Mientras aún hay luz a través de la ventana, escribo. La tarde va oscureciendo el día que todavía no es de noche. ¿Cuántas veces pudiese versificar aquel poema que se me antoja sin rima? ¿Cómo podría enamorar a la cadencia misma, hilvanándola en sueños de palabras? He ahí el hermoso y sencillo desafío que la nocturnidad me evade.