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¡Bienvenidos al Columpio del fin del Mundo!

Es muy loco, pero a veces organizar un viaje es mucho más fácil que organizar un asado con los perros. Sí, así mismo.

Soy de los que piensa que en Paraguay hay muchísimo por recorrer y conocer. Antes de volver a un lugar prefiero ir a otro destino para seguir tachando lugares en la lista de “rincones pisados” en esta bendita tierra.

La cosa fue así, entre 5 amigos tomamos la decisión de ir hacia el sur del país. El presupuesto que nos pusimos fue de G. 1.500.000. Cada uno aportaría 300 mil guaraníes. Entre combustible, alimento, pagar lugares dónde acamparíamos y alguna que otra actividad, le dimos casi casi en el ojo. En realidad, le dimos en el ojo pero por caraduras decidimos hacer algo que no estaba en los planes y ahí sumamos unos 50 mil guaraníes más cada uno. (Siempre entre los perros hay uno que tiene el as bajo la manga. Léase plata extra, ¡CRACK!).

Salimos el jueves santo de mañana, bien temprano, hicimos el primer chequeo técnico: llenar tanque, corroborar agua, calibrar bien las ruedas bien y, como corresponde, tener listos dos tereré súper cargados para la recarga cuando uno de ellos se terminaba.

Aun no soy un brillante con las rutas pero de algo estoy seguro: la Ruta 1 le hace 6–0 a la Ruta 2 en cuanto a paisajes. Es más alegre a la vista.

Voy a ir dejando unos cuantos #PasterTips.

Evidente es que el “chofer”, la mayoría de las veces, va a ser el dueño del vehículo. El copiloto, siempre tiene que ser uno que hable mucho pero cuidando el detalle que no sea demasiado pesado con el conductor, diciéndole cómo manejar y otras cosas. Parece estúpido, pero cuando haces un viaje largo, realmente influye.

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¡Partiendo!

Quisimos hacerlo todo al ritmo de Semana Santa (¿). Para la primera parada de nuestro viaje compramos chipa y café para el desayuno. Juro que si agarraba una piedra y acompañaba el café sería lo mismo ¡FRACASO DE CHIPA!

Al llegar a San Ignacio Misiones, queríamos probar el chorizo misionero, comida típica de esa zona. Pero para nuestra suerte, después de recorrer la ciudad y pasar por Santa Rosa, no encontramos ningún lugar, ni uno solo, que los venda cocinados. Todos los locales solo tenían para llevar y cocinar (que al final no resultaría mala idea, pero no lo hicimos).

Nuestro destino principal como viaje era conocer el Cerro Indio Dormido en la localidad de Nueva Alborada, Itapúa.

Pero antes de llegar a ese objetivo nos dimos varios gustos. Ya que algunos no conocíamos la ciudad de Carmen del Paraná, fuimos a la costanera de la ciudad, nos bajamos y disfrutamos unos minutos. Un pueblo bastante chico y acogedor.

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Parar acá la excusa perfecta para vaciar tanques. El que lee entienda.

Continuando viaje, llegamos minutos más tarde a Encarnación. Obviamente también fuimos a la costanera como buenos paraguayos que no pueden pues dejar de hacer eso. Y sí, la costanera encarnacena le hace 20–0 a la de Asunción, por la vista, por la amplitud. Pero esa discusión la pasamos de largo nomás.

En Encarnación, ya al mediodía, paramos en un supermercado para almorzar y comprar las cosas necesarias que íbamos a necesitar para merendar y cenar esa tarde-noche y desayunar al día siguiente. Prácticamente, el gasto promedio ahí fue de 20 mil guaraníes por plato. Hasta acá andábamos como reyes.

Eso se puso bueno porque partimos hacia Nueva Alborada, ubicada a unos 50 km de Encarnación. Una hora más de viaje. Cuando vas a algún lugar por primera vez, todo da gusto. La sensación de viajar y conocer nuevas cosas es inexplicable. El circuito turístico que ofrecen ahí es bastante amplio.

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El Cerro Indio Dormido se divide en: Pie Izquierdo, Pie Derecho, Panza, Cabeza. Ni idea de lo que nos esperaba pero como queríamos ver la gruta del cerro, nos quedamos en la panza.

En ese punto uno puede hacer rappel (G. 40mil), camping (G. 30 mil), subirse al Columpio del fin del mundo, el trucho, (G. 10 mil).

Para llegar a la cima de esa parte del cerro, desde el estacionamiento, uno solo camina unos 300 metros. No es mucho, pero es agotador cuando subís y bajas varias veces como nos tocó hacer. Lo primero que hicimos al llegar, obviamente como todo niño con juguete nuevo, fue ir al columpio. ¡LOCURA! Esa combinación de paisajes, altura, columpio. ¡INGUEROVIABLE!

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El columpio del fin del mundo, tenés que sentirlo.

Cuando llevas vehículo todo se hace mucho más cómodo. Podés dejar tus cosas para hacer reconocimiento del lugar y luego volver para llevar lo que vas a necesitar. Fue lo que hicimos. Llevamos las cosas del camping, todo lo que íbamos a comer, etc. A eso de las 15 o 16 hs. ya teníamos todo listo para dormir, las carpas hechas y el lugar para el descanso bien establecido . Empezamos a buscar material para el fogón, para que aguante bastante el fuego. Toda una odisea porque no había mucho para tirar al fuego. ¡AH! En el súper habíamos decidido que nuestra cena consistiría en tirar unos chorizos al fogón. ¿Se acuerdan que les comenté lo del chorizo misionero? ¡Campeones somos! Hubiéramos comprado.

En este punto me detengo un poco para dar especial énfasis a algo. Cuando empezó a caer la tarde empezamos a sentir la presencia de unos ¡seres paranormales, como venidos de otro planeta! Eran unos mosquitos gigantes. Nuevamente los campeones se dieron cuenta de algo, ¡GILES EL RE PE LEN TEE! Es sumamente necesaria la presencia y el aporte femenino en este tipo de casos. Ellas nunca se olvidarían estos detalles.

Debajo del Cerro había un almacén. Fuimos para comprar algunas cosas que nos faltaban, entra ellas el bendito espiral ahuyenta mosquitos. Al salir de ahí me acordé de que algunos en el campo queman bosta seca de vaca. Especialmente nunca supe para que hacen esto pero me imaginé que podíamos usar para espantar los mosquitos (¿quien era? ¿Mc Giver?). La señora muy buena onda me dio permiso para entrar a su patio y juntar cacá seco de vaca. ¡Gracias señora!

Volvimos a subir al cerro. La idea de la bosta obviamente fue lamentable. Ni un funcionar. El espiral ayudó algo, pero no. Tuvimos que adaptarnos nomás ya al ambiente y proceder a preparar la cena. El fuego no ayudó mucho y la idea del chorizo tampoco fue de lo mejor que digamos.

Lo que vale la pena de acampar lejos de las luces de la ciudad es que estás, al menos por una noche, en contacto pleno con la naturaleza. Ese momento íntimo entre vos y las estrellas, la luna, el viento fresco. Antidepresivo natural por excelencia.

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¡Simplemente hermoso!

Al día siguiente conocimos la gruta del Cerro. Está todo bien señalizado y hay un guía que te acompaña. Brillante experiencia. No es mucho el recorrido. Uno puede ir al lugar en familia, con los chicos. Ropa cómoda. Cerca del estacionamiento hay dos baños. Para hacer número 1 y número 2, y el otro solo para ducharse.

Al terminar esa primera aventura, pasamos de ahí a lo que sería la cabeza del cerro, donde se encuentra el #ComplejoEcologicoMuseodelaÁrbol. Los árboles en su gran mayoría están todos nombrados para conocer un poco más sobre botánica. Para nuestra sorpresa al llegar, leímos un cartel que decía “columpio del fin del mundo”. ¿Queeee? ¿Dos columpios del fin del mundo? Obviamente fuimos por el sendero hasta llegar ahí. Llegamos. ¡Era el verdadero columpio del fin del mundo! ¡El otro era uno trucho! Claro que también subimos a este. Mucho más elaborado y seguro. ¿El costo? G. 10 mil.

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¡El verdadero Columpio del fin del mundo!

Acá también tenés la opción de tirarte con una tirolesa de aproximadamente 150 metros. Creo que salía cerca de G. 40 mil. En el lugar te pueden preparar asado y sopa paraguaya. Es cuestión de coordinar al llegar para que cuando termines el recorrido esté todo listo y te sientes a disfrutar del banquete.

En la zona de Nueva Alborada hay una casa que se dedica a la apicultura. Uno de los muchachos quería ir a conocer. La verdad que a mí me daba igual ir o no. Fuimos. Y fue algo que no me arrepiento de haber hecho. Conocer el proceso, los detalles de la obtención y preparación de la miel. Sencillamente fantástico. Salvo por la incomodidad de que algunas abejas merodean alrededor tuyo y estás como medio tenso, pero es pasable.

Finalizamos nuestro tour por la zona con mucha alegría. Era momento de volver hacia Encarnación.

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Muy bella la Nueva Alborada.

Habíamos quedado en ir el sábado bien temprano a conocer las dunas de San Cosme y Damian. En la ciudad de Encarnación hicimos recarga de provisión de alimentos. El tema es que estaba casi todo cerrado por ser viernes santo. Camino a la ciudad de San Cosme, hicimos la obligatoria parada en Coronel Bogado para comprar chipa. ¡Por fin dimos en el ojo con la chipa! ¡Riquísima!

Llegamos de noche ya a la ciudad de San Cosme y no teníamos problemas en acampar en la plaza o cerca del río para esperar el día siguiente hasta que salga el primer barquito. Uno de los muchachos tiene una tía en la ciudad y nos ofreció quedarnos en su casa esa noche para deleite nuestro.

La mañana del sábado amaneció algo gris. ¿Malas noticias? No sabíamos. Fuimos al local de la Senatur para preguntar qué onda así con el clima y las Dunas y nos respondieron que los barquitos saldrían sin problemas. La frecuencia de la salida de las embaraciones era de uno cada hora. Ya en el lugar, pagamos G. 60 mil cada uno para el viaje, ida y vuelta. El clima no se veía nada bien. A lo lejos se podían observar nubes de tormenta. Subimos y empezamos el viaje de 45 min hacia las Dunas. En medio del viaje se veía caer el primer rayo a lo lejos. Ver la cara del “capitán” y su ayudante no ayudó mucho a nosotros, los tripulantes. Teníamos ganas de decirle que bordeé las Dunas y volvamos. Pero ya estábamos cerca de llegar.

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El primer barquito que salió esa mañana ya volvía hacia el puerto. La tormenta a lo lejos.

¡Por fin conocí las famosas Dunas! Admito que en fotos es mucho más linda que estando ahí. Dicen los entendidos que a medida que pasan los años, va desapareciendo cada vez más. Así es que apúrense los que quieran conocer. Creo que valió la pena ir hasta ahí. Ah, uno se queda alrededor de una hora en las Dunas, luego otros 45 min de viaje de vuelta hasta llegar al puerto de San Cosme.

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Los muchachos divirtiéndose. Parte de un video.
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¡Hola extraños! Nos juntamos para la foto grupal.

Entre todo ese recorrido ya era el mediodía del sábado. Para ir cerrando nuestro viaje y volver a Asunción (no queríamos volver domingo para ahorrarnos el estrés del tráfico en el #operativoretorno) pasamos por la ciudad de Ayolas, lugar que no conocíamos y donde decidimos comer algo para volver más tranquilos, hablando estomacalmente.

Nuestro viaje fue muy tranquilo, sin ningún sobre salto. ¿El playlist? Variado papá. Ka ka ka chi po rros! Drexler, John Mayer, Ska p, Ripe Banana Skins. Con este viaje llegue a la conclusión que el himno oficial para viajar debería ser…. Nah, me guardo para mí.

Hay viajes que pueden traer malas y buenas experiencias, a veces un poco más de lo otro pero solo queda experimentar y ver qué sale. Nunca se sabe. Algunos dicen que nuestro país es chico, pero la verdad que hay demasiado por conocer allá afuera. Pega liberarse de la rutina, agarrar la mochila y salir de viaje a cualquier lugar.

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