Facebook era El Lupo

Vengo de un pueblo de Jaén, donde hace años, había un bar que se llamaba El Lupo. Era el típico antro donde veías a varias generaciones de jóvenes con más o menor edad. Pero todos nos reconocíamos. Podías ir con tu grupo de 4 amigos (o 40) y os veíais bien las caras. Hablabas con todos. Jugabas al futbolín con algunos y ponían buen alcohol. La música siempre era buena, pinchara quién pinchara.

Y como no, el bar creció. Su público se expandió, cada vez iba más gente. Y aunque estaban tus amigos, no solías hablar con todos. Para el bar eran buenas noticias, había mucho público, podía ofrecer más variedad de productos, tocar a más generaciones,… ganar más dinero.

Para mi y mi gente, dejó de molar. Pero nosotros ya no éramos el motor que hacía que aquello funcionase

El Lupo se convirtió en un Burger King

Con el tiempo, algunos nos fuimos. El Lupo siguió creciendo y se convirtió en un Burger King, o casi. Drogas había pocas, todo estaba controlado, la música era otra, más mala, más de la masa. Más clientes. Más dinero. Ellos felices. Nosotros lejos. Pero sus dueños, estaban tranquilos. Abarcaban mucho más y aunque perdían a diez, ganaban cien.

El bar, fue Facebook.

Durante los primeros años éramos “pocos”. Descubrías antiguas amistades, recordabas historias y te ponías al día de muchos.

Hoy es una feria de noticias falsas, datos políticos, videos chorros y de vez en cuando alguna foto de un amigo.

Hoy Facebook mueve millones con cada click. Y eso es lo que importa cuando trabajas en publicidad. No puedes anunciarte en el desierto, aunque te enamoren las dunas. Tienes que moverte dentro de ese centro comercial, dentro de la red social más grande. Aunque no te guste.

Instagram era mi galería privada de arte

Con Instagram, después de ser comprada. Pasa igual. Antes era mi sala de explosiones de fotógrafos buenos. Y algún amigo. Ahora se ha convertido en la segunda red que más mueve. Todos quieren estar, con el contenido que sea, sin pensarlo, pero estar. Y yo sigo a mis “elegidos”. Pero sufro un bombardeo de morralla que no para de hacer daño.

Snapchat era, y es, mi patio de recreo

Me mantendo en Snapchat, como mi patio de recreo. Con la libertad de las 24 horas de puerta al olvido. Disfrutando de una red que da mucho, y que tristemente le queda poco. Pero mientras no suene la campana, los pocos que estamos, jugaremos hasta reventar la pelota.

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