¿Fin del capitalismo? El problema del liderazgo en los movimientos sociales

Últimamente leemos en los medios sobre el debate alrededor del “postcapitalismo o fin de capitalismo”, y si bien pasamos por períodos de guerras y crisis que podrían ser una gran señal que afirma esta idea, también sabemos que se reinventa para salir cada vez más fuerte de esos ciclos. Pero, ¿es correcto (o al menos posible) hablar de un “pos” o fin?

En el Congreso de Ciencia Política de la SAAP (Sociedad Argentina de Análisis Político) que se realizó en Mendoza hace un mes, la supuesta crisis del capitalismo también fue un tema de debate en las mesas de teoría y filosofía política, con posturas como la de Atilio Borón afirmando que este supuesto fin estaba clarísimo, a partir de signos como el “declive” de Estados Unidos, sumado al tema sobre el que se debatía, el daño al medio ambiente, considerado como una de las segundas contradicciones notorias del sistema capitalista.

Me acerqué a Borón a preguntarle qué opinaba sobre el problema del sujeto histórico que se menciona en algunos de estos debates, y que Michael Hardt -uno de los pensadores norteamericanos de izquierda más destacados- aborda en el video que comparto a continuación, y aunque asintió, no dijo mucho más que el cambio a otro modelo (uno alternativo al capitalismo) es un largo proceso, que quizás suceda cuando yo sea “muy viejita”.

Michael Hardt dice:

“in the contemporary capitalist position, even with the inmanent or future collapse of capitalism, there´s no posibility of a social subject to take its place or to pose an alternative”.

Es decir: suponiendo que efectivamente esté en crisis el capitalismo, la falta de un sujeto histórico para generar el cambio hacia otro modelo presentaría inconvenientes a la hora de hablar de un “pos”.

El problema del sujeto histórico parece ser dejado de lado en algunas posturas como las que este artículo de La Nación presenta, y que se refiere a un poscapitalismo con formas “cooperativas” de trabajo y vida, a partir del uso de tecnologías actuales.

¿Qué ocurre en la actualidad con ese sujeto? La fe que antes se depositaba en las clases trabajadoras y oprimidas como agentes de cambio histórico, sería ahora depositada en los movimientos sociales, que para Manuel Castells, un referente en el debate acerca de las configuraciones sociales del s.XXI, están dispersos alrededor del mundo y agrupados en torno a una identidad (los ambientalistas, los movimientos indígenas, los feminismos, etc.). Éstos, según Castells, son los que oponen resistencia local al sistema capitalista global. El conflicto social no se daría tanto en la lucha de clases (alrededor de la producción), sino en torno a la formación de estas identidades.

Unas décadas más tarde, Hardt se refiere en este video a los movimientos más recientes como los indignados en España, los occupy en Estados Unidos, otros en Atenas, Túnez y Brasil, como representativos de un ciclo diferente. Estos movimientos comparten atributos y prácticas que los caracterizan:

-Están asentados en un territorio, en oposición a la naturaleza nomádica del movimiento antiglobalización, por ejemplo, que se movía de un punto a otro.

- Comparten una propuesta democrática: “It´s very hard to pronounce the word democracy, it has become so corrupted that we should know better”. Hay un pedido de democracia real ahora, en estos movimientos, en algunos casos generados a partir de casos de corrupción, ciudades cada vez más exclusivas, empobrecimiento, etc., etc.

- Promueven el derecho a lo común: en contra de la lógica privada de las ciudades, existe un reclamo para que los espacios sean públicos/comunes, incluidos los espacios de participación política.

- Lo que él y Negri llaman “the multitude form”: leadernesness. No presentan liderazgo aparente y esto los diferencia de las masas, los pueblos y los movimientos sociales. La multitud tiene otra especificidad y en su interior presenta diversidad.

El problema del liderazgo surge de los propios grupos o movimientos que se oponen a la existencia de un líder. De esto surge un problema mayor: la imposibilidad de generar formas de organización y estructura políticas en su interior, necesaria para crear nuevas instituciones. Hardt señala que hay un proceso interno de estos movimientos que se opone natural y orgánicamente al surgimiento de líderes (ejemplo: el “trashing” en los movimientos feministas de los 70 en Estados Unidos.), lo que nos dejaría, eventualmente, sin un sujeto histórico que efectivamente lleve a superar el capitalismo e instalar otro modelo/sistema, si es que esto fuera posible.

Entonces, si bien vivimos guerras, crisis financieras, ciudadanos excluidos, pobreza, sufrimiento alrededor del mundo, el supuesto fin del capitalismo es un tema discutible. Sin lugar a dudas estamos viviendo un momento histórico muy especial, pero es interesante entender que esta discusión puede hacernos pensar que nos estamos acercando a un nuevo período idílico en el que se puede superar este capitalismo y pasar a otro, “bueno”, habilitado por la tecnología, y sin las contradicciones y conflictos que el sistema capitalista que alimentan genera.