Ojalá los robots nos quiten el trabajo

¿Tendría sentido aspirar a trabajar cada vez menos?, ¿que ése sea nuestro objetivo como sociedad? ¿Salen las cuentas?

Es cierto que hoy en día tenemos coches eléctricos, aire acondicionado, adopta un tío, vacunas, fútbol a todas horas y al Rubius… Pero probablemente necesitemos trabajar muchas más horas al día que los cazadores-recolectores. Hay algo que no estamos haciendo bien ;)

Los robots pueden ser nuestros amigos, pero los vemos con recelo y tiene sentido. Las conquistas sociales de los últimos siglos se asientan sobre el trabajo. Cobramos pensiones gracias a que hemos trabajado y el paro es un apoyo puntual en la búsqueda de empleo.

Como indica Ramón González Férriz, los cambios tecnológicos actuales son una tontería si los comparamos con los vividos por nuestros abuelos. Plataformas como Airbnb o Uber tecnológicamente son sencillas y se basan en lenguajes de programación que ya peinan canas. En la inteligencia artificial también hay mucho de humo y de peliculero… Para qué lo vamos a negar.

Pero hoy en día pequeños cambios tecnológicos tienen consecuencias sociales espectaculares. Airbnb puede ser la tecnología que más afecte al urbanismo desde la popularización del coche; Uber o Blablacar ponen en pie de guerra a sectores del transporte y la robotización de la industria es la gran esperanza para que la productividad no dependa tanto de los salarios.

Hoy en día pequeños cambios tecnológicos tienen consecuencias sociales espectaculares.

¿Tiene sentido temer por nuestros puestos de trabajo? Según las estadísticas, no. En los países donde hay más robots, encontramos los índices de desempleo más bajos. Por lo tanto no parece que haya que buscar por aquí los culpables.

En realidad estas nuevas tecnologías crean una infinidad de trabajo. El problema es que muchas veces no están regularizados y forman parte de una economía sumergida (el que limpia su casa y compra desayuno para un Airbnb) o casi invisible (quien publica una foto en Facebook)

Ojalá los robots y la tecnología ayudasen a que vivásemos todos un poco mejor, trabajando menos horas. Pero por ahora no es así. Lo que está claro es que la tecnología no nos asegura nada ni para bien ni para mal. Las consecuencias dependen más de nuestros usos y de las leyes, que de las propias características del cacharro.

Vale la pena pensar en cómo podemos utilizar estos cambios para que generen un beneficio real para la sociedad y en cómo podemos llegar a esa utopía en la que las máquinas hacen todo el trabajo sucio mientras los humanos descansamos.