Uno, dos, tres, probando

Querido diario:

No sé por donde empezar. Hace tiempo que pienso y re pienso en dejar huella en estas páginas. Tal vez sea la necesidad de repensar y repensarme, tal vez sean las ganas de hacer algo que me gusta y mucho: escribir. También la necesidad de un hobby o no sé.

Estimado diario, no me tomes demasiado seriamente. Te tuve en mi adolescencia y cercana a la mitad de la vida, y en la mejor edad, a pesar de todo, será un espacio lúdico donde crear.

Se escaparán entre las letras esos momentos donde la sonrisa se dibuja sin miedos, donde el alma se llena de alegría. Quién pudiera retratar esos momentos tan maravillosos y tan sencillos pero a la vez tan personales y privados. Serán las letras las “buchonas”.

Querido diario: finalmente, te pido que me protejas de la locura diaria y que este sea un espacio donde compartir belleza y magia. Porque las palabras me siguen siendo ajenas, desconocidas y se escapan por mis manos.