Líneas Paralelas
Desde el primer momento lo supe, él y yo éramos líneas paralelas. Líneas que se miraron frente a frente pero jamás debieron encontrarse, pero ¿Cómo saberlo? A veces me lo pregunto – en medio de ese aire de nostalgia– ¿Cómo saber que una pequeña noche de verano nos condenaría eternamente en una lucha sin sentido? La respuesta es sencilla porque el mayor dolor proviene de lo que pudo haber sido y nunca fue.
Pasaron días y nuestras líneas se resistían a alejarse, al contrario parecían estar cada día más cerca, me conformaba con escuchar el eco de su voz, ya era parte de mi mente sin darme cuenta. Si me preguntan por Amor diré que no llegue a tal locura, que esa droga hace parte de otra historia, que el amor es la mejor forma de tener al cielo y al infierno al mismo tiempo, en este caso el amor se convirtió en un pequeño pedazo de utopía que alguna vez un escritor predico pero que nunca cobro vida.
En realidad él y yo éramos tontos con coeficientes intelectuales elevados pero exquisitamente tontos, la música se apoderaba de nosotros, enderezaba nuestras líneas, en medio de amaneceres, comienzos, mentiras, y misterios. Nunca pude contemplar el misterio de su boca, su vida, sus miedos, sus demonios, cuando se trata de máscaras ambos fuimos maestros del disfraz, yo de mi pasado y él de nuestro presente.
El tiempo seguía pasando, este solo nos enseña que somos fichas en medio de un juego, que es el amo y señor del universo, todos queremos matarlo pero él nos mata primero, nos arrebata lo que queremos, nos deja sin opciones, se burla, se esconde en las salas oscuras, en silencios incomodos, en noches vacías, sencillamente es un maldito y sabio padre como todos aunque nos cueste aceptarlo. En cuanto a mí, seguía atrapada en mi lucha interna sobre qué hacer con él, cuyo nombre se hace innombrable, cuya sonrisa fue capaz de depositar en mi rostro sombrío, de esta forma me hacía sentir indefensa.
Al llegar la primavera acudí a un último intento de acercarme a él, logre tomar su mano de nuevo, caminar en medio de la lluvia de un sábado cualquiera en el que me hizo sentir en el cielo solo con su compañía, pero al final como todos los días la línea aparecía para alejarlo de mi nuevamente. Él Nunca juro que me amaba, que me regalaría el cielo, la tierra y todas esas cosas., solo me dejo refugiarme en su pecho y finalmente desnudar un pedazo de su alma.
Las distancias se hicieron notorias, más de lo habitual así que al final decidí huir… él se alejó de mí y decidí no quedarme en el mismo lugar, aprendí a volar entre tanto abismo para jamás regresar, el aprendió a olvidar o tal vez nunca me necesito. Lo cierto es que el mayor fantasma entre nuestras líneas solamente es el recuerdo…