Maricel
Ángel para mi soledad
“Yo no sé de pájaros,
no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas.” (La carencia, Alejandra Pizarnik)
Alejandra Pizarnik padecía de trastorno límite de la personalidad, una enfermedad que la llevó a quitarse la vida en 1972. Como todo trastorno, hace que la vida del que lo padece sea un infierno. Aparentemente, la poetiza argentina se rindió a la muerte con la ingesta de un potente barbitúrico después de haber salido del hospital psiquiátrico donde se encontraba internada a raíz de un cuadro depresivo y dos intentos de suicidio.
Para Pizarnik escribir no sólo representaba el reconocimiento sino también la posibilidad de desahogarse, de manifestar esa sensibilidad que poseía. Si su entrega a la poesía fue total es porque en la escritura encontró la sanación, transformando el dolor en belleza. Sus temas habituales eran el silencio, la soledad, la locura y la muerte..
“No es muda la muerte. Escucho el canto de los enlutados sellar las hendiduras del silencio. Escucho tu dulcísimo llanto florecer mi silencio gris.”
Para ella, una “jaula” (donde se encierra la libertad, culpable sólo por existir) era un símbolo que paradógicamente la contenía dentro de los límites de la realidad y ahuyentaba sus miedos cuando la noche ya no tenía el sentido acogedor y nutricio de fecundar su escritura. La noche se convertía en el momento en el cual el pánico se apoderaba de su alma y sus fantasmas cobran vida. El momento de la indefensión.
“Yo lloro debajo de mi nombre.
Yo agito pañuelos en la noche
y barcos sedientos de realidad
bailan conmigo.
Yo oculto clavos
para escarnecer a mis sueños enfermos.” (La jaula, Alejandra Pizarnik)
Ahora se preguntaran.. ¿qué tiene que ver Pizarnik conmigo o con la actividad deportiva que practico? Muchísimo.
Cuando me reencontré con Maricel después de muchos años (nos conocimos en Chapadmalal en el verano del ‘88), ya padecía de trastorno límite de la personalidad. Este tipo de trastorno dificulta la capacidad de regular sus emociones provocando cambios bruscos en su estado de ánimo y una conducta impulsiva que puede ser peligrosa para con su integridad física. Por lo que sé, este trastorno se le desencadenó debido a situaciones que ella padeció a lo largo de su vida e hicieron estragos en su personalidad. Ansiedad, depresión, ciclotimia, ataques de pánico, pesadillas, desmayos.. son todos síntomas comunes que hacen que su existencia a menudo sea insufrible.

Maricel también escribe, y escribe bien. Tiene pasión, frescura, carácter. No evidencia ni por asomo la oscuridad de Pizarnik, todo lo contrario. Refleja ganas de vivir, de sentir y de ser feliz, así como me lo demuestra en sus mejores estados de ánimo.
Ella es única. Es una mujer alegre, divertida, inteligente, noble y con principios loables. Pero su personalidad también tiene sus inflexiones, que su alteración hace que se amplifiquen y se desequilibre su maravillosa forma de ser.

“Sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.” (El enamorado, Jorge Luis Borges)
Con el correr de nuestra relación fui asimilando su padecimiento y sobrellevando los síntomas de la mejor manera posible. ¿Es posible entablar una relación de pareja medianamente estable con alguien que padece este jodido trastorno y donde las emociones suben y bajan como subidas a un cochesito de una montaña rusa?
Si, es posible. Difícil, muy difícil y desgastante, pero posible. ¿Y cómo se logra? Es ahí donde mi actividad deportiva ayuda. Sin ella no creo que hubiera podido sobrellevar nuestra relación. No yo. Quizás otra persona con mayor templanza pero no yo. ¿Y qué me brinda el trail running o correr como loco por las montañas además de placer? Cierta estabilidad emocional, paciencia, concentración, disciplina, perseverancia, destreza, amor propio y por la naturaleza, fuerza y resistencia, arrojo. Claro que todas estas virtudes deben ser alimentadas por un sentimiento más profundo, incondicional y genuino como lo es el amor. Y el que yo siento por ella es tan grande que funciona como un hormigón armado invisible pero real. El amor hace posible que nuestra relación no se fracture y se sostenga en el tiempo. Comprender sus estados, aceptarlos, reponerme a sus crisis, cuidarla, tratar de propiciarle la paz y serenidad que ella tanto necesita, es un arduo camino que solo puede ser transitado con la determinación adecuada. Como dije antes, no es fácil pero tampoco imposible. Dios o quién sea sabe que voy a estar siempre que lo necesite, que no voy a renunciar aunque a veces las situaciones me desborden. Mientras ella le de pelea a su trastorno ahí estaré para acompañarla.
“Ángel de la soledad
Y de la desolación
Preso de tu ilusión vas a bailar,
A bailar…bailar.”
(Un ángel para tu soledad, Patricio Rey)

