V Semana del Cine: Retrato de una mujer en llamas

Manuel Casavilca
Nov 3 · 4 min read

Retrato de una mujer en llamas (2019) gira enteramente en torno al juego evasivo y confirmatorio de la mirada. Marianne (Noémie Merlant) es una pintora encargada de retratar a Heloïse (Adèle Haenel) por solicitud de la madre de esta (Valeria Golino). La pintura tiene como objetivo dar a conocer el rostro de la hija a su próximo esposo, el cual estuvo comprometido con su hermana, hasta que esta saltó por un precipicio para evadir el compromiso impuesto por la madre.

La tarea no será fácil, puesto que Heloïse se rehúsa a ser retratada. Su rostro es indócil para quien se le enfrenta, teniendo como antecedente el intento fallido de otro pintor por representarla. Al fin y al cabo, no es ninguna musa; más bien, evoca a la Medusa griega por su tenaz y peligrosa mirada que convierte en piedra a quien le dirige los ojos.

Aquí es donde Céline Sciamma -directora y guionista de la cinta-, opta por trazar las formas opuestas de la retratista y la retratada. Marianne, tan perspicaz y directa, tratará de acercarse a Heloïse, tan indescifrable y evasiva, a través de un duelo de miradas. Al fallar, la pintora intentará recrear el rostro de la joven a base de su imaginación. Pero el retrato carecerá de gracia y verosimilitud, por lo que deberá realizar otro en presencia de su modelo y terminarlo antes de que la madre regrese de un viaje.

Entonces, se trastorna la observación. Heloïse subvierte la actitud normada de Marianne, la enfrenta al dualismo pintor-modelo, le indica la esencia ígnea de todo retrato: el acto de mirar que ambas comparten. Y esto último recuerda a Antonio Machado en Proverbios y Cantares:

El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve.

A partir del encuentro, ambas miradas se impulsan gracias a la libertad que el guion concede a las palabras de cada una y a los planos de duración larga para que el espectador encuentre el detalle del que se habla. Y la mirada de Marianne no tardará en hacerse seductora cuando empiece a conseguir la sonrisa de Heloïse en el encuadre. De esta manera, la película presenta la libido femenina como una posibilidad al margen de la norma.

Pero no solo se explora el cuerpo como espacio libidinal. La ausencia de la madre, patrona del hogar, sirve como excusa para sondear los demás tabúes que recaen sobre el cuerpo femenino. Y esta etapa se refresca, además, con la mayor presencia de Sophie (Luàna Bajrami), sirvienta de la casa. Mientras tanto, las líneas narrativas trastocan el tiempo insertando visiones de Marianne sobre el destino que les depara a ella y su amada.

No obstante, el goce tiene como fecha de caducidad el término del retrato. Así, la cinta prosigue hacia la tensión conforme avanza hacia el final. Y Sciamma aprovecha esto introduciendo el mito de Orfeo y Eurídice, una historia que -como la película- se resuelve a base del poder de la mirada.

Retrato de una mujer en llamas resulta ser una película notable. Más allá de sus aciertos narrativos, logra componentes simbólicos muy sólidos. Heloïse es el fuego que irrumpe contra la norma, mientras que Marianne es el agua que se adapta a la misma. El mar se vuelve un espacio catártico para sus personajes, anticipando la tormenta como tensión final. El fuego marca el cambio y construye la comunión femenina a través de la intimidad.

La cinta tiene entre sus referentes a dos opuestos como Friedrich y sus paisajes invernales y nebulosos, por un lado, y al punzante concierto Verano de Vivaldi, por el otro. Pero la inspiración más notoria, como ha sucedido con otros ejemplares del deseo femenino en el cine -incluidas Mulholland Dr. y Carol-, proviene de Persona de Ingmar Bergman. Las figuras de Harriet Andersson y Liv Ulvman solapadas una sobre la otra, sea contrastando perfiles o acariciando su compañera, se recrean con brillantez, aportando al tono reflexivo que marca el film, de la misma forma que proponía el cineasta sueco, con un poco menos de abstracción y un poco más de pasión.

    Manuel Casavilca

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    Escribo sobre cine con sabor a psicoanálisis. Cinéfilo estudiante de Comunicación.

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