad. Mi cuerpo está contento. Con la sensación de la misión cumplida. Pero mi cerebro me dice, o yo a él, a estas alturas no sé cómo funciona el proceso, que las promesas que me hago deberían ser las más firmes. Que al menos debo comprometerme conmigo.

Escribo por tercer día con dos nombres en la cabeza. A uno siempre lo había puesto en entredicho. Digamos que aunque celebré sus goles como el gran delantero que fue, incluyendo su paso por el América, nunca he sido de atribuirles a los futbolistas valores intelectuales más allá de la cancha. Por eso de Ivan Zamorano me quedaba con sus jugadas y sus memorias, pero nunca con sus pensamientos. Y así me había mantenido hasta que me he descubierto pensando que el Bam-Bam tenía razón. Que anotar un gol es como un orgasmo. Y que el futbol en sí mismo lo es. Porque cuando tienes una buena noche, como la mía en una cancha cualquiera de futbol 5, acabas relajado, sonriendo, con ganas de ir a dormir por el trabajo bien hecho. Como un premio justo por tu desempeño. Piensas que ya hiciste lo que debías, por eso te cuesta repetir. Pero hay veces que logras el doblete. Con pausas y respiros, con dudas y sin la explosión del primero, pero orgasmo al fin. Zamorano sabe lo que dice.

Al segundo no lo conozco más que por su trabajo. Algo sé de él, pero en realidad adopté uno de sus postulados antes de aficionarme a lo que hacía. Chuck Close dice que la inspiración es para amateurs. Que la diferencia entre el profesional y el aficionado es que uno sabe que las ideas llegarán a partir del trabajo mientras que el otro espera que una gran idea llegue por casualidad. Close le dio un golpe bajo a mi ego. Nunca he querido ser un filósofo de Coyoacán, de esos que pasan la vida fumando en lo que el mundo les regala una idea. Y como quiero ser profesional, me puse a trabajar. La hoja empezó en blanco. Ahora tiene escritos cuatro párrafos. Y no sólo eso, se me ha ocurrido que la escritura, y el arte en sí, también tienen mucho de orgasmo. Que esta noche dobletearía. Primero con el orgasmo futbolero, y después con el escrito.

Un orgasmo se construye de menos a más. Como el beso tímido que se hace frenético hasta llevar al coito, o como la jugada que inicia en defensa y termina con la pelota en la portería contraria. A la escritura le pasa eso. Empieza con una hoja en blanco, de la nada, y se va llenando de ideas. Hay besos, aunque recatados, que descubres al instante que contienen dinamita. Hay jugadas, aunque rutinarias, que presientes que van a transformarse en game changers. Hay líneas, aunque iniciales, que despiertan el interés de leer más. O de querer más, que es lo que termina llevando al orgasmo de Zamorano y a la genialidad creativa de Close.

El orgasmo es un egoísta solidario. Guarda la contradicción de ser muy personal para el que anota, para el que escribe, para el que pinta y para el que coge, pero en todos los casos puede acabar generando orgasmos a terceros. Del jugador que celebra a los aficionados que lo hacen suyo; del escritor que disfruta a los lectores que se emocionan, de la pareja que concreta a la industria millonaria de la pornografía. Hay orgasmos para todos.

Si una vez cansa, dos veces matan. Cumplí con la misión de escribir por tercer día consecutivo. Lo hice a pesar del futbol. Cuatro goles, un texto, dos orgasmos y en una de esas alguno para ustedes como lectores. Más días como hoy, más días con múltiples orgasmos. Sobre todo de futbol y escritura.

Nota del autor

Ésta que acabas de leer no es la actualización de un diario. A veces habrá ficción, en otras realidad. Algunas otras, conocimiento. En tres días he hablado de mi proyecto para matar la ansiedad, de la Death Note que amo, de la que odio, y ahora hasta de los orgasmos. No sé qué habrá mañana. Lo único seguro es que habrá letras.

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