Una confesión más

Comenzaba a creer que sabía lo que quería decir, cuando lo quería decir , por qué lo quería decir… mas no cómo hacerlo
 Estaba empezando a sentirme segura sobre mis opiniones, mis pensamientos, todos ellos dentro de mí. No sé de donde vino el momento donde decidí silenciarlas de mí misma, por temor a que si mi cuerpo le hablaba a mi mente, o si mi corazón le hablaba a mi mente los demás pudieran escuchar y me daría a conocer. Creo que ese fue el temor principal… que me conocieran, a mí. Y yo también tengo miedo de eso mismo, de conocerme, de saber que tal vez no soy lo que yo quisiera, lo que yo espero, lo que los demás piensan de mi, si es que es algo bueno, tengo miedo de ser menos de lo creo. Recuerdo que una vez leí en algún libro que al ser humano no le asustaba fracasar en algo, sino triunfar. No sé que comentar al respecto ya que no me he puesto a reflexionarlo, pero es interesante ahora que lo pienso. Hay pensamientos que pasan tan rápido en mi mente que ni siquiera sé si en realidad lo pensé yo o vino a mi mente, como un recuerdo al oler un olor familiar, o al probar un platillo que te lleva al tiempo y espacio de algo. Pareciera que hay dos yo. Y no sé si estoy lista para escribir esto, ya que es algo tan íntimo y personal que no puedo permitirme sacarlo de mi mente, escribirlo y leerlo, porque me da miedo lo que yo me esté diciendo a mí misma, pareciera que soy mi fortaleza más grande y a la vez mi debilidad más grande, nadie mas que yo. Pero la realidad es que la gente dice cosas, pasan cosas, se presentan niños, se presentan momentos horribles, que no sé si exactamente te convierten en alguien más fuerte o en alguien con menos corazón, o al menos es lo que se piensa, es así como yo lo veo, nadie me puede decir que me equivoco ni tiene razón al decirlo. La gente lastima y después de eso siguen con sus vidas, felices o no, no les importas, no lo suficiente. Lo sé, porque es lo que fui. No sé si mas veces que las personas que causaron eso en mí, pero la vida no hace justicia por mediante los números, ni siquiera sé en que se base para hacerlo, tal vez nosotros mismos nos lo hacemos. Pero te golpean y golpean y golpean. Y la verdad es que el humano es invencible. Piénselo. No se le puede destruir con nada, al menos que le atraviesen el cuerpo claro. Pero sufre, lo lastiman y decide tomar cierta actitud ante las cosas, no se puede definir como débil o fuerte, es lo que es, una forma de pensar ante cierta circunstancia. Puede que ese ser sea tan impaciente como yo que no aguante más y tome medidas contra el mismo, para el mismo. E ahí, la primera verdad a la luz. Diablos. Puede que sea tan falso y se engañe a si mismo, que diga que no le dolió ese golpe, pueda sentir en su garganta la saliva acumulada a punto de estallar. Golpe dos. Puede que se crea culto, que sabe, que es bueno, pero al ponerse de perfil hace lo contrario a su maldito pensamiento. Su propio pensamiento. Claro. Que este huyendo de su naturaleza al mostrarse seco, invencible y soberbio porque sabe que es una persona emotiva y que eso es lo que lo ha llevado a la imagen que tiene ante los demás de débil y que se tiene poca estima hacia el, que ha sido una parte clave en las cosas que no ha logrado… ¿será? 
 Sabe que ese no es su verdadero yo, le dijeron que el podría ser lo que él quisiera, y lo forzó. Y ahora piensa que lo es, pero no ve que nadie lo note, ¿no se habrá esforzado lo suficiente?
 Es mejor permanecer callado y ocultar lo que no es deseado para el mismo y los demás.

Via vsco.com/pollut