32

El hombre con el alma gris caminaba calle abajo. Las primeras gotas de lo que prometía ser una lluvia torrencial le mojaban el pelo, pero no les daba importancia. Lucia sus ropas oscuras habituales y una barba de tres días que comenzaba a molestarle, miro a los lados antes de cruzar la calle y se dirigió a la parada del colectivo.

Se guareció bajo el techo ya que la frecuencia y la cantidad de gotas se habían incrementado de un minuto a otro, la señora del paraguas lo miro de arriba abajo y hizo un mohin de los que hacen las señoras que viajan en colectivo.

Tenia un paraguas, al hombre con el alma gris le molestaba esto. ¿Por que si tenia un paraguas debía colocarse bajo el pequeño techo? era injusto. O mas bien hubiera sido injusto si una persona sin paraguas estuviera mojándose pero eso no era lo que sucedía ya que los únicos esperando el transporte eran el y la señora. De todas formas, le irritaba.

EL hombre no tenia planes para el día del color de su alma, llegaría a su casa gris y almorzaría viendo la tele o pensando cosas grises. Su vida rutinaria lo envolvía como una sabana molesta. Se subió la capucha de su abrigo y miro hacia la calle con impaciencia.

-Disculpa ¿acá para el 32?

Azul. El color llego junto con la voz femenina y lo impacto un poco, ralentizando su reacción. Giro la cabeza y miro a la dueña de la voz.

Amarillo. Como una luz el color se impregno en el con suavidad.

Parecía haber sido alcanzada de lleno por la lluvia al menos durante dos cuadras. El pelo, castaño, se le pegaba al rostro, encogía los hombros por el frió y esto la hacia un poco mas baja de lo que era. El hombre asintió con la cabeza intentando no detenerse mucho en los ojos claros de la mujer asimilando aun el color que había sentido? en lo profundo del alma.

Ella le sonrió.

ROJO. Este fue aun mas impactante que el azul y el amarillo tanto que lo hizo tambalearse hacia atrás mientras se agarraba la cabeza. ¿Que estaba pasando? Casi podía sentir los ojos de la señora del paraguas clavados en su espalda con un gesto de desprecio o algo parecido. Pero no se dio vuelta y miro otra vez hacia el otro par de ojos. Los ojos claros. El color rojo se impregnaba en el mezclándose con el azul y el amarillo.

-estas bien? ya no sonreía, su ceño se fruncía expresando preocupación

El hombre pensó en asentir una vez mas y no establecer ningún tipo de conversación. Pero algo lo hizo cambiar de camino y abrió la boca para contestar con su voz gris, algo que no hacia muy seguido.

A los cinco minutos el hombre con el alma ya no tan gris conversaba amablemente con la empapada muchacha.

A los veinte la hizo reír.

A los cuarenta en vista de que el colectivo no llegaba, la invito a tomar un café.

A los cuarenta y dos se alejaron de la parada intentando esquivar la lluvia y no pisar charcos al mismo tiempo, de todos modos, no les importaba.

La señora miro a la chica sonriente y al hombre con el alma pincelada alejarse y suspiro dejando ver una media sonrisa. Luego abrió el paraguas y comenzó a caminar hacia otra dirección, silbando por lo bajo.