Y si no hay suficientes ideas para tanta tecnología

¿Cuáles son las consecuencias de concentrar todo el conocimiento mundial en manos de un puñado de empresas? ¿Cómo pueden subsistir los autores en este contexto? ¿Es posible competir contra Google, Facebook y Amazon? Éstas son las preguntas que se hace Franklin Foer en Un Mundo Sin Ideas, una obra crítica con los modelos de negocio de estas grandes multinacionales.

La idea principal de Foer es que estos gigantes se convierten, en la práctica, en monopolios. Son organismos que, una vez se asientan como líderes, se van haciendo prácticamente indestructibles. Una idea que choca frontalmente con la típica idea de mercado perfecto con la que tanto se ha vinculado Internet.

El otro gran eje sobre el que discurre el libro está relacionado con la autoría y los medios de comunicación. El pasado de Foer como editor hace que éste sea el análisis más rico. Mientras toda la humanidad crea conocimiento, unos pocos le sacan toda la rentabilidad.

Marcar cualquier relación entre Su modelo es infinitamente mejor que el que han reemplazado. Google y Facebook no pagan por ninguno de los artículos que presentan al consumidor, y su escala de ofertas es infinitamente más amplia que la que jamás podrían reunir las viejas empresas mediáticas. Al fin y a la postre, están organizando la producción íntegra de la humanidad.
- Franklin Foer -

Es muy interesante como Foer entra en la causas culturales que legitiman este tipo de negocios. Considera muy contraproducentes tendencias como la de la creación colectiva o las que atacan el copyright. En Silicon Valley la individualidad creadora sólo se valora en el campo de la ingeniería y el management. Por el contrario la intelectualidad, el arte o el conocimiento cada vez gozan de menos prestigio.

Entrando en las raíces ideológicas también merece destacar los análisis que extrae de las teorías de Sherry Turkle. La idea de que se puede conseguir una inteligencia artificial fuerte parte de aceptar una premisa, que el cerebro humano es una suerte de programación y, por lo tanto, se puede llegar a emular y superar desde la ingeniería informática.

Para el freudiano, el inconsciente; para el marxista, la relación con los medios de producción […] Para el investigador de AI, la idea de programa posee un valor trascendental.
- Sherry Turkle -

En el fondo este planteamiento es el que desprestigia el conocimiento creado por personas y plantea que las máquinas serán capaces de mejorarlo en el futuro. Sin embargo todo el modelo de negocio de Google se basa en extraer valor del conocimiento creado por humanos.

Da cierto miedo cuando Foer relata la aventura de Larry Page digitalizando todos los libros del mundo para alimentar a una inteligencia artificial de Google. Esta jugada rompe totalmente las reglas del juego de la autoría. Al utilizar las obras para el aprendizaje de una máquina, los derechos de autor quedan totalmente fuera de juego porque no hay reproducción o publicación como tal. Una vez más Google consigue a cero dólares su materia prima.

Todas estas tendencias están llevándonos a que cada vez haya menos contenido de calidad porque los negocios que crean conocimiento no son viables. Fake news, clickbait (titulares sensacionalistas e intrigantes para conseguir visitas) y la precariedad se convierten así en las consecuencias indirectas de estos modelos.

Por aquello de ser también crítico con los críticos, para mi gusto Foer peca de nostálgico respecto a los medios de comunicación y la industria cultural. Se echa en falta un análisis de nuevas formas de creación que se sirven de estas nuevas plataformas para saltarse intermediarios. Parece obligatorio en la actualidad tener en cuenta a youtubers, influencers, podcast o modelos de negocio digitales que no se basan en la publicidad, como el mismísimo Netflix.

La creación cultural y el periodismo pueden y deben explorar otros modelos de negocio. Volver al pasado no parece que sea la solución más sostenible a largo plazo y tampoco esas industrias eran paradisíacas para los trabajadores.

Ahora mismo parece que todas las leyes que intentan proteger a las industrias culturales lo hacen en contra de la neutralidad de la red, la libertad de compartir entre usuarios y la limitación del link o la cita. Yo sigo pensando que ambas cosas no están tan directamente relacionadas, pero sí que es cierto que no podemos dar prioridad a funcionalidades tecnológicas sobre derechos laborales.

En definitiva es una obra muy ágil y entrentenida que nos anima a preguntarnos las consecuencias sociales de los nuevos modelos de negocio digitales. Cada día hay más herramientas para recibir información y para gestionar conocimiento pero, ¿es posible que éste se siga creando en estas condiciones? ¿Vamos hacia un mundo lleno de vídeos de gatitos, pero sin ideas?