600 DÍAS SIN ELLAS

Maryamu Wavi tenía 17 años. Vivía en Chibok, al noreste de Nigeria, en un internado para mujeres. Desde el 15 de abril de 2014, hace hoy (sábado) 600 días, no se sabe nada de ella. Fue capturada por el grupo yihadista Boko Haram, junto a otras 275 menores. Después de raptarlas, las obligaron a convertirse a su Islam, a casarse y a, algunas de ellas, drogarse para suicidarse, matando a otros inocentes. 57 de ellas lograron escapar unos días después sin ayuda del ejército, pero 219 siguen aún desaparecidas.

Las secuestraron por recibir una educación occidental o por ser cristianas. Occidente respondió con una campaña con el hashtag #BringBackOurGirls que reclamaba su liberación. Pero ocurrió lo mismo que con Aylan Kurdi o con los refugiados: nos levantamos, gritamos, nos olvidamos. Aunque con África esto sucede más fácil.

Desde 2009, Boko Haram, que este año juró fidelidad al Estado Islámico, ha matado 25.000 personas. No son sólo 219 víctimas. Desde agosto de este año, según Xavier Aldekoa, hay una media de 3 atentados semanales en los que el grupo terrorista ha usado a niñas como bombas. Quizá alguna de esas niñas fue Maryamu.

El problema no es sólo Siria. Y si el terrorismo es un problema global que requiere una solución global, no es en primer lugar Siria.

El miércoles se reunieron las cámaras británicas para decidir si bombardeaban al grupo que lideró los atentados de París. Aún no ha habido una cumbre para estudiar cómo combatir a Boko Haram en África. Es más sencillo olvidarlo, no contarlo, que no nos afecte. Mientras tanto, los padres de Maryamu, de las 219 niñas de Chibok, de todas las víctimas de Boko Haram, seguirán esperando.