Isabella
Cuando naciste yo tenía 20 años y estaba en una etapa de cambios en la que intentaba aceptarme y amarme a mí mismo.
En el invierno de 2005–2006, aprovechando mis vacaciones en la universidad, viajé a Estados Unidos para conocerte. ¡Eras una bebé hermosa!
Recuerdo con mucha ternura cuando te dormías en mi pecho, cuando veíamos repetidamente la película animada que te gustaba o cuando te ponías mis lentes para jugar.
En ese viaje al estar cerca tuyo también lo estuve de papi; él y yo nos unimos mucho durante ese invierno gracias a vos, al punto que lo vi llorar cuando nos despedidos a mi regreso a Costa Rica.
En el 2007 vino el problema familiar: un malentendido relacionado con una herencia, al que se sumó el rumor sobre mi orientación sexual.
La homofobia se mezcló con reclamos por dinero y mis miedos afloraron como nunca antes ante el rechazo familiar.
Todo eso conllevó una ruptura familiar muy dolorosa y así fue como me negaron la oportunidad de verte crecer o al menos estar en comunicación con vos.
Soñé muchas veces con la idea de volver a verte, pero sinceramente no pensé que se daría tan pronto y menos de la manera inesperada en que sucedió.
El 26 de agosto de 2018 quedará grabado en mi corazón; en mi memoria guardaré siempre tu sonrisa tímida cuando te dije: Hola, yo soy tu hermano.
12 años tuvieron que pasar para darte ese abrazo de hermano mayor con el que tanto soñé.
Amé la manera en que fluyó la conversación, la complicidad y la confianza; me emocionaron tus preguntas y la madurez con que respondiste las mías.
Nuestros ojos húmedos fueron la muestra de que la sangre llama y que el cariño sincero es más fuerte que cualquier otro sentimiento.
Ahora corresponde mirar el futuro y buscar la manera de acercarme a vos; quizás como en aquel invierno al estar cerca tuyo logre también estarlo de papi.

