Distancia

El Puente de los Enamorados en Tamsui.

Desde que llegué a Taiwán me he dedicado a observar las pequeñas pero importantes diferencias que existen entre los modos occidentales de hacer las cosas y las maneras en las que éstas se hacen aquí.

Mis viajes al rededor de Occidente me han enseñado que de alguna u otra manera el modo de vida en nuestro hemisferio se ha homogeneizado de una manera tan sutil que al visitar otros paises del mismo, no nos sentimos tan extraños o perdidos como cuando se visita el Lejano Oriente.

Una de las diferencias que más me ha llamado la atención es la manera en que la gente aquí intenta mejorar sus relaciones personales.

Si uno tiene problemas con su pareja, por ejemplo, el consejo más popular y, según me cuentan, efectivo, es distanciarse lo más que se pueda de una persona.

Es así como la gente aquí puede pasar meses e incluso años sin ver a personas que ama en verdad, pero teniendo en mente que aquella persona estará ahí para él cuando decida regresar.

Esta técnica tiene, como todas, sus ventajas y desventajas. He conocido a parejas que han superado exitosamente estos tortuosos periodos de separación y vuelven después de años y juran que se aman con mayor intensidad que antes.

También están los aspectos negativos. Por ejemplo (y esto ocurre generalmente cuando alguna de las partes es occidental) la relación no se salva y muy pronto queda en el olvido, o cuando una de las dos partes decide terminar y el otro está aún enamorado, le puede tomar años seguir adelante porque espera el regreso del otro.

Y es que en Occidente se nos ha olvidado cultivar el arte de la paciencia. Podríamos culpar a la tecnología, pero Taiwán, por ejemplo, es un país inmerso en ella y sin embargo sigue cosechando generaciones de gente paciente y tranquila.

A ver si se me pega algo de eso.

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