LA DIOSA DEL SABER ES NEGRA

Sobre Black Athena de Martin Bernal

Toda búsqueda genealógica es una búsqueda de identidad. En esta excavación, un individuo o un grupo, busca en el polvo del pasado algo vivo que brinde sentido a su presente. Los historiadores han sido los mineros empolvados que han ido cargando — sólo algunas — de las historias de la humanidad. Estos, han sido responsables de extraer el pesado recurso para el uso de las otras disciplinas encargadas y preocupadas por el saber humano. La tan preciada materia prima, se podría llamar- siempre en plural- los pasados. Casi siempre, el lector — conocido traductor de las ideas — encuentra en alguna historia, uno de esos pasados con el cual identificarse. Para los que han estado en los obscuridad que provoca la indiferencia, esa luz, por tenue que sea, ciega.

Mina de oro Serra Pelada en Brasil, foro de Sebastião Salgado

El libro de Martin Bernal, Black Athena de 1987, es uno de esos diamantes crudos que no siguen el proceso de evaluación típica; la mina ha expulsado algo que no contiene la forma preconcebida por el proceso de la cientificidad. Bernal cuenta la incómoda historia de los orígenes egipcios (negros) y fenicios (semitas) de la antigua Grecia. No satisfecho con azorar a los historiadores helenistas clásicos, Martin Bernal, los acusa de no haberse podido escapar del modelo germano-británico del siglo XVIII, XIX y XX que él llama, explícitamente, el modelo ario. En su lugar, Bernal propone un regreso a los clásicos, una revisión que hace uso de los métodos de la lingüística histórica, la etimología, el análisis de los mitos y de las fuentes — casi siempre incompletas — de la arqueología moderna, así como de los textos de los historiadores griegos, Heródoto, Tucídides entre otros.[1]

Conferencia sobre Black Athena realizada en 2008

Como ha sido el caso con las obras que plantean semejante narrativa, las oportunidades de deshacerla atacando algunos errores técnicos, faltas a erudición, y claro, conexiones forzadas, no se han dejado esperar. Esas criticas han estado a cargo de los especialistas, de estos han sido los linguistas los que con mejor y màs atino tecnisismo han criticado a Bernal. La criticada serie de tres volúmenes ha sido igualmente acusada de tropezar con la misma piedra que intenta anunciar Bernal, al denunciar, en primer lugar, a los historiadores modernos[2]de estar infectados por la ideología de sus tiempos, en la que predominaban el concepto de la superioridad cultural, científica y moral de occidente, y en segundo lugar, al romanticismo europeo, que ha sido, desde sus orígenes, flechado por la idea -ciertamente ficticia- de la Grecia antigua y por todo lo que se consideraba un pasado más simple, extrañamente cercano y puro. Dentro de estos parámetros los románticos, afirma Bernal, encontraban en la Grecia clásica una civilización originaria, siempre en ruinas, desnuda y hecha en piedra blanca. Los románticos convirtieron Grecia en su símbolo. Este romance, como bien indica el nombre del movimiento, añoraba el instante infante de la — considerada por ellos — civilización más avanzada de la historia, naturalmente se referían a la suya, la occidental. Esa nostalgia por un pasado más simple y natural fue, en parte, una reacción al vertiginoso comienzo del periodo industrial occidental y a las dificultades estéticas que esto trajo consigo. Otros autores, como Edward Said, han demostrado las múltiples influencias orientales en el renacimiento y por supuesto en la ilustración europea. Sin embargo, Bernal ha sido preso de sus mismos argumentos, según denuncian sus críticos, al menos lo más abiertos en cuanto a las evidencias se refiere. A pesar de existen críticas de todo tipo, algunos serios, otros menos sofisticados, usualmente los que apelan a la invalidez de las fuentes de Bernal son los primeros, también hay dentro de las contemporáneas algunas que expresan ideas que valen la pena repensarlas, inclusive después de los 29 años que ya tiene Black Athena.

Estudios realizados con la técnica de la luz ultravioleta han demostrado que las esculturas griegas no tenían la estética que los defensores del modelo ario posiblemente preferían.

Replanteando la crítica en términos compatibles con los de Bernal, se dice que el autor de Black Athena adolece de estar influenciado, de igual manera que los helenistas modernos, por sus propias condiciones de posibilidad. Esto es preocupante, el desarrollo de la historia subalterna se plantea en estas mismas condiciones. Los autores, como Bernal, ya conscientes de los pecados intelectuales cometidos en el pasado y observadores de los problemas del presente, ha comenzado a escribir, quizás con cierto grado de culpa y con algo de rebeldía típica del hijos sublevados, historias distintas a las de sus padres intelectuales. — Todos somos hijos de algún filósofo del siglo XIX — , me ha comentado un apreciado maestro, me parece que es una idea acertada, lo somos, inclusive Bernal, que logra encontrar dentro de la élite intelectual francesa, italiana o inglesa del los periodos ilustrados alguno que hayan escrito, como él, que Grecia fue una colección de influencias externas y cuyo desarrollo intelectual fue adquirido de otros pueblos mediterráneos. Este débil sentido de justicia selectiva, que pretende realzar la igualdad –o peor aún- la superioridad de las otras civilizaciones, razas y minorías del mundo frente a occidente, no debería tener cabida en cualquier intento de superar a los maestros. Debemos darnos cuenta que estamos midiendo con la misma vara ensangrentada a los que pretendemos redimir. Debo decir que, de ser medianamente verdadero ese argumento, Bernal no ha cometido tal error. Es importante que los que estamos interesados en contar la historia de un grupo ignorado o perjudicado por los que han hecho suyo, con mayor potencia, el ejercicio del poder y el saber de la historia misma, sepamos plantearnos los problemas en los que podemos llegar a incurrir.

La historia de la eugenesia y la idea del progreso estuvieron, de muchas maneras están, presente en el desarrollo histórico de discurso intelectual-científico-humanista de occidente, y ahora del mundo, esto se destaca una veces explícitamente y otras no. Este género de saber se desarrolló, bajo un modelo científico — o podría decirse, pseudocientífico — , para demostrar verazmente la superioridad de la raza caucásica-europea. Fue esta subdivisión del discurso político imperialista la que encontró cabida, de ninguna manera autóctona, en las academias de Londres, París, Berlín, Viena, Boston y Nueva York a finales del siglo de Darwin. Fue su primo, el señor Francis Galton, el principal traductor del Darwinismo en su nueva forma social. El mismo Galton se encargaría de difundir mundialmente la nueva explicación para la superioridad de la civilización europea.

La idea de progreso usualmente ha estado ligada al concepto del pueblo escogido, esto no ha sido exclusivo de occidente, de hecho, podríamos encontrar la misma narrativa en cada imperio, cada pueblo o cada Estado-Nación que ha gobernado sobre otros pueblos. La geopolítica, por ejemplo, fue heredera, en buena medida, de esta retorcida quimera Darwiniana.

Ilustración típica de los textos influenciados por el Darwinismo social

Del darwinismo social se elaboró una propuesta aún más radical, la ciencia de la eugenesia. Inclusive, después del genocidio judío y de los ocurridos anteriormente a principios del siglo XX en Namibia y en otras colonias africanas y asiáticas, e inclusive contra las propias poblaciones en las metrópolis, se continuó haciendo control poblacional, es decir, ortopedia social. Las violaciones al derecho de procreación mediante la esterilización de las mujeres más pobres, consideradas de clases sociales-raciales inferiores a los estándares de occidente o del progreso, fueron comunes en Suecia, Inglaterra, Estados Unidos y, por supuesto, estuvieron presentes en diferentes centros capitales del mundo civilizado y sus respectivas áreas de influencia. Posteriormente, a estas prácticas discursivas se le han incluido técnicas sofisticadas de identificación, control e intervención que continuaron infiltrándose en el discurso racial (de exclusión)-progresista del siglo XX. Por supuesto, esto continuó exportándose a otras latitudes, en Latinoamérica también se ejercieron tales prácticas[3].

En tiempos más recientes, bajo otras arengas; las del humanismo económico, cultural, científico y político, también en las versiones instrumentales del método democrático electoral[4] y el llamado a la globalidad económica, están expuestas en las estructuras de los saberes internacionales; la universalidad legal y la occidentalización moral de los derechos humanos universales, los programas de combate a la pobreza etc.; los mejores saberes de occidente se han expandido en los últimos treinta años con relativa facilidad hacia el resto de las naciones en vías al desarrollo, los efectos de la maquinaria de exclusión son notables. La situación afecta a todos, inclusive a los occidentales mismos. El regreso de la derecha radical, en la forma de ascoglobalistas, llámese Trump, Farage, Le Pen o Wilders, nos asombra por su desfachatez casi tanto como por su falta de cientificidad, inteligencia técnica y discurso emocional. Asimismo, para los nacionalistas, parece normal e incluso hasta racional el radicalismo musulmán, evidentemente por razones étnicas-culturales, mientras que para los progresistas, la opción discursiva ha optado por desarticular la ideología islamista tachándolo de simples criminales que no son “verdaderos” musulmanes, el actual nombre de Dash para los terroristas musulmanes es uno que, particularmente, se distingue y promueve entre las publicaciones liberales o progresistas europeas y norteamericanas, con este nuevo nombre se ha ignorado o tachando de “inválidas locuras” los discursos de los líderes de ISIS. La incongruencia ha sido la única característica que ha reinado en el debate sobre los peligros de la globalización económica. Mientras se debate la inmigración masiva, ya sea de refugiados o migrantes económicos, y por supuesto, el micro-nacionalismo catalán y escocés, que tratan por todos los medios de deslindarse de gobiernos centrales que han ignorado las diferencias y al mismo tiempo se han beneficiado de su folclorización, continúan rampantes y sin explicación los políticos que hablan desde la entraña. Más que en la repentina irracionalidad del siglo XXI, se debería prestar atención a los problemas que ha provocado la hermecidad del discurso globalizante, del cual occidente ha sido su principal inspiración. Tomo estos casos por sólo citar algunos ejemplos actuales. Otro caso, quizás más cercano para los que están preocupados con la soberanía del Estado Nacional, es la tarea — todavía pendiente — de la seguridad social y de la seguridad a la vida, estás también brillan por su ausencia, sobretodo en Medio Oriente debido a las crisis humanitaria en Siria e Irak, pero también, en las labores de los Estados latinoamericanos, principalmente en Venezuela, El Salvador, Brasil, Colombia y México debido a sus altas tasas de homicidios. Estas ausencias también pueden historiarse en la forma de prácticas dentro del discurso del progreso, en el caso de estas latitudes, se explicaría mejor desde el que explica la falta de progreso. Para quien percibe con mayor claridad este fenómeno, observa un mecanismo casi autónomo, una máquina que anunciaba Foucault; esta tiene forma de panóptico; cuya mayor ventaja es su arquitectura, capaz de controlar sin ser visto, capas de ejercer y proyectar poder sin existir, materialmente, un sujeto que lo opere.

La ortopedia social contemporánea.

A estos mecanismos se le han plantado otros, la resistencia es un efecto de este tipo de modelo intelectual; a veces se da espontáneamente, otra veces con intensión. Se han planteado, desde la subalternidad, otros discursos distintos que intentan echar abajo poco a poco la hegemonía del panóptico y su vigilancia del saber cultural contemporáneo. Bajo esta consigna, tomando prestado una frase de Nietzsche — la de pensar con el martillo — se ha comenzado a replantear, desde hace algún tiempo, el orden del gavetero del pensamiento. Donde antes existía una separación se han hecho espacios, donde había sólo un color se han pintado con imaginación nuevas ideas, no por esto devemos desechar las metodologías anteriores, hay que trabajar con algo, sin embargo no hemos dado un mejor uso a lo múltiple; este ha pasado de confundirse con el desorden para convertirse en una característica indispensable de toda organización e inclusive del discurso de algunos de los pensamientos contemporáneos. Ahí podemos encontrar, con sus distinguidas deficiencias técnicas y metodológicas, obras como Black Athena.

Martin Bernal, autor de Black Athena. En este comentario nos hemos enfocado en el primero de tres volúmenes, que trata principalmente con la historiografía europea y las diferencias de lo que Bernal llama el modelo antiguo y el modelo ario. El creado por Bernal es el modelo antiguo revisado.

La empresa es noble en sus intenciones, pero corre el riesgo del autoengaño, es decir, se podrían llegar a forzar conclusiones que no sean necesariamente plausibles. Sí, volviendo a Nietzsche y a Foucault, tomamos como cierto que la verdad absoluta es inalcanzable, que es en el dominio de las interpretaciones y de los mecanismos de poder en los que estas interpretaciones pueden imponerse, sólo nos queda desarrollar las respuestas más probables considerando los recursos disponibles. Es por eso que, a partir de aquí, es posible tomar dos caminos; por un lado, uno inicial, integrarse al juego, a veces insatisfactorio, de los porcentajes veraces, las cuotas de género o las étnicas, el discurso políticamente correcto, los ejercicios lexicales que juegan con los géneros de las palabras y a otros distintos modelos que — en mi opinión — están confinados dentro de arquitecturas diseñadas para someter la realidad, que en muchos casos, exilia a los que no comprenden las razones detrás de determinadas técnicas a veces agresivas a veces partidistas o panfletarias, por otro lado, una ruta secundaria es crear con otros métodos, posiblemente distintos a la norma, por lo tanto arriesgados, el argumento que más “validez” tenga para la estética del gremio académico o del público interesado. En ese debate se encuentran la mayoría de los estudios que intentan abordar el tema de género y, claramente, el del racismo, para su solución es necesario encontrar otras rutas.

Estos dos problemas no pueden ser más contemporáneos, sin embargo, escribir desde el presente, pensar desde un contexto particular sobre el pasado de cierto sujeto histórico, ya sea el de las mujeres campesinas, la presencia de la mujer en la revolución iraní, el de la poesía indígena americana, el de los negros intelectuales o el de los orígenes egipcios y fenicios de la Grecia antigua, es una tarea que, sobretodo, hace uso irremediable de algún material textual que, por su característica narrativa o no, necesita un modelo nuevo o no-clásico, definitivamente no-ario, de interpretación. Desgraciadamente las mujeres, los indígenas, los negros, los esclavos o los más pobres no han dejado en la mina de la historia los más famosos o reconocibles diamantes, sus textos — de llegar a existir- han sido pocos a comparación de la mega producción occidental, las maneras de interpretarlos también han sido pobrísimas. La historia de las clases populares ha sido, como lo recuerda el historiador italiano Carlo Ginzburg, esencialmente oral y sus pocos vestigios están en los más inesperados formatos. El caso de la historia intelectual de las minorías ha sido uno rechazado por los guardianes de la historia de las ideas, ha sido difícil concederles audiencia a los negros, ya sean norteamericanos, anglófonos, francófonos o latinos, al juicio intelectual bajo las condiciones actuales. En este mismo sentido, resulta imposible desprenderse de las preguntas; ¿quién dice, dónde escribe, por qué piensa determinada cosa?, sobre esto no queda más que hacer una genealogía de la identidad propia. Autores como Bernal difícilmente se preguntarán por lo que historiadores griegos contemporáneos piensan sobre lo que algunos anglosajones dicen que es el origen de su cultura. Entonces, es preciso evitar la certeza; el enfrentamiento con la duda es una batalla –felizmente — perdida, al menos en ese terreno es necesario coexistir con la inexactitud.

Mina de oro Serra Pelada en Brasil. Foto de Sebastião Salgado

De esta intrínseca falta de seguridad deberán brotar las nuevas formas de pensar y de hacer conocimiento. De esta manera autoconsciente, que en su mejor versión, es orgullosa de su origen, acepta las condiciones múltiples y caóticas donde se dará sentido a los textos y se harán los nuevos saberes. Allí y aquí, se encontrarán coincidencias con otras mentes igualmente extrañas.

Mientras tanto, seguimos en la mina, aquí continua siendo la escritura el principal recurso, típicamente, la materia con la que hay que trabajar. La otras fuentes que, como las utilizadas por Bernal, han sido tachadas, en el mejor de los casos, de insuficientes, necesitan ser reivindicadas en parte por generar este debate; ya lo han sido muchas veces, por reconocidos autores que siguen pareciendo una minoría muy ruidosa frente a una multitud muy seria y académicamente moderada, todavía falta más. Es por esto que el trabajo debe tener siempre un elemento que trate sobre la validez de las nuevas formas de interpretar la materia primaria. Es ahí donde quedan los mayores retos para los que pretenden — pretendemos — aportar alguna herramienta nueva para extracción de “diosas negras” en la mina de la historia.

M. de R

Para continuar la discusión sobre Black Athena, Eugenesia y estudios subalternos recomiendo estos vídeos en línea:

Black Athena The Real Originators of Greece

https://www.youtube.com/watch?v=FVQa2XXM6Zk

Scientific Racism The Eugenics of Social Darwinism

https://www.youtube.com/watch?v=3FmEjDaWqA4

Racismo-Los Indeseables (Eugenesia en Suecia)

https://www.youtube.com/watch?v=XrHeGakBNM4

[1] Bernal no se limita a los escritores reconocidos como historiadores, hace uso de diferentes tipos de textos clásicos, como teatro o poemas épicos.

[2] Con modernos me refiero a los de los siglos XIX y XVIII

[3] Nancy Leys Stepan “The Hour of Eugenics”: Race, Gender, and Nation in Latin America”

[4] El método socialista también se convirtió en un producto, un saber reservado a la intelligentsia de la Unión Soviética, de carácter inalterable. Las otras variaciones de ese discurso en la China de Mao, en la Yugoslavia de Tito o posteriormente en el movimiento anticolonial en África y Asia, así como el breve momento de originalidad latinoamericana siempre fueron mal vistos desde Moscú.

Sobre el genocidio en Namibia:

The First Genocide of the 20th Century and its Postcolonial Afterlives: Germany and the Namibian Ovaherero por George Steinmetz en el siguiente link: http://quod.lib.umich.edu/j/jii/4750978.0012.201/--first-genocide-of-the-20th-century-and-its-postcolonial?rgn=main;view=fulltext

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