Mentiras disfrazadas de verdades

Dolor. Dolor es lo que siento cuando pienso en ti. Dolor y melancolía cuando recuerdo aquellos días, cuando me mirabas como si fuera un color que nunca antes habías visto. Tu contemplación tan discreta, tan elegante, con esos ojos esmeraldas.

Me perforaba.

Esos días de adoración, cuando me sostenías de la mano y besabas mi frente con cierta delicadeza. Era cuando sabía que yo era tuya, y tú eras mío.

Pero ahora me doy cuenta que éramos solamente dos extraños que decían amarse, dos almas perdidas buscando refugio. Compartiendo momentos inexplicables en los cuales podíamos estar en completo silencio diciéndonos todo.

Fue un amor tan fugaz, tan repentino que me consumía. Tus palabras se volvieron una obsesión. Tus caricias mi más intima adicción, y tus besos, vaya besos, que me dejaban un «te amo» como sabor de boca.


Pero todas las cosas se terminan en algún momento, al igual que las verdades. Ellas cambian, se modifican, y conforme pasa el tiempo se van quedando incompletas. Dejando huellas de lo que un día fueron, y aunque a veces lo correcto se llegue a definir como decir la verdad, una verdad a medias es peor que una mentira.