El síndrome de la (des) confianza

¿Alguna vez se pusieron a pensar cuanta confianza depositan cuando se van de viaje? Desde el momento en que elegís tu destino y buscas una tarifa, estás volcando confianza en personas y sistemas que no conoces. Confías en que la tarifa que te dicen, es realmente la que vas a pagar, en que el vuelo sale a la hora pautada, en que el hotel que elegiste tiene ESA habitación, en que cada una de las personas con las que compartís vuelo son como tú y ninguno está planeando hacer volar el avión en el que estás e incluso, que el piloto sabe lo que está haciendo.

Vista de Montevideo, Uruguay

Podría pasar horas analizando cada interacción y el grado de confianza generado en ellas sin siquiera cuestionarnos.

Entonces, pensando en todo eso es que me surge la siguiente interrogante: ¿por qué no tenemos ese mismo grado de confianza con nuestros amigos, nuestras familias e incluso, nuestras parejas? ¿Por qué sentimos esa compulsión de revisar teléfonos, rastrear cada movimiento que el otro da gracias a la magia del GPS y nos transformamos en hackers de las redes sociales con el sólo fin de comprobar que nuestra pareja efectivamente está en el asado con amigos como dijo que iba a estar?

Pero claro, si una azafata te dice que en diez minutos empieza el embarque, ya te encontrás parado, pasaporte y boarding en mano, listo para subir al avión.

¿Qué nos pasa? ¿En qué momento nuestras relaciones más cercanas se han vuelto tan distantes?

Desde mi humilde e ingenuo punto de vista, creo que el mundo tiene un gran problema de (des) confianza; administramos mal en quién debemos o no debemos confiar. Elegimos un presidente confiantes de que va a sacar un país adelante y terminamos declarando estado de emergencia o incluso iniciando una guerra nuclear capaz de terminar con toda la raza humana.

Confiamos en que la plata que pagamos por nuestros impuestos va a ir destinada a la alimentación y educación de nuestros niños y sin embargo, hoy, gracias a la guerra, tenemos más de 8 millones de niños refugiados sólo en Siria.

Creo que ya es hora de re evaluar nuestros términos y propósitos. De enseñarle a esta generación a no cometer nuestros mismos errores y a seguir sus instintos, ya que con ellos llega la claridad. Creo que es hora de volver a confiar.

Love

Mj