A muerto mi Padre.

A fines de los años 60as, mi madre que vivía en una zona rural cercana a Curicó, llego a trabajar a la ciudad. Cómo muchas personas sin estudios y criados en medio del rigor del campo, el único oficio que podía desempeñar era el de empleada domestica, nana, o señora de la cocina, como quieran llamarla. Mi mamá ya había probado suerte en Santiago trabajando en lo mismo con una familia que consideraba que el servilismo era parte del día a día así que su pasada por la capital no fue del todo agradable. Todo termino una tarde cuando simplemente se escapo y volvio a su natal Curicó.

Una persona conocida instalo a esta chiquilla de 20 años en la casa de una familia de reconocido pedrigee, ese de Intendentes, Políticos, Agentes de Banco, Profesores de Estado y Abogados que independientemente de sus títulos, eran tremendamente humanos. La chiquilla de 20 años, trabajo poniendole pino y paso (en cierta forma) a ser parte de la familia, y es que por esa epoca todo era un tanto diferente y la popularidad del capitalismo aún no se transformaba en una moda que luego pasaría a ser un estilo y finalmente una forma de vida.

Un día la chiquilla se embarazo de un muchacho de campos (esa es otra historia) y el chiquillo que nacio fue acogido dentro de ésta familia Curicana que le dio cabida en las fotos familiares, en la gran mesa amarilla del comedor, en las fiestas de cumpleaños y en las navidades. En esa familia lo conoci.

Domingo Huerta, era el nombre de este señor que fue lo más cercano y parecido a un Papá (que tuve). Don Domingo era un Profesor de Química titulado en la Universidad de Chile, nacido en Santiago y criado por Emilia Galvez, a la cual también alcance a conocer. Era un tipo recto, en caracter y estampa, tenia una mente brillante y un amor incondicional por la historia. De hecho, cuando era chico recuerdo haber trepado montones de veces a una repisa que habia en su habitación para buscar la Enciclopedia Salvat, El Tesoro del Conocimiento, La historia de la 2da Guerra Mundial, La historia de Chile y un montón de otros libros, incluyendo algunos de Quimica y Matemáticas que honestamente y en particular nunca me interesaron mayormente. Mi papá era el señor de la casa, quitado de bulla (según recuerdo), desayunaba en la cama leyendo la Prensa, almorzaba a las 12.30 en la cocina siempre acompañado por un vaso de vino de chuica y a las 5 en punto tomaba onces. Le gustaba leer, le gustaba pasar sus tardes en el patio de la casa bajo el frondoso parrón de uvas que llegando la temporada el mismo fumigaba con un fuelle de los 50as heredado quien sabe de que situación.

Yo no era su hijo, pero yo lo veía como un papá, yo le decía papá.

Recuerdo viajes en tren a Santiago, otros a Valparaiso, muchos más a Iloca, recuerdo fotos con este señor que a veces me retaba por que no aprendía matemáticas o por que no podía motivarme para que aprendiera a usar una maquina de escribir. Me acuerdo cuando me compro una bicicleta y tambien cuando me llevo de paseo al antiguo Liceo de Hombres a pedalear por los amplios pasillos. Me acuerdo de sus amigos profesores y sus tallas internas que nunca lograba entender. También me acuerdo de los innumerables malos ratos que lo hice pasar.

Yo no soy una buena persona, pero dados los tiempos, tampoco soy un mala y lo digo por que mi papá y con el cual hable por ultima vez hace dos semanas atrás me llamo para simplemente saludarme y saber como estaba. Conversamos sobre su dia a día, sobre el acontecer político del pais y de su salud. Me dijo ese día que el doctor que lo atendió le dijo “Esta muy bien usted, tiene para 100 años más” y yo le dije, que bueno, te voy a ir a ver para el verano.

Ya estamos en Verano, pero no pensé que te vería acá, en tu funeral.

Siempre le contabas a todos que era el hijo de la Violeta, nunca me decías hijo, a mi no me importaba eso, yo te veía como mi Papá y hoy que te fuiste te digo buena suerte papá, pasalo bien en el cielo. Me quedo con los mejores recuerdos y los mejores momentos que me diste.

Gracias por tus consejos, gracias por todo.

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