Las cosas bellas

primera entrega


Es así. Sin reglas. Arbitrario. Esta es la primera entrega de una serie. Es, también, una guía, si querés. Si no querés, entonces no. Se llama “las cosas bellas”. Primero, porque lo son para mí. Y no es necesario ahora esgrimir más razones. Prometo que las esbozaré si fueran necesarias. Espero que no.

Empiezo estas escrituras pensando en capturar sensaciones que me generaron determinados momentos que pasé en mi vida, o que acontecen a diario. Lo hago pensando con responsabilidad, creyendo ingenuamente que servirán, sobre todo, para que mi hijo encuentre algunas herramientas que lo acerquen, precisamente, a las cosas bellas.

La primera de las cosas bellas que voy a enumerar en esta lista es a Paco de Lucía, y porque justo hoy se acaba de morir Paco de Lucía. Sin dudas una de las personalidades musicales del siglo 20. Así lo muestran las miles de crónicas que se han publicado al respecto: reseñas de sus discos, de sus conciertos, de sus inquietudes y de sus respuestas. De sus aciertos y de sus errores. De su persona.

Mi amigo Martín dice que “Paco, por ejemplo, incorporó el cajón de origen afroperuano al flamenco y ya nunca lo dejó. Paco, por ejemplo, dialogó con el jazz y la música culta. Llevó el flamenco al mundo y el mundo vino al flamenco”. Yo estoy de acuerdo con mi amigo Martín en esta, y en tantas otras cosas. Menuda puerta de entrada al género flamenco resulta Paco, que te lleva a Camarón, que te lleva a La Leyenda del Tiempo: soberbia demostración de cojones musicales, en letra y en música. Yo creo que Camarón no hubiera sido sin el Paco y que Paco no hubiera sido sin Camarón. Y recomiendo también que lean el artículo completo de mi amigo Martín.

Camarón y Paco

A primera vista, se asoma Paco como una persona muy querida. Si tanta gente habla bien de vos, considero que debes haber hecho alguna que otra cosa bien. Supongamos que así fue, asumamos por un momento sin discutir, que el Paco fue una buena persona.

El Paco me enseñó una vez que era “de Lucía” porque así se llamaba su madre. Tremendo respeto para con mi madre y para con todas las madres del mundo que sean bellas y amorosas como la mía y como la Lucía. Yo sería “Marcos de Susana” siguiendo esa línea. Sólo por ese detalle en la elección de su nombre artístico, en esa distinción tan propia de su tierra, ya es para mí un iluminado y un luminoso.

El Paco dice que el hombre de mar es distinto: “es más soñador y con sentido de libertad”. Solo mirar el mar te va generando cosas: es una criatura en movimiento constante y no se apacigua. No se detiene ni se conforma. Al menos no el mar que yo conozco. Eso es un poco Paco, también: un quiebre y una transformación. No un punto y aparte. Un punto final y una página en blanco. Bella es su música, entonces, también.

El Paco te perfora los oídos y se vuelve inevitable: su música se te cuela en la sangre y no podés desconocerla, uno no puede desentenderse del asunto fácilmente. Te deja pensando en cosas lindas, a pesar de que siempre relacioné el flamenco con cosas tristes, así las músicas fueran festivas. Igualmente, hay algunas cosas tristes que también son lindas.

Paco es lindo entonces. Más allá de que hoy lo recordemos por su muerte, una cosa triste.