Lo que queda
Una mujer que se va, es arte.
Lo especial que tiene una mujer yéndose es algo difícil de entender en el momento preciso en el que pasa.
Y no me refiero al hecho físico de sus caderas y su pelo al viento caminando calle abajo, dejando solo el dibujo invisible del perfume en el aire. No. Voy a cuando la mujer en particular esta dejando tras de si un vacío en el alma de alguien. Y es aquí, donde este vacío y esta amargura impiden al “alguien” del que estamos hablando, darse cuenta del enorme potencial que acaba de recibir su vida.
La fuerza artística impulsada por el abandono de una mujer es tal que pocas cosas se le comparan, me atrevería a decir que es quizás la mayor fuente de inspiración que puede llegar a las manos de un hombre.
Sin las mujeres que un día se van de la vida de un hombre, cualquiera sea la razón que las impulse, el arte carecería de una gran cantidad de obras de diferentes categorías.
De mujeres yéndose nacieron canciones, sonetos, obras de teatro, maestrías literarias, películas y mil cosas mas que no son muy difíciles de encontrar. El acto de LA mujer que se va, es un mármol en bruto que hay que tallar hasta encontrarle la forma, porque la tiene, eso hay que tenerlo por seguro.
Quizás en el momento en que suceda, el imprevisto y la sorpresa te arrebaten las ganas, pero no dejes de intentar agarrar un instrumento, un pincel, un lápiz. Y crea, porque no hay forma de no crear con el manantial de inspiración que proviene de una mujer yéndose.
porque una mujer que se va, es arte.