No te extraño

No queda nada que extrañar. Lo que era extrañable te lo llevaste al baño durante tres horas a puertas cerradas, y ahí lo diluiste.

No tengo nada que extrañar, porque después de diluirlo todo en esa tina, rociaste con olor a hierba todos tus antiguos olores a chocolate y madera envejecida.

No me queda nada que extrañar porque me prohibiste que lo pudiera seguir tocando, hasta que lo olvidé. No extraño nada de ti, y si te veo ya no eres tú, ahora eres ese ser lejano que me alejó sin darse cuenta.

Ya ni tengo cosas que pueda extrañar. Te fuiste y le hiciste creer a todos que la que me fui soy yo. Incluso sentí miedo, te lo dije, te amé, te grité, te esperé cuando aún quedaba algo que extrañar. Allá se fue todo lo que extrañé. Ya no está, ya no hay qué extrañar.

Si volvieras, sería poco probable, invertir en otra mudanza sería un costo muy alto para ti. Ya te llevaste todo a esos lugares lejos de mi.

Cada uno se mudó hacia donde le pareció más bello.


Adiós.

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