Durante la guerra fría se atacaba como diabólico al comunismo (y un tanto menos, al socialismo), pero claro, el ataque era con los enemigos políticos al margen de que fueran o no de verdad ‘comunistas’ y hubo muchos asesinatos, presos políticos y familias hechas ruinas porque los acusaban de ‘comunistas’ y así, sin más, venía el linchamiento, sin pruebas, acusaciones formales o evidencia alguna. De hecho sin acusarlos de nada más que ser ‘comunistas’.

Tiempos atrás se hizo igual con los judíos y otras religiones, y se sigue haciendo: hoy los islámicos son asumidos como terroristas sin más por gobiernos y presidentes, como el de EUA. Pero desde siglos atrás la iglesia católica persiguió a judíos y musulmanes y los asesinaba sin más con solo la acusación de herejes o epítetos como marranos.

En los años 1960s y 1970s, durante la guerra de Vietnam y el conflicto chino/soviético, unos y otros se acusaban de “revisionistas”, disputándose los gobernantes de la RPCH y la URSS el dudoso privilegio de ser el más auténtico y ortodoxo seguidor de los planteamientos de los clásicos marxistas/leninistas. Eso, cuando ninguno de los dos seguían esas ideas del Siglo XIX. Pero la acusación se repetía por estos lares y se justificaba así la destrucción de reputaciones y más de una garroteada a los “revisionistas” en nuestra UCR.

Hace un par de décadas, mientras unos sectores seguían mandando al infierno a los “comunistas” o “socialistas” impulsando campañas sucias en la política, surgió un nuevo epíteto vinculado a posiciones ideológicas: “neoliberales”. Así, más allá de los contenidos reales de propuestas y modelos económicos que hicieran políticos o partidos, se podría acusar a cualquiera de apoyar o ser abanderado del ‘neoliberalismo’ o ser un ‘neoliberal’ y por tanto enemigo de todo lo bueno y merecedor de un linchamiento en el Parque Central.

Ser neoliberal empezó a ser un insulto y una acusación muy seria que justificaba el linchamiento público, como lo era el ser comunista o ser judío o ser islámico en otros tiempos.

Más recientemente se puso de moda otro nuevo epíteto que se aplica por igual a quienes se consideran de ‘derecha’ o de ‘izquierda’. Al margen de los contenidos de las propuestas o la calidad o la ausencia de planteos, se empezó a llamar igual a los neonazis europeos o los socialistas bolivarianos con el mote de POPULISTAS. Sí, aunque tuvieran ese grado inmenso de aparente diferencia.

Y claro, se les acusó de ‘populistas’, en las pasadas elecciones en EUA al actual presidente, innombrable y al otro innombrable de la RBV, sin que ellos tengan mayor cosa en común… o tal vez sí.

En Costa Rica hasta la campaña electoral del 2014 a nadie se le decía ‘populista’, pero claro se linchó a muchos por ‘chavistas’ o ‘neoliberales’, o endilgándoles la ‘corrupción’, como si esta fuera producto de un sistema político o de una tradición partidaria particular, como si la corrupción no fuera un comportamiento del que muchos pueden participar al margen de su posición política, religión, etnia o lo que sea.

En la próxima campaña el epíteto de POPULISTA se utilizará para tratar de linchar y sacar del camino a algunos. Al margen de lo que digan o lo que no digan, sin evidencias o razonamientos, se les linchará por ‘populistas’ (incluso sin nombrarles directamente) igual que se hizo a principios de siglo con los comunistas o a finales de siglo con los neoliberales, o como se sigue haciendo con los judíos y los islámicos desde las antiquísimas y casi olvidadas Cruzadas católicas.

Es terrible el uso de motes como si fueran lapidarias acusaciones fundamentadas, es terrible cuando uno escucha o lee que las utilizan personas que uno ha considerado de las más informadas, honestas y decentes que haya conocido en su vida… pero podría darse en los próximos meses.

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    Manuel Argüello Rodríguez, Ph.D.

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    Doctor en Planificación Urbana/Regional (Geografía) en UCL, Londres. Maestría y Lic en Sociología (UCR), bachillerato en Arquitectura (UCR/UACA).