En los pies llevo el tango
“Mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver no habrá más pena ni olvido”

El tango no ha muerto: camina por cada esquina y baila con sus zapatos sobre cada baldosa como si fuera el mejor guía que el Abasto pudo tener. Es un lunes feriado de agosto y la imagen es preciosa, el barrio porteño está atestado de colores. Es el Sueño del pibe: los fileteados de las esquinas impregnan todo con su característica alegría. El Abasto es así, la picardía del tango hecha arte y magia, por eso no es coincidencia que allí haya crecido Carlos Gardel o como muchos le decían, el morocho del abasto. La vida patea por los arrabales, en donde el espíritu de la Malena de Manzi aún persiste y persistirá siempre que alguien lo traiga a su memoria.

El pasado se quedó a vivir entre las paredes del pasaje Carlos Gardel al 3100. Las calles conservan ese misterio inigualable que nos regala el tango. Y en el camino de los próceres, Tita tiene la mirada en alto con un brazo en jarro y el otro al aire, como si me dijera: Se dice de mí, se dicen muchas cosas pero me importa un comino. Y el amor del Polaco (Roberto Goyeneche), que entrecierra los ojos y lleva la vida misma a ese micrófono ¿El motivo? Su amigo el Pichuco, también conocido como Aníbal Troilo, lo acompaña con una de sus tantas melodías al ritmo del bandoneón, su eterno camarada. Y ahora las Nostalgias no cesan. Son pequeños placeres que el panorama me concede.
El Goliat de grandes ventanales y brazos abominables está ahí, plantado en la avenida Corrientes, como está desde hace cerca de un siglo, siendo el vigía del barrio, los ojos que todo lo vieron, la cuna del lunfardo, los suelos que pisó el morocho y más. Es el Mercado de Abasto, en donde dos hombres se disputaban el amor de Paulina(Tita Merello) en 1955, y de fondo estaba el tango. Siempre el tango.
Detrás de las vértebras del imponente Abasto shopping, la casa de la esquina entre Anchorena y Lavalle parece chiquita, no solo Por una cabeza, sino por varias. Pero afortunadamente el valor no se mide por el tamaño del envase sino por lo que habita en el interior. Es el contenido lo realmente preciado. Las alas del tango: los zapatos.
El DNI Tango Store es la elección acertada para muchos bailarines que llegan al local en busca de este elemento esencial. En la vitrina, estos se sientan al sol luego de unos días de mucha Garúa, expectantes por saber quién vendrá hoy.
Esquivando zapatos, ahí viene Juan Padilla, el vendedor que ya se avivó y no se golpea más el pie contra el mostrador de la entrada. El altar de zapatos de diferentes modelos y tamaños luce espléndido. Y en el DNI Tango Store la vida es musicalizada con “La última curda”, de Roberto Goyeneche.
-Ya hace más de diez años que estamos en el mercado. Primero teníamos solamente el local en la calle Bulnes, después salió esta sucursal acá en el Abasto- dice Juan, mientras lleva una mano a la barbilla despoblada de pelos para acariciarla en movimientos circulares.

El lugar me hace acordar a un dormitorio: el espejo de pie del costado, el sillón blanco, la mesada igual de blanca, el gran armario que ahora no es más que un contenedor de ropa y zapatos, los vidrios de colores como separadores entre zapatos de mujer y de hombre.
-Los más llevados suelen ser los Dana o los Jazmín, es por una cuestión de comodidad, además de que son los más clásicos que vas a encontrar, son los más tradicionales del tango.
La calidez del ambiente se enfría cuando empieza a sonar tímidamente “Libertango” de Astor Piazzolla. Juan mueve un pie al compás sin notarlo.
¿Bailás o te gusta solamente?
-No, no- ríe-. Es la costumbre de estar todo el tiempo escuchando, y viendo bailar supongo.
Él lleva su dedo índice hacia un estante de madera que se luce cerca de la “Zona hombres”, hay un molde de zapato del mismo material que el del estante.

-Eso es. Con eso se comienza a confeccionar el zapato. Sabes, acá el zapato se hace a mano, todo artesanal y es un trabajo grande, demasiado- dice y toma entre sus manos un zapato de tango, que luego dobla en dos-. Cien por ciento flexibilidad, y se logra con un cromo de doble suela, un tipo de goma.
Ahora vuelve a acomodar el zapato justo al lado de su par y se dirige a otra parte: sección de caballeros. Trae con él un zapato de hombre, lo pone justo delante de uno de mujer y los estudia.
-Te digo que en las mujeres lo permitido llega hasta los 7 centímetros y medio a lo sumo, no más, es por un tema de seguridad, por cuidados de la bailarina. En el hombre suelen ser unos 2 o 3 centímetros lo indicado.
Padilla me alcanza una tarjeta, ésta dice en letra prolija: “El arte es la naturaleza urbana, DNI Tango Store”, y a su lado una imagen de una pareja bailando. Pero no es Dana, al menos eso me dice él.
- Dana Frígoli es la dueña del local. Estudió artes escénicas y todo lo relacionado al arte en general, tiene también su escuela “DNI Tango” donde se dan clases de la disciplina, de ahí vienen la mayoría de nuestros clientes.
Una bandada de zapatos de sport entran en mi campo de visual. Son las tango trainers, así las llama Padilla.
-Estas son el modelo arrabal, tienen un taquito chiquito acá atrás, ¿ves?- dice mientras muestra la parte trasera-. También se llevan las de guillermina, son lindas y tienen mucha onda.

Muchos modelos, muchos zapatos, la duda era evidente: ¿Les basta con los clientes de la escuela? ¿Acaso hay algún público extra que se hayan ganado?
-Vendemos mucho al extranjero. Esa es la clave diría. No solo Francia, también Rusia, China, y otros países. No tanto en el sur- dice y se ríe, acaba de iniciar el “Sur” de Troilo-. Tenemos ese gran apoyo, y la promoción también la logramos por el lado de los mundiales y demás competencias.
Su mirada se vuelve a la puerta de entrada y sus manos buscan apoyarse levemente en su cintura formando un auténtico jarrón. Mira hacia la puerta.
-No hay más zapaterías por acá, es decir, había. Pero viste que es difícil, por ejemplo un poco más allá había un lugar de ropa- arquea un brazo hacia su izquierda para utilizarlo como señalador-. Se llamaba, a ver, se llamaba “Naranjo en Flor” y ya no está, no sé por qué.
No hay cuadros, las paredes están vestidas con otros elementos como espejos, como zapatos, como pequeños instrumentos de tango.
-¿Cómo puedo definir al tango en mi vida? Y, es importante. Diría que para mí es una parte fundamental de la historia Argentina, es como cuando hablas de identidad, como el DNI- ríe otra vez por hacer alusión al nombre del local- . Escuchas un tango y te transporta, sabes que es parte de vos de alguna forma.
Padilla aún tiene un día largo por delante, aún 6 horas de trabajo lo separan de su casa. Pronto volverá. Mientras disfruta del mate que tiene guardado abajo del escritorio de la caja, y de la buena música que no falla.
Un camino que ya ha sido recorrido tantas veces por tantos pies, por tantos pies que llevaban el tango y que lo llevarán hasta el fin de los tiempos. Me los imagino, me imagino todo esto antes: el bochinche en el mercado del Abasto, las camorras entre los jóvenes, las canciones entonadas por Gardel, en fin, la vida. No sé, pero Tita mira como si estuviera presenciando un Choclo, y el Polaco continúa con su canción eterna al compás del bandoneón de Pichuco. Ellos no entienden lo efímero, nunca lo entendieron. Entrecerrando los ojos, Astor Piazzolla acompaña con su “Adiós Nonino”, pero no me ve, no entiende lo efímero. Y el monumento al morocho sigue de pie y se eleva entre los mortales como yo o como vos, pero es que él no entiende lo efímero, nunca lo entendió. Una canción y a lo lejos un pasaje repleto de recuerdos, un misterio indescifrable y unas ganas de Volver, siempre.
Entonces Malena, la vida y el Abasto: El tango no ha muerto.
