Por primera vez

Ya han pasado dos años desde que dejé la presidencia del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) y por ello, mi carrera gremial que me dio el privilegio de liderar no solo esa importante institución de la República Dominicana, sino también la AIRD y ANJE.

A través de 10 años de liderazgo conocí excelentes profesionales de los sectores público y privado. Algunos de estos talentos hoy ocupan posiciones importantes en el Gobierno con el firme propósito de aportar a un mejor país para todos. Con admiración veo a José Ramón Peralta, Isidoro Santana, Enrique Ramírez, Donald Guerrero, entre muchos otros que crecieron en el sector privado, brindando sus servicios al país en el sector público, lo cual, a pesar de lo que algunos puedan creer, es realmente un gran sacrificio a favor de nuestro país.

Precisamente un artículo escrito por un talentoso economista y admirado colega gremial, Isidoro Santana, actual Ministro de Economía, quien a través de esos 10 años de mi gestión estuvo siempre dispuesto a apoyar en lo que fuera necesario, me motivó a escribir públicamente por primera vez una inmensa preocupación. Me refiero a la medida cortoplacista de cobrar el ITBIS en aduana a materias primas, maquinarias y equipos. Esta decisión, es otro ejemplo de medidas que se toman con buenas intenciones pero con lamentables ramificaciones a futuro.

Ningún sector económico del país se desarrolla de manera continua sin una base sólida de regulación que permita su desarrollo, sea la que sea.

El artículo publicado en acento.com, “Los impuestos no son el problema” de fecha 1 de diciembre de 2016, escrito por el Ministro, dice muchas verdades que comparto. No todo es culpa de los impuestos, como bien ejemplifica el caso de los altos y bajos del sector de zonas francas, pero sí hay impuestos que hacen mucho daño y el avance del ITBIS a materias primas, maquinarias y equipos en aduanas es uno de ellos.

Tal y como indica el Ministro en su artículo, el mundo no se va a acabar porque ahora de repente se están cobrando impuestos, pero en este caso no es un impuesto vigente, es un nuevo impuesto que se crea de manera inusual por este Gobierno. Digo inusual porque hasta el momento la administración de Danilo Medina se ha caracterizado por una apertura importante con el sector privado en torno a la búsqueda de soluciones a los temas nacionales. Me consta por experiencia propia. Sin embargo, este nuevo impuesto se “cuela” en la ley de presupuesto, sentando un mal precedente y un cambio de reglas de juego tras bastidores, pues ya se había llegado a acuerdos en el último Congreso Industrial en este sentido.

Aparte del mal precedente de usar la ley de presupuestos para poner nuevos impuestos, retomamos el modelo de cambios constantes de las reglas de juego. Se quita, se pone, se quita, se pone. Ningún sector económico del país se desarrolla de manera continua sin una base sólida de regulación que permita su desarrollo, sea la que sea. Este juego ha sido un mal general del país a falta de una visión de largo plazo, a pesar de contar con una estrategia nacional de desarrollo, que solo parece importar cuando se refiere a la tan hablada presión tributaria. Pareciera que este es el único propósito importante de ese documento clave a la hora de pensar en el desarrollo del país.

(Imagen extraída de Google)

El problema con el adelanto del ITBIS en aduanas es tan sencillo como decir que se convierte en un arancel de un 9% para todo el que ha tenido la osadía de exportar o vender a bienes exentos desde el sector industrial, fuera de zona franca, o de servicios, como es el turismo. ¿Por qué se convierte en un arancel? Porque no hay manera legal ni comercial de facturar ITBIS a exportaciones ni a bienes exentos del ITBIS de los cuales hay muchísimos ejemplos en la economía dominicana (leche, agua, productos agrícolas, entre tantos otros). Por tanto, si se paga en aduanas y no se puede facturar hacia adelante, ya no es un avance de ITBIS sino un arancel como cualquier otro. Esto precisamente fue la razón de ser de la ley 392–07 que creó a Proindustria y eliminó la gran distorsión que existía en el mercado local y que ahora pretende volver a aparecer a partir del 1 de Enero de 2017.

Lo que no termino de entender es porqué un dólar de exportación del sector que más paga impuestos en el país es menos importante que uno de zonas francas o turismo. ¿Por qué el fajarse a generar productos hechos en RD y con calidad exportable es penalizado en mi país? ¿Por qué le damos incentivos a los productos que vienen de fuera a los cuales no se les cobra en aduanas el ITBIS, y a esos mismos que se hacen aquí sí? ¿Por qué solo se penaliza al subsector productivo del país que paga sus impuestos y que salió a buscar fronteras fuera de la isla?

Los impuestos no serían el problema si todos pagáramos por igual, pero sí lo son cuando hay tanta desigualdad impositiva como en el actual modelo tributario de nuestro país. Aunque me consta que este nuevo impuesto no se pensó con miras a hacerle daño al sector exportador industrial local, sepan que se le estará haciendo un grave daño.

Quiero citar al ministro Santana en su referido artículo: “En el caso específico de las industrias a las que ahora se plantea cobrar en las aduanas una parte del ITBIS a pagar, eso no va a afectar su competitividad, SIEMPRE QUE SE LOGRE HACER VIGENTE Y FUNCIONAL UN BUEN SISTEMA DE DEVOLUCIÓN, QUE ES LA INTENCIÓN DEL GOBIERNO. La devolución tiene que ser 100% eficaz para las exportaciones, pues los impuestos no se exportan. Y para las empresas que abastecen el consumo local con bienes exentos, la única preocupación debiera ser — en caso de que toda su producción sea de bienes exentos — si requieren un alto componente de envases, empaques u otros insumos gravados, mientras el mismo producto tiene exentos todos sus componentes si viene del exterior”.

Si esa es la verdadera intención del Gobierno, que entiendo la es porque de hecho ya se ha verbalizado, tanto en público como en privado, por varios ministros y funcionarios, terminémosle de buscar la solución antes de que empecemos a lesionar aún más a los “valientes” que exportan desde el sector industrial local. De no hacerlo, se perjudica significativamente el país, pero en especial, pondrá en peligro a los miles de trabajadores que laboran en las empresas que se verán obligadas a dejará de exportar o que posiblemente desaparecerán. Hace meses que los gremios han estado alertando a las autoridades de la gran injusticia que crearía esta medida, pero hasta ahora la promesa de corregir esta distorsión se ha quedado en palabras. Esperemos que esas palabras se conviertan en hechos.