20 de Octubre (2010 -)

Todos los años, desde hace años, publico la reflexión que le escribí a Mariano, no porque no tenga nada mejor que decir, sino porque no quiero repetir consignas sin historizar (esos vicios de la carrera) su significado ni su trayectoria en mi vida.
El anteaño pasado colgué en mi casa de Adrogué su imagen. Es un recordatorio constante del paso de su vida –y muerte– por las nuestras, y de las decisiones políticas que se hacen necesarias.
Su epígrafe es la canción:
“y si lo mirás a los ojos,
verás, son los mismos ojos
los que nunca se apagaron, 
los que no quieren caer”
Hasta la victoria siempre, camarada.

A tres años de tu asesinato, Mariano, quiero no sólo reiterar ese grito de justicia que nos sale por los poros a todxs; quiero también recordar el momento en que el click mental sucedió, compañero, en mi mente. 
Me encuentro hoy acá rememorando que necesité que se derramara la sangre de alguien a quien cruzaba todos los días (estabas militando en el CBC de Avellaneda, y haciendo, como yo, Historia) para abrir los ojos al “país real”. Era una tan asquerosa repetidora de un discurso que hasta desconfiaba de lo que al día siguiente tus compañeras de la UJS pasaron a decir por los cursos, mientras se ponían a llorar delante de un público semi dormido, semi desinteresado, semi dominado. 
Cuando te reconocí, al llegar a mi casa y averiguarlo por mi cuenta, Mariano, mi cabeza explotó. Te pido perdón por eso, por lo que tuvo que pasar para despertarme. Pero fue el inicio de la transición que hoy me ubica donde estoy. Fue aletargada y torpe, por una convicción previa que una semana después me tuvo parada en la Plaza de Mayo cantando en defensa de algo que ya no siento. 
El despertar fue agresivo, destructivo, y constructivo a la vez. Me alejé de la zona de confianza, pero ciertamente me aproximé más a mi.
En el renacimiento de esa consciencia nueva y antigua al mismo tiempo, te recuerdo, compañero, y te grito desde acá al infinito: “Viva tu lucha socialista!”

Hasta la victoria siempre.