Salgo a la calle, camino dos cuadras y me encuentro con que mis vecinos decidieron talar los árboles y dejar sus restos tirados sobre la vereda, lo cual molesta el paso del peatón. Es obvio que los arrojan sobre la vía pública esperando que venga el carrero y, por unas monedas, se los lleve. Hago unas cuadras más y voy viendo pasar los autos. Identifico cómo, desde una 4x4, se arroja una botella hacia la calle. Rompiendo con el silencio mañanero, doña Pocha insulta a ese automovilista desubicado, mientras que con su mano derecha sostiene la manguera que derrocha agua sobre la vereda. Un vecino le avisa a Pocha que está malgastando agua, en el mismo momento en que él saca su basura sin diferenciar. Yo observo todo llevando puesta una campera comprada “en negro” y hecha en un taller clandestino donde explotan a hermanos bolivianos. Como vemos, cada uno ejerce una mala acción sobre el prójimo y sobre el medio ambiente. Todos creemos que la culpa la tiene el otro, porque nos consideramos inmaculados y sin pecados. Por esa convicción egoísta, el mundo está cada vez peor. Aunque todavía nos quedan esperanzas porque sabemos que hay locos cuya razón de vida es cuidar el mundo para dárselo a los que vienen. Tenemos que tomar conciencia de que todo lo que hacemos en nuestra vida repercute en la vida del otro y del medio ambiente, pues vivimos en sociedad. Busquemos ver más allá y empecemos a cambiar hábitos, consumos, formas de conducta, y hacer que nuestra filosofía de vida sea sustentable.
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