Con hambre y sin saber leer una polilla devora un libro, un libro arrinconado y muy viejo. Ese es tu destino, viejo libro, ser masticado desde tus entrañas, perdiendo masa mientras esa polilla revienta de gorda; y tú te desbaratas como si fueses un leproso, viejo libro, en los anaqueles de una antigua y rimbombante biblioteca, rodeado de otros libros: libros nuevos e inmortales, que encierran alguna idea aparentemente importante; pero tú, viejo libro, que encierras la más grande historia, argucia de un escribidor que no supo cómo brillar, te mueres agujereada, mientras una analfabeta polilla te recorre y te muerde y hace de ti materia para su laberinto. Y te me mueres, viejo libro, libro anónimo, y contigo se muere no una historia o una idea: se muere, oh Dios mío, la humanidad entera.

Ramiro Collazos