Un rincón gauchesco en pleno siglo XXI

En San Antonio de Areco, ciudad conocida por sus pulperías, bares y almacenes generales que conservan la escenografía intacta, encontramos El Boliche de Bessonart: un local con más de 200 años de perfil inclinado, revoque de época y telarañas delatadas por los rayos del sol.

Allí, paisanos y turistas conviven diariamente. Los primeros, acodados en la barra frente a las estanterías de época con botellas y carteles prehistóricos, comparten todo tipo de trago luciendo sus mejores pilchas: boinas, pañuelos al cuello y bombachas de campo bien planchadas. Los segundos, prefieren las diferentes mesas, en familia o entre amigos. De jean y zapatillas, sacan fotos con sus celulares que comparten inmediatamente en las redes sociales. Éstos llegan en auto o en colectivos de larga distancia mientras que los paisanos atan sus caballos a las maderas que hay sobre la vereda.

Sentado en la barra entre los arequenses, está el Papi Martinelli, un señor de 82 años, muy conocido por contar historias que va condimentando con el pasar de los años y que nadie se atreve a cuestionar. Que Areco tuvo la primera cancha con tribuna de cemento, que el primer peaje que se pagó fue en ese parador o que San Martín y su ejército descansaron junto al famoso puente viejo, son algunas de ellas. Se acerca Augusto Bessonart, heredero del boliche, y agrega que no hay bar arequense que no asegure haber tenido la visita del famoso gaucho, Don Segundo Ramírez, quien inspiró al Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes.

Augusto y su hermana, atienden a sus clientes con mucha calidez y amabilidad. Si alguien se siente atraído por la historia, ambos están dispuestos a contarla con mucho orgullo. En la carta, junto a la amplia variedad de sándwiches, tortas y chocolates de la fábrica local “La Olla de Cobre”, hay un texto sobre la historia del bar y la misteriosa inclinación de su edificio. Misterio que prefieren no resolver para no quitarle la magia.

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