Ayúdame a enseñar mis cicatrices

La existencia inexistente que nos centra en una vida expectante y que por consiguiente, nos remite a las estrellas, nos convoca a una cierta esclavitud de sueños por conseguir. Nuestros objetivos se centran en conseguir el sueño idílico del bienestar, los esfuerzos por estar bien, se encargan de minar nuestra pobre existencia. ¡Ahí de aquel que no tenga sueños!, nos bombardean las promociones publicitarias, nos obligan a consumir, a conseguir el mejor coche, el mejor traje, el mejor amante….

Me revelo a ser uno más, me revelo a convertirme en el hombre perfecto. Soy así, un pobre humano que solamente vive como mejor cree. Lucho por las justicia, por mis hijos y por mis allegados. Algunas veces alzó la voz, cometo errores por doquier, y más de una vez hago daño a gente que quiero. Soy yo, soy el que también se preocupa de conseguir la felicidad de quien me rodea. Me preocupo por enseñar la vida en su máxima realidad, miro la vida por mi objetivo, o mejor dicho por mi doble objetivo, el de la cámara fotográfica y el que me marco. Consciente de que simplemente soy imperfecto, pero que no quiere causar la mejor impresión de los que me rodean. Mi mano siempre estará tendida para quien la necesite. Estará tendida hasta la genuflexión más profunda, pero con el riesgo de romperla. En esa ocasión la rotura es imborrable y dejará una cicatriz que hasta ahora permanecía oculta.

La vida es sabia y a la vez buena profesora, te ayuda a enseñar las cicatrices.

Querida vida, gracias por estar en mi, y gracias por enseñarme.

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