Sobre violencia cibernética
La violencia cibernética posee muchos matices y nombres floridos. No voy a tocar esos términos aquí, sino que me enfocaré en el valor que tiene una persona. En particular trataré de enfocarme en las estadísticas y las modas.
Durante una guerra los generales miden parte de sus victorias de acuerdo a la cantidad de “bajas” que tuvieron en la batalla. Sin embargo, estas bajas son para ellos un número abstracto, frío, carente de toda humanidad. Es significativo que solamente murieron 3000 personas en lugar de 30000, pero ¿qué ha pasado con cada uno de esos 3000? Y si solamente murió una persona, entonces nada ha pasado.
Pero seamos sinceros. ¿Quién es esta persona? ¿Qué ocurre cuando tomamos ese pequeño número y le damos una identidad? ¿Qué pasa con la familia de este individuo cuando le asignamos un nombre?
Tan solo pensemos en esta pequeña persona en el mundo de su ejército.
Si este ejército es de 100000 personas, la verdad es que no hará gran diferencia. Sin embargo, es alguien que no tendrá hijos, una persona que ya no podrá hacer ese gran descubrimiento o crear esa hermosa obra de arte. No será el médico que nos ayudará a curar nuestros padecimientos o el gran filósofo que encontraría una explicación a cierto dilema que nos acosa.
Y esta persona ya no podrá contar con descendientes que, en unas cuantas generaciones podrían definir pueblos completos y marcar el rumbo de un país.
Así que, si nos ponemos serios, esa estadística es un número vacío que no tiene el significado real que la pérdida de una sola persona representa.
Y reducir a las personas a números es uno de los peores casos de violencia cibernética que podríamos imaginar. Es quitarle su humanidad y expulsarlo del mundo de los seres que realmente están vivos.
Ahora miremos la moda.
Una moda es algo pasajero que ha sido inventado por alguna persona con algún fin. Las modas no aparecen sin objetivos aunque, claro, hay objetivos públicos y otros netamente privados (que tratan con el interés único de quien los define).
Las modas son, además, efímeras.
De no ser así, muchos andaríamos con pelucas blancas o con sombreros con plumas.
También, las modas están guiadas por la tecnología del momento. Si en algún momento se utilizaron plumas en esos sombreros, eran plumas reales y había suficientes a mano para satisfacer la demanda. Hoy probablemente esas plumas no tendrían tanta importancia y lo que andaríamos mostrando sería algún flamante teléfono celular que dictaría nuestro nivel económico.
Pero algunas modas duran más que otras. El mini-disk duró solo algunos años en las tiendas pero las camisetas con diseños estampados tienen muchos años de adornar los cuerpos de sus dueños.
Una de estas modas es lo que llamamos “red social”.
Ellas permiten transmitir información de cualquiera y en cualquier dirección, y tienen un alcance mundial. Pero lo que transmitimos depende de la tecnología que existe en el momento en que utilizamos estos recursos.
Al principio era solamente texto, pero más adelante se incluyó sonido y hasta video. ¿Qué permitirá compartir el futuro?
Ahora bien, ¿qué tan efímera es una red social?
Probablemente los datos que poseen no durarán decenas de miles de años, pero pueden durar una década, incluso algunos siglos. Todavía podemos leer las nota de Ada Lovelace de hace como 150 años y las versiones digitales de El Quijote creado hace más de 400 años.
Entonces, puesto que el ser humano puede vivir un máximo de aproximadamente 125 años, algo que se diga de nosotros y que termine publicado en alguna de estas redes sociales fácilmente puede durar más que nuestra propia vida.
Para todo fin práctico, superar 125 años es una eternidad para cualquiera.
Así las cosas, y puesto que lo dicho y publicado termina siendo “una verdad”, aunque sea mentira, quien dice y sobre quien dice se convierten en víctimas permanentes de la moda social.
Y aún después de la muerte, estos fantasmas continúan danzando alrededor de los familiares, quienes sufren interminables martirios por lo que pudo haber hecho algún antepasado. No en vano, en oriente las maldiciones cubren la tercera o cuarta generación y en los pueblos nativos de América del Norte lo que hiciéramos tenía consecuencias hasta la séptima generación. Y esto, que fue miles de años antes de que se crearan los computadores y se definiera la moda de las redes sociales.
Así que:
- Nuestras acciones acarrean consecuencias.
- Sufre la víctima, pero también sufre el victimario.
- El sufrimiento puede durar una vida completa.
- El sufrimiento puede extenderse más allá de la vida de nuestros propios hijos.
Por lo tanto, cuidemos lo que hacemos, meditemos lo que decimos, que un hermoso futuro para nosotros y quienes nos rodean puede llegar a convertirse en un infierno en vida. Y no hay tal de ser tan solo una estadística, cada persona es un tesoro que se debe proteger. Nadie es menos que nadie y cada uno de nosotros debe poder llegar a cumplir su valor en la historia.
