Desafío Uritorco

El pasado domingo 2 de octubre viví una de las experiencias más arduas y desgastantes de las que he participado. Corrí por primera vez los 17 km correspondientes al “Desafío Uritorco”, competencia llevada a cabo en la ciudad de Capilla del Monte, Córdoba.

Claro que no fueron 17 km normales. El trail runnig es una actividad deportiva muy exigente, que a diferencia del runnig clásico, se realiza en terrenos de serranía o de montaña, con lo cual el esfuerzo y desgaste físico se incrementan considerablemente. Es indispensable además, una fortaleza mental un tanto más aguerrida para encarar este tipo de locuras.

La largada estaba prevista para las 9 hs en la antigua estación de tren de Capilla del Monte. La mañana pintaba lluviosa, con el cielo encapotado, pero con una temperatura más que agradable. Después del pre-calentamiento dispuesto por los organizadores, arrancó la carrera.

Los primeros 3 km no representaron ningún tipo de dificultad, todo por camino de tierra. En el trayecto, el Uritorco (una masa de roca imponente) se alzaba por delante, como advirtiendo lo que se avecinaba. Así transcurrió el camino hasta la base del cerro, donde después de sortear una desvencijada tranquera, el monte incipiente se hizo tangible.

A partir de allí todo cambió. Al principio, la subida fue llevadera entre matorrales, espinillos, algunas ramas bajas y un terreno entre tierra, yuyos y piedras de variada consistencia. Fue un tramo que no duró demasiado para convertirse en un sendero de piedra de inclinación importante, con tramos de roca sólida y tramos de pedregullos bastante sueltos. Así las cosas, el trayecto fue eso: un ascenso duro, enrevesado y agotador.

Promediando la hora y media de carrera por fin apareció el “puntero” bajando a lo Correcaminos (beep beep!). Me pasó el segundo, el tercero.. y la primera dama. Ya, mirando hacia atrás, se podía observar toda la inmensidad del valle, la ciudad de Capilla y el Dique El Cajón en toda su extensión. Hacia arriba, la cumbre del cerro me esperaba impaciente.

Después de pasar por una breve explanada y de encarar el último tramo de roca escabrosa, llegué a la cumbre. Mi reloj marcaba “02:10”. El cielo se mantenía cubierto y el frío viento de ahí arriba se hacía sentir. Estaba extenuado. Mis piernas habían empezado a mostrar signos de entumecimiento por todos lados y el cansancio era terrible. Decidí tomarme 20 minutos para descansar, estirar un poco las piernas, hidratarme y clavarme un sustancioso Terrabusi.. Je!

Después de sacar las debidas fotos y de resignarme a que no tendría un “encuentro cercano” de ningún tipo, encaré la bajada con la mayor celeridad posible.

El descenso se dio bastante complicado, con mucha piedra suelta en algunos tramos. Los calambres, latentes en todo momento, decían presente cada vez que derrapaba o perdía el equilibrio. Otro que dijo presente fue el sol para elevar la temperatura del mediodía y complicar aún más las cosas. Al fin llegué al puesto de hidratación en la base (me había acabado toda el agua por allá arriba). Muerto de sed, cogí dos botellas de Bonaqua y encaré el tramo final a todo trapo. Las piernas me respondieron bastante bien al principio (y hasta me dí el lujo de sobrepasar a algunos colegas) pero llegué a la meta con lo justo. Siempre digo: «Si me faltara un kilómetro más, llegaría caminando».

Y eso fue todo amigos. “03:51” fue mi tiempo total. Medalla de finisher, botellón Powerade y el orgullo bien arriba por haber logrado este gran desafío.

Me veo en la próxima..

Y la próxima es.. Country Race-20K, el 20 de noviembre en Carlos Keen, Bs As. http://countryrace.com.ar/

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