El despiste, cosa de hombres

Muy seguido escucho que los hombres son más “despistados” que las mujeres. Escucho a mamás orgullosas de sus niñas hacendosas, que “llegan del colegio y guardan la mochila!”. Orgullosas de sus niñas inteligentes que hacen la tarea sin ayuda. Y al mismo tiempo las contrastan con sus hermanos varones. “Y… viste, es varón” “es muy despistado, deja todo tirado” “no se da cuenta de nada”.

Los nenes no se dan cuenta de nada y las nenas se dan cuenta de todo. Ellos andan por la vida en las nubes y ellas andan atentas a no molestar a nadie, ni desordenar nada, ni romper alguna cosa que sus hermanos hayan dejado tirada. Es que la diferencia está en que nosotras somos un estorbo y ellos no. En la concepción patriarcal, el hombre (si es blanco mejor) es el dueño del mundo, el que posee y habita los espacios. Y nosotras somos el decorado o el servicio. Nosotras embellecemos y limpiamos los espacios.

Los nenes no son tontos o inútiles. Tampoco despistados. Tienen una mamá (o abuela/tía/hermana) atrás que va ordenando y limpiando lo que dejan tirado. Las nenas en cambio, son elogiadas y aceptadas cuando se comportan como servicio de limpieza. Así aprehenden ese comportamiento (aceptado socialmente) y lo reproducen.

-Sumemosle a esto los juguetes sexistas, la crianza binaria y la influencia del sistema patriarcal en la configuración de sus cabecitas-.

El problema de esta inutilidad selectiva que fomentan los padres, es que les generan a las nenas una constante actividad mental dedicada a ser perfectamente soportables y a los nenes una inutilidad tal que dependan de su madre para hacer cualquier cosa -y en un futuro, de su novia-.

Entonces a la hora de educar y de pedir, no exijamos siempre a las nenas porque son más “inteligentes”, más “atentas” o más capaces. Démosle un poquito de responsabilidad a los nenes para equiparar un poco la cosa. Nosotras no tenemos el poder del orden y la limpieza innatos, aprendimos que ser mujer es ser un servicio doméstico y de crianza. Y que si no nos comportamos de esa manera nunca vamos a ser amadas.

El mayor miedo de una mujer según la cosmo es que ningún hombre la ame jamás. Por eso cumplimos las tareas de servidumbre a rajatabla y con una sonrisa. Sólo nos esforzamos por no ser un estorbo para los tipos. Porque lo primero que se dice de nosotras es que lo único que hacemos es romperles las pelotas.