LA GEOGRAFÍA DE LA PLAGA

Un breve pensamiento sobre Plagues and Peoples de William McNiell.

Grabado medieval, sobre la alegoría del baile de la muerte.
Danza con la Muerte, OSEF FENNEKER,

A propósito de la eterna presencia de la enfermedad, la vejez y la muerte en la filosofía, la mitología y la cultura son las dos imágenes que anteceden a este texto. Una, la litografía del periodo medieval, trata el tema de la danza de la muerte realizada al rededor 1493 y la otra, el afiche de 1919 caracteriza la danza, quizás más personal, con la probabilidad constante, la de fallecer. Para ilustrar estas ideas en el campo de la filosofía y la religión son las siguientes citas.

El joven príncipe Gautama Sākyamūni, el Futuro Buddha, había sido protegido por su padre de todo conocimiento de la vejez, enfermedad, de la muerte y del monacato, pues había sido profetizado a su nacimiento que sería el emperador del mundo o un Buddha. El rey, prejuiciado a favor de la vocación real, dio a su hijo tres palacios y cuarenta mil bailarinas para conservar su mente apegada al mundo. Pero esto sólo sirvió para adelantar lo inevitable, porque cuando era relativamente joven, su juventud consumió todos los campos de los goces carnales y maduró para la otra experiencia…
Cierto día el Futuro Buddha deseó ir al parque y le dijo a su cochero que alistara la carroza. El hombre trajo una carroza elegante y suntuosa y después de adornarla ricamente, colocó en los arneses cuatro hermosos caballos… “El momento de la iluminación del príncipe Siddhartha se acerca — pensaron los dioses — , debemos hacerle una señal”, y convirtieron a uno de ellos [los caballos] en un anciano decrépito, con los dientes rotos, el cabello gris, el cuerpo torcido e inclinado, que apoyaba en un bastón y temblaba, y se lo mostraron al Futuro Buddha, pero de forma que sólo él y el cochero pudieran verlo.
Entonces el Futuro Buddha dijo a su cochero “amigo, dime quién es ese hombre. Ni siquiera su pelo es como el de los otros hombres”.
Y cuando oyó la respuesta, dijo: “Vergüenza de nacer, si todo aquel que ha nacido ha de hacerse viejo”. Y con el corazón agitado regresó y ascendió a su palacio.
“¿Por qué ha regresado mi hijo tan pronto?”, preguntó el rey. “Señor, ha visto a un viejo –fue la respuesta — , y porque lo ha visto quiere retirarse del mundo.” “¿Quieres matarme, que dices esas cosas? Que preparen inmediatamente unas representaciones para que las vea mi hijo. Si podemos lograr que disfrute del placer dejará de pensar en retirarse del mundo”…
Otro día, que el futuro Buddha deseó ir al parque, vio a un hombre enfermo que los dioses le habían enviado y habiendo hecho la misma pregunta, regresó con el corazón agitado y ascendió a su palacio.
El rey hizo la misma pregunta y dio la misma orden que había dado antes y aumentó su guardia y la colocó a tres cuartos de legua a la redonda.
Y al otro día que el futuro Buddha volvió al parque, vio un hombre muerto que los dioses le habían enviado y habiendo hecho la misma pregunta, regresó con el corazón agitado y ascendió a su palacio. Y el rey hizo la misma pregunta y dio las mismas órdenes que había dado antes…
Y al otro día en que el Futuro Buddha volvió a ir al parque, vio a un monje, cuidadosa y decentemente ataviado, que los dioses le habían enviado, y le preguntó a su cochero: “ Dime, ¿quién es ese hombre?” “Señor, ése es uno de los que se han retirado del mundo”, y el cochero empezó a cantar la alabanzas del retiro del mundo. La idea del retiro del mundo fue del agrado del Futuro Buddha.

-Joseph Campbell, El héroe de las mil caras.-

Ya se me va entendiendo: ese sacerdote ascético, ese — según parece — enemigo de la vida, ese negador, se cuenta precisamente entre las fuerzas verdaderamente grandes que conservan y dicen sí a la vida… ¿De dónde viene esa índole enfermiza? Pues el hombre es más enfermo, inseguro, cambiante, inestable que cualquier otro animal, de ello no cabe duda. Es el animal enfermo: ¿a qué se debe? Es seguro que ha arriesgado, innovado, resistido, desafiado al destino más que todos los demás animales juntos: él, el gran experimentador consigo mismo, el insatisfecho, el no saciado, que pugna por el dominio último con los animales, con la naturaleza y con los dioses; él, el todavía no domeñado, el eternamente futuro, que ya no encuentra descanso de su propia fuerza impulsora, de manera que su futuro le hurga en la carne de todo presente con la inexorabilidad de una espuela: ¿cómo no iba a ser un animal así de animoso y de rico también el que más peligro corre, el durante más tiempo y más profundamente enfermo de todos los animales enfermos?… El hombre está harto, con no poca frecuencia, y hay epidemias enteras de ese estar harto (así sucedió alrededor de 1348, en la época de la danza de la muerte). Pero incluso esa repugnancia, ese cansancio, esa irritación contra él mismo: todo sale de él con tanta fuerza que inmediatamente vuelve a convertirse en una nueva cadena. El <no> que dice a la vida saca a la luz como por arte de magia una plenitud de <síes> más delicados; incluso sucede que, cuando se hiere este maestro de la destrucción, de la autodestrucción, después es la herida misma la que le fuerza a vivir…

-Friedrich Nietzsche, Genealogía de la moral.-

Por supuesto, no es sobre la muerte lo que nos atañe, sino la historia de la enfermedad. El libro de William H. McNiell, en particular, es el motivo principal, más no total, de este escrito — justificando, de esta forma tan vaga, la longitud de las citas-. Plagues and Peoples, fue escrito en 1976, desde entonces ha desmarcado un género nuevo, al mismo tiempo antiguo –ya diré porque- de la historiografía. La historia de las grandes causas, así nos podemos referir a este género, hace énfasis en decir algo más sobre la ya conocida la historia de los hombres, sus hazañas, guerras, tratados… etc. En esa década dentro del campo del pensamiento, podríamos decir que existe un énfasis en deshacer la forma de análisis antropocéntrico de la historia -explico brevemente- el hombre como sujeto histórico parece sobrar, o al menos, parece ser sólo una parte de la discusión. Bajo esta óptica se pueden desdeñar los macro-temas, así nace el género de la Macrohistoria, que sin duda, han afectado al hombre sin que este tenga mucho que decir al respecto.

En el caso de Plagues and Peoples, el otro interlocutor será la peste, la plaga, la epidemia, — en fin — , la enfermedad. El libro se antoja como el preámbulo de una historia sobre la muerte misma, sin embargo, no aborda esta narrativa, la más humana de todas las temáticas posibles, sino que la rodea, puesto que no es el objetivo ni el argumento central del libro. Más allá de relatar, sin demasiados detalles biológicos, la relación entre el micro-parasitismo ( los agentes patógenos conocidos) y el macro-parasitismo ( la humanidad) McNiell presenta las influencias que la epidemiología puede tener sobre el estudio de la historia. La civilización, así lo afirma el autor, es un irruptor más dentro del ecosistema general natural. Este sistema, eventualmente, siempre alcanza el balance; en el caso del patógeno humano, ha influido en mayor o menor medida en inclinar de su lado la armonía natural de la cual depende. El Ser homo sapiens es la especie dominante dentro de la estructura planetaria y además es el único Ser que, consciente de su posición en el mundo, interpreta la realidad y, más que eso, la modifica conforme a esas interpretaciones. Obviamente, McNiell es consecuente de la peculiaridad del ser humano; al contrario de un virus, este piensa, — al menos eso queremos sospechar — . Desde el fin de la caza y la recolección como medio principal de supervivencia y el comienzo de las formas primarias de agricultura, el homo sapiens dejó de ser una especie nómada (que se desplazaba conforme su presa ) y prefirió el asentamiento. Así comenzó el conglomerado de pueblos, ciudades, las primeras civilizaciones y los primeros intercambios y por supuesto, la competencia por los recursos. De igual manera, se desarrolló otro sistema parasitario, la guerra, una extracción de aquellos recursos agrícolas, económicos, humanos (en forma de esclavitud) para la subsistencia de otro grupo. Detrás de estos asentamientos de posibles huéspedes siguieron las primeras epidemias.

McNiell nos recuerda que, al contrario de lo que nos es normal hoy, en la mayoría de la historia de la civilización humana el campo ha sido el área más poblada por los sapiens. Hacer este corte entre el campo y lo urbano es necesario para destacar, primeramente, la ciudad (pueblo, villa, etc.) por ser el área geográfica más densamente habitada, que es, por consecuencia, un foco enfermedades debido a los desechos y al uso público del agua. Asímismo, la ciudad contenía la mayor probabilidad de contacto humano, liberando al patógeno del intermediario, llámese mosquito, mosca o roedor. Consecuentemente, la población rural, fue la más susceptible a la muerte ya que por su poca exposición a las enfermedades a través del tiempo no pudo pudo generar las inmunidades que sus vecinos urbanos ya tenían.

Con estos conceptos en mente podemos seguir el desarrollo de las campañas y matanzas — vale el uso de la prosopopeya — ejercidas por la viruela, el sarampión y el mayor asesino de la historia, la pasturella o peste bubónica, causante de la muerte de 75 millones de personas, en un periodo donde la población global alcanzaba apenas los 450 millones; esta tarea le tomó a la célebre protagonista de la Peste Negra cuatro o cinco años[1]. Una recolección histórica de estas pandemias y su intervención en la caída o desarrollo de civilizaciones e imperios es de lo que trata Plagues and Peoples. Luego, aquí nos preocupa otro tema descrito en el texto de McNiell, el de la inamovible geografía y su relación con el desarrollo civilizatorio.

La geo-epidemiología, y la geo-política, se relacionan en el libro de McNiell, aunque el autor nunca mencione la palabra geopolítica. Esa mención lo incorporaría a una lista, a veces poco gloriosa, de autores geo-deterministas, de manera evidente. Salvando las distancias de ambas obras[2], el lenguaje, como habíamos visto en el caso de Black Athena, y ahora, el desarrollo histórico de patógenos con Plagues and Peoples, se condicionan a los asentamientos humanos, desde esa perspectiva espacial, podemos afirmar que la geografía es lo que determina la cultura tanto como la enfermedad. Las civilizaciones China y Europea, al contrario de la India o Egipcia, sufrían, según McNiell, con menos frecuencia el azote de las plagas por una razón particular, su latitud geográfica. Esto trajo consecuencias en el desarrollo cultural y la prosperidad económica de ambas civilizaciones.

Mapa climatológico de India, se denota el monzón indio.

Tomemos dos casos, el alemán y el indio, en ambos asentamientos fueron fuentes de cultura y civilización, uno fue un conglomerado de ciudades-estado, el otro un subcontinente conformado por más de una cultura que, no obstante sus diferencias, (más notables en la India que en la zona lingüística germánica) estaban unidas por su religión o religiones más que por su capacidad militar y política. De igual forma, las dos, ahora naciones, han determinado con mayor potencia el devenir –irrefutablemente- de la historia universal. Es innegable el aporte de la civilización india a la cultura occidental, tampoco es desdeñable el aporte de Hegel, Goethe, Marx, … (etc.) ¿Cuál es el uso que le podemos dar a la epidemiología entonces, más allá de estar siempre presente dentro de las condiciones humanas naturales? McNiell nos brinda una respuesta, cercana a planteada por los geopolíticos, la enfermedad, cosecuencia de la concentración humana, el intercambio de productos, la interconectividad que se produjo en Eurasia a través de la ruta de la seda, el intercambio mediterráneo o a través del mar Índico, permitieron que las ratas y los otros animales domesticados o dependientes del desperdicio humano hayan transmitido enfermedades más allá de donde las inmunidades naturales reposaban. India por su “encierro” entre los Himalaya y el mar Índico y por su condición climática, más cercana al África subsahariana que a la mediterránea, creó un sistema cultural para asimilar la constante propagación de enfermedades. Ese orden cultural lo podemos identificar en el sistema de castas, siendo los intocables los más afectados social, económica y físicamente. Esta casta quedó lejana en espacio y en igualdad, a la de los príncipes, guerreros y sacerdotes; los intocables siguen siendo hoy una población vulnerable de la democracia más grande del mundo, la India. Recordemos que hemos dicho que no es en la urbanidad sino en la campiña donde las enfermedades son más letales, la exclusión que encierra el nombre mismo, los intocables, representan esa “natural” invención social. En los estados alemanes, sin embargo, la demografía más estable proporcionaba la justa cantidad de campesinos que hacían falta cuando en la ciudades las nuevas plagas tiraban abajo el balance inmunológico anteriormente creado. Hasta aquí la historia tiene sentido, Alemania por eso es rica mientas que la India sigue experimentando pobreza y desigualdad. Lo que no podemos identificar es si fue la geografía o la voluntad política o religiosa — quizás fue la falta de una o de las dos — , la que provocó la situación actual. Hemos visto como las condiciones naturales, geográficas, demográficas y climáticas de islas como Japón o Inglaterra no han impedido, más bien han potenciado, la capacidad de invención y desarrollo político y cultural. La India con una posición estratégica, — para usar términos geopolíticos — , tiene la potencialidad de explotar el océano al que le da nombre. Esta zona esencial para el comercio internacional es sólo un ejemplo, hoy India crece al un ritmo vertiginoso, a pesar de sus graves problemas sociales.

El elefante, símbolo de sabiduría y voluntad en India.

Este desarrollo histórico, al que nos hemos referido, que no fue de ninguna manera lineal o predestinado, se incrementó durante los años posteriores a la gran despoblamiento europeo y ,posiblemente euroasiático; que sucedió según Plagues and Peoples, en el periodo de 1347 y 1351 en Europa, y que por mayor cantidad de tiempo había sufrido Asia. El mecanismo de asimilación cristiano, cuyo dogma hace énfasis en el cuidado de los enfermos, aconteció en Alemania de una manera diferente a la India, eso podría ser una causa, necesaria más no inmediata, de la protesta de Lutero.

Bajo esa óptica se amplían las capacidades y se perciben los hilos de la historia, se podría incluso vislumbrar hasta los telares. La complejidad que dibuja McNiell es, por supuesto, mayor de lo que aquí podemos hacer ver, entre las pocas cuartillas que me permito para no hacer sufrir de más a un lector ya de por sí desprovisto de tiempo y capacidad de atención, se pregunta ¿a que va todo la catastrófica historia de la enfermedad en un siglo tan despreocupado por las pandemias? No obstante, me permito atrever a preguntarle sobre la función de otras inexpugnables catástrofes además de la pandemia: los terremotos, los huracanes, las inundaciones, las sequias, los incendios…de eso nos podremos ocupar en otra ocasión.

Por el momento pensemos en las desastrosas consecuencias que ha provocado el quehacer humano en el ecosistema que nos mantiene vivos. Existe, a mi entender, una falta de enfoque en el discurso ambientalista contemporáneo, hemos perdido el factor humano a favor de la humanización del planeta, los animales, los árboles…etc. Por el camino que vamos, las condiciones climatológicas serán irreversibles pronto. El clima privilegiado del que hemos gozado a través de todo el desarrollo de la humanidad podrá revertir su balance de forma drástica, ya vemos sus efectos en las fuertísimas lluvias, los frecuentes y más potentes huracanes y en las más prolongadas sequías. Es sencillo olvidar que es sólo para el humano que llueve, que se incendia y que se pierden las cosechas. El mundo animal, si bien no esta separado del nuestro, ha sufrido ya otras 5 extinciones masivas, sin embargo, la vida ha persistido.

La Tierra vista desde la luna.

El siguiente paso en el re-balance mundial es el levantamiento del nivel del mar y las consecuencias serán graves: desplazamientos poblacionales de islas y archipiélagos, así como de ciudades costeras donde viven la mayoría de las personas que habitan este planeta. Sin tener el afán de volver al ya bien conocido cuento de pedro y el lobo, lo más probable es que esas condiciones no se puedan revertir. Si bien, existe la capacidad gubernamental carecemos de la voluntad para hacer las transformaciones mínimas que no son requeridas. El reloj de la tierra, que no es más que el nuestro, parece llegar a las doce más temprano de lo que pensábamos. El mayor problema no será para la madre tierra, esta seguirá girando y rotando, con más o menos humanos dentro. Volviendo al libro de McNiell, los sistemas tienden, a la larga, a volver al balance, haciéndose inmunes al parásito. Quizás tengamos algunas ventajas sobre los microorganismos, finalmente contamos con la conciencia, un milagro, que a mi entender no es más que una consecuencia del desarrollo evolutivo de la vida misma. Eso nos hace, de cierta forma, responsables, independientemente del debate sobre la culpabilidad o no del hombre sobre este reordenamiento -evitaré decir desastre, quizás no sea tarde-.

Para Luis, Natalia y mis otros amigos ecologistas, que con los hechos me demuestran que hay razones para pensar en un mejor futuro.

[1] Para saber sobre otras destacadas pandemias, The Five Deadliest Outbreaks and Pandemics in History, Dec 16, 2013, R. H. J. Fundation

http://www.rwjf.org/en/culture-of-health/2013/12/the_five_deadliesto.html

[2] Plagues and Peoples es una obra académicamente mejor fundamentada y al mismo tiempo igualmente creativa.

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