Amy


Ayer me di cuenta de que este año será el décimo aniversario del Back to Black, el disco con el que la mayoría la conocimos y que ha sido parte de mi vida desde que lo escuché por primera vez. Recuerdo que en 2007, cuando el álbum ya era un éxito en EEUU, salía de la escuela y veía videos en MTV mientras comía porque todos los días pasaban uno de Amy Winehouse que me alegraba el resto de la tarde. La veía y pensaba “qué voz y qué chica”. La admiraba mucho y creo que por un tiempo quise parecerme a ella, pero nunca me atreví a llevar ese estilo pin-up o a hacerme tatuajes, tampoco podía cantar ni sentirme muy identificada con sus letras, pero su música me hacía feliz aunque hablara de temas ajenos para mí o cosas muy tristes. Yo no necesitaba ir a rehabilitación ni tenía el corazón roto, pero casi siempre estaba sola y la música me hacía sentir acompañada. Y ahí estaba Amy para mí, cuando la escuchaba en mis audífonos, cuando la veía en televisión y cuando su voz me erizaba la piel. No necesitaba un cat eye impresionante ni unos tacones con los que seguro me caería, tampoco hacía falta vivir lo mismo que ella vivió para escribir ese disco; lo único que necesitaba eran su voz y sus letras, y eso es algo que tendré por siempre.
Así que gracias, Amy. Al mundo le hace falta tu sonrisa.