¿Quién define mi identidad?

La identidad se define como el conjunto de rasgos o características de una persona o cosa que permiten distinguirla de otras en un conjunto.

Toda persona tiene una identidad desde que nace, sin embargo la sociedad trata de marcar estereotipos para darles la identidad que ellos quieren, no pienso entrar en temas de genética, ideologías de género, u otros tópicos relacionados, sin embargo para definir su identidad creo que es necesario iniciar desde su nacimiento, y es aquí donde todo empieza, con su huella dactilar que es la impresión visible que produce un dedo de la mano sobre una superficie. Es una característica individual que se utiliza como medio de identificación de las personas.

Según las estadísticas en el año 2018, la población mundial es de 7450 millones de personas, y hasta donde puedo saber e investigar no hay ni una sola persona con una huella dactilar igual, no sé ustedes, pero esto me confirma que su identidad es definida desde que usted nace, con características individuales y únicas que Dios ha depositado en usted, el problema son los parámetros que ha marcado la sociedad.

El psicólogo Walter Riso explica que en el cerebro humano se mezclan tres tipos de identidades tratando de imponerse una sobre otra: la real (lo que usted es), la ideal (lo que le gustaría ser), y la obligatoria (lo que usted cree que debería ser).

Creo que la mayoría, si no son todas las personas hemos pasados por problemas de identidad, puede que nos hayamos hechos preguntas como: ¿Quién soy yo?, ¿a qué vine a este mundo? Y por eso, hoy quiero referirme un poco a este tema, y para eso voy a usar la historia de uno de los profetas mayores de la Biblia, llamado Jeremías.

La labor de Jeremías fue llamar al arrepentimiento al pueblo de Judá, en una época donde estaban lejos de Dios.

Si leemos en Jeremías 1:4:9, se encuentra registrado el momento donde Dios llama a Jeremías: “Dios me dijo: Yo te elegí antes de que nacieras; te aparté para que hablaras en mi nombre a todas las naciones del mundo.

Le contesté: -Dios todo poderoso, yo no sé hablar en público, y todavía soy muy joven.

Pero Dios me tocó los labios y me dijo: -No digas que eres muy joven. A partir de este momento tú hablarás por mí. Irás a donde yo te mande, y dirás todo lo que yo te diga. No tengas miedo, yo estaré a tu lado para cuidarte.

Anteriormente, mencioné la explicación de las identidades que mezcla el cerebro, como leímos la real, es quien usted es, para mi está es lo que Dios depositó en usted, cada marca única y un propósito único, en el caso de Jeremías era una persona que iba a hablar el nombre de Dios a todas las naciones.

Lo ideal, es lo que usted quiere ser, si nos ubicamos en el contexto de la época de Jeremías fue una de las épocas del pueblo de Israel, por lo tanto creo que él lo que quería hacer era estar lo lejos del problema, y no ser el portador de la voz de Dios, sin embargo no es lo que queremos ser, es lo que Dios dijo que somos.

La ultima identidad que mezcla el cerebro es la obligatoria, lo que usted debería ser, esta creo que muchas veces se marca también por estereotipos, quizá Jeremías debía ser igual a los demás, pero de nuevo, no es lo que queremos ser, es lo que Dios dice que somos.

Jeremías puso un par de excusas para no tomar la identidad que Dios puso en él, primero dijo que no sabía hablar en público y luego pensó que era muy joven. ¿Cuál es la excusa que está poniendo usted?

Dios le ha dado a usted distintos dones y talentos pero muchas veces nos enfocamos en lo ideal y creemos que por estudiar una carrera equis vamos a tener menos valor. Lo ideal no es lo importante sino lo que Dios dijo de usted y si Dios puso en usted el talento de ser buen cocinero y en su amigo ser ingeniero, usted debe perseguir la identidad que Dios le dio y no la ideal para la sociedad. En otros casos nos enfocamos en lo obligatorio y creemos que debemos dedicarnos a una carrera “reconocida” porque si no, no vamos a calzar en un “estatus social”

No sé cuál sea su situación pero hoy le quiero motivar a escuchar la voz de Dios, deje que él le dé esa identidad real, deje que así como a Jeremías lo guie que Él sea quien esté a su lado y usted no tenga temor.

Jeremías estaba marcado por estereotipos, sin embargo Dios le recordó que no era quien era él, sino quien era el que estaba con él.

“Y aunque la gente de este mundo piensa que ustedes son tontos y no tienen importancia, Dios los eligió, para que los que se creen sabios entiendan que no saben nada. Dios eligió a los que, desde el punto de vista humano, son débiles, despreciables y de poca importancia, para que los que se creen muy importantes, se den cuenta de que en realidad no lo son” 1 Corintios 27–28 TLA