NO SOY HOMOFÓBICO, PERO…

Acabo de ver la película de Disney, “La Bella y la Bestia” y me pareció espectacular. Por diversos medios supe que había una subtrama ‘gay’ y que eso resultaba polémico para algunos. En pleno siglo XXI.

No me sorprendió cuando una de mis más queridas amigas comentó que efectivamente la película estaba espectacular, pero que eran absolutamente innecesarias las escenas ‘gay’. Que eso estaba muy mal y muy fuera de lugar porque la película es para niños, rematando con un ‘yo no soy homofóbica, yo los respeto’.

¿O sea, los niños no deben enterarse de que existen los gays? ¿Debemos seguir educando a nuestros hijos y nietos en la misma línea homofóbica en la que nos educaron a nosotros? Misma educación que no disminuyó en nada el porcentaje de gays, y que sólamente les hizo la vida muy difícil y en algunos casos hasta trágica.

Yo eduqué a mis hijos de otra manera, muy diferente a como me educaron a mí. La decisión la tomé cuando mi hermano de 35 años me dijo que era ‘gay’ y el mundo se me vino encima. Me costó mucho trabajo perdonarlo. Perdonarlo por no haberme tenido confianza durante tantos años. Según yo, ya vivíamos en una sociedad abierta en la cual se podían decir esas cosas. Yo tenía amigos gays y los llevaba siempre a la casa. Mis papás no eran homofóbicos, aunque ciertamente no estaba en sus planes tener un hijo así. Todavía en la universidad, en clase de Psicología I, la maestra nos enseñó que la ecuación freudiana era infalible: Madre dominante + padre frío/distante o ausente = homosexual. Mi papá era muy dominante, pero también muy mandilón, y tenía una relación increíble con mi mamá, o sea que ninguno de mis hermanos podía salir gay, de acuerdo a la teoría freudiana. Mi familia era absolutamente tradicional, con papá proveedor, mamá ama de casa, cada quien en su papel. Estudiamos en escuelas católicas donde nos enseñaron a ser bien homofóbicos. ¿Quien querría ser homosexual en un contexto con absolutamente todo en contra?

Cuando mi hermano me confesó que había sabido que era gay desde siempre, desde preescolar incluso, y que se lo había callado, viviendo una doble vida secreta de la que solo algunos (como él) tenían conocimiento, me juré a mí misma que ninguno de mis hijos tendría que pasar por un viacrucis para salir de ningún clóset.

Yo pensaba que la homofobia se había erradicado en los albores del siglo XXI y que ser homofóbico era del siglo XX. Y pues nadie que se respete quiere que le digan que es del siglo XX.

Instaladísima en mi cámara de eco, juraba que la homofobia era capítulo del pasado reciente; material para el anecdotario, al que recurriría para contarles historias a mis nietos, en unos años más.

Cuando el presidente Enrique Peña Nieto, envió al congreso la iniciativa para la aprobación del matrimonio igualitario, me sentí orgullosa de ser mexicana, de vivir en un país civilizado, con un gobierno democrático, plural, incluyente y de vanguardia. Ahora si ya vamos a ser de primer mundo, pensé.

Y de pronto me empezaron a llegar invitaciones por Facebook y whatssapp para asisitir a una “Marcha por la Familia”, convocada por una tal “Frente Nacional por la Familia”. Esta organización fundamentalista argumentaba que estaba en riesgo la supervivencia de la institución sagrada de la familia si se aprobaba la ley del matrimonio igualitario. Para esta gente, la única familia válida es la familia “natural”, con papá, mamá e hijos. Una definición bastante limitada de familia, si tomamos en cuenta que solo el 35% de los niños en México viven en familias “naturales”, como ellos las llaman.

Los marchistas portaban pancartas con consignas como: ‘no te metas con mis hijos’; ‘a mis hijos los educo yo’, ‘no a la ideología de género’, ‘defendamos a la familia natural’, etc.

Como si reconocer los derechos civiles de los homosexuales, con quienes tenemos una deuda histórica inconmensurable, implicara destruir los derechos de los padres para educar a sus hijos como quieran.

A los homosexuales, lo que tenemos que hacer es pedirles perdón por tanta incomprensión, tanto acoso y tantísima mala educación, bien intencionada quizás, por parte de sus familias ‘naturales’. Sus papás y mamás, que precisamente porque no estudiaron el tema, creen que la orientación sexual de las personas es algo que uno escoge, que uno enseña y que el que es homosexual es porque tuvo malos ejemplos y mala educación.

No se dan cuenta de que lo que pregonan simplemente no funciona. ¿Cómo explican entonces tantos hijos homosexuales en sus propias familias naturales y católicas?

Como sea, los fundamentalistas tuvieron su victoria pírrica. Nuestros cobardes, oportunistas, corruptos, mal llamados representantes, diputados y senadores tiraron la toalla y enviaron la iniciativa al congelador. Pírrica es su victoria, porque de todas maneras los gays ya se podían casar desde antes de que convocaran su estúpida marcha. Como no se informan, no saben que desde el 12 de junio de 2015, la Suprema Corte de Justica de la Nación emitió una resolución de jurisprudencia en la cual obliga a todos los jueces a seguir un criterio favorable en todos los amparos que se interpongan, en cualquier parte del país, y en donde aún no esté legalizado el matrimonio igualitario.

Y ahora resulta que todos mis amigos y parientes marchistas, a quienes quiero un montón, aunque me desconcierten sus extrañas motivaciones, se desviven en comentar que aman a todos los homosexuales. Aseguran que están 100% a favor de que cada quien haga de su vida un papalote. Que ellos respetan a toda la humanidad.

Pero si un hijo les sale homosexual, se tiran por el balcón. O lo mandan a terapia para corregir semejante perversión, y si no funciona, entonces se tiran por el balcón.

Me da risa como están seguros que eso no les va a pasar en la vida. Créanme, a alguno de ustedes defensores de la naturalidad y lo correcto, le va a tocar que alguno de sus hijos se les ponga enfrente y les diga, mamá, papá, soy homosexual. Es una realidad estadística inescapable.

Porque todos los homosexuales que conozco, son hijos de padres heterosexuales, homofóbicos de origen, que han tenido que cambiar su postura porque el amor es más grande que los prejuicios.

Me dicen que su mayor preocupación es el tema de la adopción. Perdónenme, pero muchos de ustedes están lejos, muy lejos de ser padres ejemplares. ¿Pero qué feo se siente que te juzguen, verdad?

En lo personal, no conozco ninguna pareja homosexual que quiera adoptar un hijo. No es lo común. Además, adoptar en México es dificilísimo. Es un proceso largo, complicado y que se analiza caso por caso. La mayoría de los niños en casas hogar, no son jurídicamente adoptables, porque siguen teniendo vínculos con quien no se ocupa de ellos, pero no los libera tampoco para su adopción. Y así se les va la vida. Trágico. ¿Y quién marcha por ellos? Nadie, que yo sepa.

Las parejas homosexuales que quieren tener hijos, tienen otras formas de hacerlo, por si no se han dado cuenta. Las mujeres se pueden embarazar y los hombres pueden recurrir a la maternidad subrogada. Claro que hay que tener recursos para ello, así que estamos hablando de un problema minúsculo, que palidece ante los problemas reales que sí tenemos en México. Y en todo caso, sería mejor que les facilitáramos adoptar niños que ya están en este mundo y necesitan una familia.

Por mi parte, cualquier persona que quiera adoptar a un huérfano tiene toda mi admiración y mi respeto absoluto. Me parece el acto de generosidad más increíble.

A los fundamentalistas de la naturalidad y lo correcto les pregunto, ¿a cuántas parejas de homosexuales conocen que quieren adoptar hijos? ¿Por qué piensan que esto amenaza a sus familias? ¿Por qué hablan de la destrucción de la institución familiar? ¿Por qué dicen tantas mentiras de los programas educativos y libros que NO conocen? ¿Por qué piden la tolerancia que se niegan a dar ustedes mismos? ¿Por qué se indignan cuando marchan los de la CNTE, los padres de los 43 normalistas, los padres de los niños de la guardería ABC, los taxistas contra UBER, y largo etcétera y van y hacen lo mismo? Ah, porque hasta camiones ofrecieron para la movilización de su gran marcha homofóbica. Si, homofóbica y mal llamada en favor de la familia. Camiones que salían de la ¡Universidad Anáhuac! De todos los lugares posibles. ¿En serio alguien puede creer que a estas alturas de la historia los ‘Legionarios de Cristo’ califican para opinar en temas de sexualidad humana? Lo que es no tener ni la más mínima vergüenza ni memoria…

Una de las tantas razones por las cuáles millones han abandonado la Iglesia Católica es precisamente su homofobia irracional y su hipocresía. Porque si una institución tiene una cantidad desproporcionada de homosexuales reprimidos es precisamente la Iglesia Católica. Y que conste que la orientación sexual de una persona no tiene absolutamente nada que ver con que sea buena o mala. Los pederastas pueden ser homosexuales o heterosexuales indistintamente. El abuso sexual de un menor es un crimen imperdonable que es cometido por una persona con problemas mentales muy severos, independientes de su preferencia sexual. Los pederastas pueden estar en cualquier lugar, pero en la Iglesia Católica han tenido una guarida perfecta históricamente. Y lo que es imperdonable es lo que la Iglesia hizo durante décadas ante el creciente aumento de casos de pederastia por parte de sus sacerdotes. La Iglesia fue cómplice y promotora directa de todos estos crímenes imperdonables, escondiendo sistemáticamente lo que ocurría y provocando que siguiera ocurriendo. Cada cura que cambiaban de parroquia, encontraba nuevas víctimas y su impunidad era absoluta y aberrante. Es por ello que hoy no tienen la más mínima autoridad moral para decirle a nadie como tiene que vivir su vida.

Tristemente me doy cuenta de que México sigue siendo un país tremendamente homofóbico e hipócrita. Millones de mexicanos alegan que no son homofóbicos y sin embargo lo son. Y son peores que los de antes, que por lo menos lo aceptaban y se podía discutir con ellos. A los nuevos homofóbicos del siglo XXI los vas a escuchar diciendo:

NO SOY HOMOFÓBICO PERO…

· No estoy de acuerdo en que se casen.

· No estoy de acuerdo en que adopten niños.

· No estoy de acuerdo en que salgan en las series y películas como gente simpática y adorable. Son muy mal ejemplo para los niños.

· No estoy de acuerdo en que no se escondan como antes. ¿Cómo es posible que no les de pena ir tomados de la mano en el centro comercial en domingo, y lleno de niños?

· Que no se atrevan a ser mis vecinos, mis parientes, mis colegas de trabajo, los maestros de mis hijos, y mucho menos que nunca jamás un hijo mío se atreva a ser así.

Todo rematadito con un: ‘Yo los respeto, que hagan de su vida lo que quieran.’

Si no estás de acuerdo en que los homosexuales tengan los mismos derechos que tú, entonces NO los respetas. Punto. En parte no es tu culpa, porque así te educaron. La parte de culpa que te toca es la de no haberte seguido educando. La de negarte a evolucionar, a aprender y a entender que la realidad no cambia porque tu cierres los ojos y te repitas a diario tus prejuicios.

Somos muchos los que queremos un México con igualdad de derechos para todos. Hay que seguir luchando porque así sea.

Si eso te incomoda, temo decirte que eres homofóbico. Sin peros. Pero no te preocupes, tiene cura. La solución es la educación.