David Bowie es.

Hot tramp, I love you so.

De niña supe desde el inicio que el rey Jareth de «Laberinto» era David Bowie por todos esos cassettes de los tantos viajes en carretera, por los LP’s de los domingos con papá y hasta por los videos Beta y VHS que veíamos juntos todos en casa. Yo quería ser la chica de la película, Sarah, para que me llevará con él.

Todavía recuerdo como en loop la canción de Ziggy Stardust y ese póster del cuarto de mi hermana al que me iba a dormir cuando tenía miedo. Ese hombre espacial delgado de ojos bicolor me intrigaba, me gustaba. ¿Hay realmente las arañas de marte?, pensé alguna vez.

Selfie de hace cuatro años con el póster de Pao que aún existe.

Una vez mamá cambió de look: se cortó los rizos largos, esos muy finales de los ochentas, y usó un pixie. Papá le dijo que le encantaba y que se parecía al cabello de este artista que fue parte de nuestro imaginario, de nuestro soundtrack familiar.

La postal que le regalé a mi hermana porque es algo que a nosotros como #CastilloCrew nos importa. 🖤👩🏽‍🎤

Usaba sus canciones en los programas de radio de la escuela, dediqué sus letras a los primeros amores y ahora es lo que sigue sonando en casa a todo volumen y en los audífonos para trabajar.

Nunca fue raro para mi ver un hombre maquillado, disfrazado, desnudo, libre. Tampoco observar trajes galácticos, cabellos multicolor, histrionismo. Cada que pienso en eso agradezco la casa en la que me tocó crecer.

Museo de Diseño de Barcelona Foto: Mariana Castillo

«David Bowie Is» en el Museo del Diseño en Barcelona ha sido de las mejores experiencias en mi vida adulta. «The Thin White Duke» es parte de mi propia historia.

Al llegar a ella recibes unos audífonos y no es la típica guía aburrida en la que vas picando números para conocer datos: es un artefacto que detecta en qué área estás y reproduce justo lo que ves. Arte gráfico, animaciones, fotografías, instalaciones…

De las únicas que tomé: espectacular animación de sus inicios en el sax y en los King Bees Foto: Mariana Castillo

De repente, escuchabas la voz del camaleón, luego una canción, de él o de Little Richard, Brian Eno o Lou Reed. Era como entrar en un documental vivo del que ya eras parte. Y aunque J. iba conmigo viví una expo íntima, mi propia «David Bowie Is».

Ahí se muestra el traje rígido que uso para ese clásico que cantó con Klaus Nomi, al poodle rosa con pantalla en la boca, su gusto por H.G. Ballard, Rainer Maria Rilke, Marlene Dietrich y otros tantos, así como su propio puño y letra en sus tantos bocetos o las fotos cuando actuó como «El Hombre Elefante».

Lloré un poco justo en la última sala: un gran cubo con proyecciones por doquier con los trajes de sus shows más emblemáticos. «Rebel, rebel» sonaba, nos sentíamos en un concierto. Algunos bailaban, otros cantaban y movían el pie para marcar el ritmo.

Sentí que me hablaba, que me veía como cuando lo reconocí en aquella película de Jim Henson. Pensé en lo mucho que mi familia hubiera disfrutado estar ahí. Lloré de alegría y nostalgia, de sentir que todo está en el lugar donde debe, por ese día, por ahora.


Autoretrato en postal Foto: Mariana Castillo

Esta postal que comparto es un auto retrato de David. Quizá se te haga conocido porque es tal y como lo muestra la fotografía de Masayoshi Sukita del disco «Heroes» de 1977.

Además de la famosa que le da título al disco, disfruto la de los hijos de la era silenciosa, de miradas en blanco y cuadernos.

«Sons of the silent age

Stand on platforms, blank looks and notebooks

Sit in back rows of city limits

Lay in bed coming and going on easy terms

Sons of the silent age

Pace their rooms like a cell’s dimensions

Rise for a year or two then make war

Search through their one-inch thoughts

Then decide it couldn’t be done».

Hoy me teñí el cabello como el hombre de las estrellas que nos espera en el cielo. Hoy salimos de comer y «Ashes to ashes» (que remite a ese traje de Pierrot espacial inolvidable) nos despide del restaurante.

Gracias por este viaje, Davie.

J. me tomó tonteando en la entrada de la expo.