Carta sin remitente.

Dos almas que no estaban destinadas a ser.

¿Por qué seguiré escribiéndote? Pienso que lo hago para poder recordarte y saborear de nuevo aquellas flores como pequeño colibrí en plena noche de primavera; porque aún, a pesar del tiempo, sigo con el deseo de escucharte, aunque en el fondo sea un suplicio.

Quisiera florecer para decir que hemos cambiado, con un anhelo por vivirte de nuevo; recorriendo las habitaciones de cada uno de nuestros recuerdos, hasta sentirlos vivos y atarme a ellos. Es tan melancólica la situación, pero gustabas tanto del chocolate como yo de las fresas que aún lo recuerdo, las adorabas, tanto como yo verte comerlas.

Mira dentro de mis ojos, piérdete, róbame el alma con un beso que me lleve hasta mi muerte. Quiero que te lleves todo.

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