La Cigarra

¡Hola Manuel! ¿Que onda?- se lo oía algo tomado -No estoy en casa, ven a “La Cigarra”…- -¿Pero qué es “La Cigarra”?- pregunté, pero a mitad de la frase Patricio ya había colgado. Entonces me quede atónito, para salir de la duda paré un taxi y le pregunté si “La Cigarra“ era un destino claro. -Claro hermano, te llevo-.

En mi viaje hacia el Perú pasé una semana en Cuenca, al sur del Ecuador. Cuenca es una ciudad interesante, tranquila y bonita, con ambiente universitario y cultural. Los primeros días pasaron sin novedad, recorrí el centro histórico, visité “El Prohibido” y compré un “Panama Hat“.

Cuenca 2010

Un día regresé a casa de Karla, una amiga de una amiga que me hospedaba en la ciudad, justo para ver como su abuela gritaba y forcejeaba con un joven que debía ser el hermano de Karla. -No voy a poder hospedarte más Manuel- dijo sin piedad -Es una lástima, pero a mi abuela tu visita le ha perturbado en su demencia senil y no queremos dañarle su paz. Pero no te preocupes, que te mando con Patricio-

No tenía ganas de pasar trabajos, así que me dispuse a ir a un hostal, pero Karla insistió que Patricio era un tipo genial, profesor de teatro en la Universidad de Azuay, y que seguro lo iba a pasar bien con él.

Me cité con Patricio en la Cruz del Vado, era un tipo flaco, de unos 40 años, los crespos alborotados, gafas gruesas y el acento mas cuencáno del mundo, muy divertido. Sonriente me dijo que le agradaban los colombianos y que teníamos que charlar. En eso nos dirigimos a su casa.

La cruz del vado, Cuenca, Azuai, 2010

Nos dirigimos a una zona comercial, llena de ventas callejeras y kioscos de comida. Sin dejar de hablar Patricio entró a una tienda de zapatos y saludó a los empleados con familiaridad. Por un momento pensé que pasábamos a visitar a algún amigo. Pero nos fuimos al fondo de la tienda. Patricio empujó la ultima estantería de zapatos y como si fuera un truco de película la pared giró y entramos a un antiguo edificio de apartamentos. -Jaja buen truco- le dije y subimos las escaleras, mientras me preguntaba como harían los borrachines para entrar en la madrugada.

Esa noche Patricio me llevó a conocer una curiosidad de Cuenca que ni siquiera mis amigos cuencanos dicen conocer. El bar de los Sabineros. Debo confesar que no lo tomé en serio, pero efectivamente el lugar era un monumento a la obsesión, la música de Joaquín Sabina sonó toda la noche y estaba forrado con fotos y recortes del artista hasta último rincón del baño de hombres.

El día siguiente, que era miércoles, era mi ultimo día en Cuenca y fui con Eva, una turista checa que conocí, a comprar mi tiquéte de bus para irme al Peru el jueves a las 8 de la mañana y llegar a Máncora, al otro lado de la frontera, ese mismo día a las 4 de la tarde. Me quedaba la ultima noche, pero no pensé en fiestas, pues quería descansar y llegar de buenas al Perú.

No recuerdo como transcurrió el miércoles, solo recuerdo que terminó en una charla apacible en “La Bodeguita, el hostal donde se hospedaba Eva con sus amigos. Tomamos un par de cocteles y a las 10 de la noche me despedí de ellos tranquilamente. Solo quedaba irme a dormir donde Patricio.

-¡Hola Manuel! ¿Que onda?- se lo oía algo tomado -No estoy en casa, ven a “La Cigarra”…- -¿Pero qué es “La Cigarra”?- pregunté, pero a mitad de la frase Patricio ya había colgado. Entonces me quede atónito, para salir de la duda paré un taxi y le pregunté si “La Cigarra“ era un destino claro. -Claro hermano, te llevo-.

La Cigarra” era un restaurante elegantísimo, de toque colonial y lleno de cuencanos estiradísimos y relucientes. Entré confiado en el salón principal, paseándome y admirando la belleza de las cuencanas, pero Patricio no estaba por ningún lado. Después de buscar hasta en la cocina salí con cara de alarma, preguntándome qué iba a hacer si no lo encontraba, podía volverme a “La Bodeguita”. Pero mis maletas estaban donde Patricio y las necesitaba temprano en la mañana.

“El Prohibido“ Cuenca, Azuai, 2010

Entonces me quedé en la puerta, confiando en que Patricio llegaría en cualquier momento. Pero no paso nada y dieron casi las 12. Llamé a Patricio muchas veces, pero ya no contestaba, también llamé a Eva con la firme intensión de regresar con ella y desquitarme de Patricio tomando unos tequilas, pero ya estaba durmiendo.

Esperando ahí me hice amigo del portero, le conté la historia y el tipo no dejaba de reírse de mi. -¿Donde puede estar?- -hmm pues no tengo idea man, pero hace raaaaato que veo que entran y salen de esa casa ahí en frente. Capaz que hay una fiesta y capaz que el tipo está ahí. ¡Sino pues igual te diviertes cabrón!-.

-Pues hermano, no sé quien es Patricio Viteri- Dijo el ecuatoriano borracho que me abrió la puerta -¡Pero de ley que puedes entrar! te tomas un Chumir con nosotros y buscas a tu amigo-

Entré en la fiesta navegando por un mar de ecuatorianos bajitos, la luz estaba prendida y bailaban cumbia colombiana a saltícos. Tengo que aceptar que me hizo gracia la escena y por un momento me olvide de Patricio y del Perú, alguna cuencana me sacó a bailar y se alegró de que hubieran colombianos en la fiesta.

A Patricio lo encontré en la ultima habitación de la casa a eso de la 1am, estaba borracho hasta las orejas, me presentó a su novia y después de hablar con ella me dijo que no se iban todavía. -Tu sabes como son las mujeres, mejor ve y te tomas un Chumir con Roque, él está cumpliendo años y el Chumir es nuestra especialidad, en un rato nos vamos-.

El Chumir sabía francamente asqueroso, pero me conmovió el cariño con que me acogieron los cuencanos, más allá de que estaban todos borrachos, debo confesar que a menudo los ecuatorianos mostraron una calidez y una amabilidad maravilla conmigo. Tal vez fue la música colombiana o que no tenía otra opción, pero dejé que pasara un rato y traté de disfrutar la fiesta.

A las 2:30am caminamos por Cuenca a oscuras. La noche resaltaba su ingenuidad y las luces del centro iluminaban vagamente los atajos adoquinados. Patricio avanzaba a tumbos y su novia no dejaba de hablar. Yo al principio miraba de reojo cada sombra, pero luego me di cuenta que ellos no temían nada, así que debía ser apenas normal y seguro caminar por la madrugada desierta del centro.

Cuenca, Azuai, 2010

Incluso pensé en probarme algún par en la tienda de zapatos, pero pasamos de largo y ya en el apartamento de Patricio, su novia cayó como un tronco sobre la cama doble. -Ahora si vamos a charlar tu y yo, ¡No te puedes ir de Cuenca sin escuchar lo mejor de Sabina!- gritó y puso su estéreo a alto volumen sin consideración alguna.

Dios sabe que traté de librarme con las mejores excusas, pero los ecuatorianos cuando hablan con entusiasmo no prestan mucha atención a nadie a su alrededor. Patricio afiló su mejor selección de Sabina, armó un cigarrillo (de marihuana) y comenzó a hablar del teatro en el Ecuador, de lo que falta y lo que sobra. Patricio comentaba a gritos cada canción y fue subiendo el volumen hasta que su novia se levantó y dijo con firmeza -¡Me vuelvo a la fiesta!- Patricio ni se inmutó, eran las 3:30am.

-Hay un pueblo en el Perú que es solo revolución, se llama Ayacucho, gente dura, difícil, luchadora, tienes que ir allá. Un buen día Fujimori les propuso convertir la región en una potencia del cultivo de pescados de estanque. Ellos aceptaron y los soldados cavaron y acondicionaron un gran estanque. Todo estaba listo para llenarlo de agua y traer los peces. El día de la inauguración vinieron muchas familias, el alcalde y varios políticos de Lima. De pronto los soldados abrieron fuego contra la gente de Ayacucho, los mataron a todos y los enterraron en el estanque.-

Durante mi visita a Ayacucho recordaría esa historia, al escuchar sobre los años de guerra y terror. Pero en ese momento solo pensaba en dormir un buen par de horas. Recuerdo que a las 5am al fin me fui a dormir y luego la alarma a las 7am, como si sólo hubiera pasado un minuto de intervalo. Me veo tomando un taxi hacia la terminal de buses.

Al final no perdí el bus hacia el Perú, aunque tal vez hubiera sido mejor perderlo, pues llevaba una excursión de 20 gringos que cantaron y gritaron todo el viaje hasta la frontera y más allá.

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