La teoría de los dos trenes (y un globo violeta)

Por ahí no es un hito. Es una noche más. Y eso es lo que la hace especial.

Tengo frío y hambre. La vista refracta calidez de un aparato calienta pies, y el ceño fruncido. Como cuando era chica. Ya está. Arañamos la primavera.

Para cenar rescaté un par de sanguchitos de miga, pero el olor a palo santo en el pelo daba un asado póstumo que ni probé. Escribo a puño y pincel, como siempre.

La noche cambia colores, y la cabeza también. El globo era violeta.

El sólo hecho de pensar que me va a costar leer esto en unos días, me hace titubear con la lapicera: ¿quiero que alguien lo lea en realidad? ¿o es una forma de esquivar los fantasmas en la habitación?

No sé - tuerzo la boca - debe ser por eso que me escribo las manos: “la voluntad es únicamente humana” me salvó en marzo: ¿y ahora?

Hace unos días, llegué a la teoría de los dos trenes. Estaba haciendo jueguito con un globo.

El primero, el tren fantasma. El del miedo, el hijo de puta que te paraliza. De carga y carbón, funciona a críticas. Te deja enredado en las vías para pasarte por arriba.

El tren culposo, tira seres maniatados con ojos vendados, en algún paisaje de película yanqui. No más que la bola de paja. Dura en el tiempo.

El otro, es el del movimiento vital para sobrevivir*. El del envión. El que hace. El tren de la vía láctea - esa que sabés - que no te perjudica el andar. El camino sin piedras. El que va para adelante porque es el único camino.

El de las certezas a poner en práctica: “a ver que sale de todo esto”, a pura materia. Nada de amagues.

Entonces, ya entiendo porqué escribo.

Mientras tanto, sigo pateando para arriba. El jueguito constante. La cabeza concentrada, pero sin el ceño fruncido. Que no caiga al piso me da esperanza, que da esperanza. Y hasta por momentos me saca alguna sonrisa.

El perro ahí cerquita. Mi familia y amigos. Y yo, en un esfuerzo sin forzarme - doy golpecitos al cuerpo redondo, tipo latidos del corazón - con mucha voluntad, buscando el equilibrio. Que no se caiga, que no decaiga.

El globo era violeta.

*mi abuela caminando.

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