Se buscan personas únicas e irrepetibles

Extraño que alguien me diga que soy único e irrepetible. Lo escuché muy seguido durante la primaria, algo menos durante la secundaria, casi nunca en la prepa y jamás en la Universidad, aunque ya en anteriores ocasiones he dejado asentado que la UDLA de la Ciudad de México no es precisamente la mejor en cuanto al trato a sus alumnos. Cuando lo veo en retrospectiva, esa frase es el primer contenido de superación personal al que fui expuesto. La filosofía de Carlos Cuauhtémoc Sánchez me persiguió desde niño y apenas me doy cuenta. Quizás ayudó a forjar mi autoestima, pero eso de la unicidad es el equivalente a la estadística que dice que Juan Carlos Osorio es lo mejor que le pudo pasar a la Selección Mexicana, un dato verídico que sirve para un carajo porque somos más fieles a no juzgar lo que vemos que a confiar en la exactitud de la ciencia. Percepciones son realidades.

Digo que necesito escuchar que soy único e irrepetible porque la sobrepoblación está golpeando la confianza en mí mismo. Seguro hay mucha gente con mis características físicas. Y apuesto porque también hay muchos que son casi idénticos a ti. Un lunar en determinada coordenada, un mechón blanco, una arruga, una cicatriz. Sí, detalles que nos diferencian ante el espejo, pero que no son más que sutilezas imperceptibles para el distraído ojo humano, que se pasa la vida mucho más sumergido en el escaneo que en la observación. Si a las personas se les dificulta consumir toda la información empaquetada en una imagen, la misión de capturar los detalles de un rostro implica alcanzar niveles de concentración que están bloqueados en la época de los excesos. Son las consecuencias del más que es menos aplicados a la vida real.

Los filtros no ayudan. Tanto si se utilizan como arma embellecedora como si se aplican con intenciones puramente creativas, su uso deriva en una alteración de la realidad. Nadie es lo que parece, sobre todo porque cada vez hay más imágenes de personas iguales entre sí. Los ángulos engañosos, el juego de contraste, la foto en blanco y negro. Demasiado edulcorante para elementos que hasta hace no mucho tiempo representaban la oportunidad más próxima de viajar en el tiempo para recordar. Pero ahora, además de etiquetar a las personas, habría que etiquetar a los filtros. Mauricio Cabrera con Clarendon en su casa. Daniel Villalobos con Juno en Pozoleria Tixtla. Ileana Velasco con Nashville en el Centro Histórico. Y habría que aclararlo porque ni Mauricio, ni Daniel, ni Ileana se verían igual sin ese filtro aunque estuvieran en el mismo lugar. Son una mentira posteada por ellos mismos.

Los psicólogos afirman que un paciente debe aprender a no depositar su confianza en lo que otros puedan pensar de él. Pero es imposible, sobre todo porque hoy se libra una competencia por sobresalir. Y ya no sólo se compite contra la gente de una ciudad, o de un pueblo en específico, sino con cualquier persona de cualquier parte del mundo. Los comparativos son tan constantes como el encasillamiento. Aunque la genética acredita que somos únicos e irrepetibles, los estereotipos sociales promueven la observación superficial y la adjudicación de deberes y oportunidades a partir de la combinación de características. El hipster mamador, el gordo godín, la tonta fresa, el moreno naco. Un exceso de generalidad contra la escasez de los específicos.

Siempre he tenido claro que quiero dejar un legado. Aún me falta descubrir qué significa ese legado. Mientras tanto, reconozco que me gustaría que volvieran a decirme que soy único e irrepetible. Ante el exceso de alternativas parecidas a nosotros, tanto en términos físicos como intelectuales, hasta la filosofía de Carlos Cuauhtémoc Sánchez resulta útil. O la de Paulo Coelho para ser algo más contemporáneo. Los excesos lastiman. Complican el hallazgo de diferenciadores. En una época en que a todos les gusta ponerse orejas y nariz de perro, una corona de flores con un filtro que limpia las impurezas o lentes con superpoderes, se buscan humanos que sean únicos e irrepetibles. Sí para la ciencia, pero sobre todo para sí mismos.

Nota del autor

Ya debe haberles quedado claro que no sé si soy único e irrepetible, pero espero que este texto lo sea. Y si no, que Medium me lo demande, aunque le respondería con reclamos por sentir que nuestra relación no va para ningún lado. A Ev Williams lo conozco de civil, pero no con el traje de superhéroe que dijo que se pondría para rescatar a los generadores de contenido.

Contador: 43 de 43. El que sí que es único e irrepetible es el América. Lo confirman sus hijos de siempre: América, Pumas y Cruz Azul.

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